Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:29 pm
Un estudio en ratones ha demostrado que el consumo de alimentos que contienen el aditivo alimentario E171,
presente en más de 900 productos alimenticios como chicle, mayonesa o
pastelería, tiene un impacto en la microbiota intestinal que podría
desencadenar enfermedades inflamatorias intestinales o cáncer colorrectal. La
investigación, realizada por científicos de la Universidad de Sydney
(Australia) y publicada en la revista «Frontiers in Nutrition», analizó
los efectos en la salud de este aditivo compuesto de nanopartículas de dióxido de titanio, que se utiliza habitualmente en grandes cantidades en los alimentos y en algunos medicamentos como agente blanqueador. «El
objetivo de esta investigación es estimular el debate sobre nuevas
normas y reglamentos para garantizar el uso seguro de las nanopartículas
en todo el mundo», explica el coautor del estudio, Wojciech
Chrzanowski. Aunque las nanopartículas se han utilizado comúnmente en
medicamentos, alimentos, ropa y otras aplicaciones, los posibles
impactos, especialmente sus efectos a largo plazo, todavía no se conocen
bien. Los
investigadores explican que el consumo de dióxido de titanio ha
aumentado considerablemente en la última década, y ya ha sido vinculado a
varias enfermedades. «Aunque está aprobado en los alimentos, no hay
pruebas suficientes sobre su seguridad. Los índices crecientes de
demencia, enfermedades autoinmunes, metástasis del cáncer, eczema, asma y
autismo se encuentran entre una lista creciente de enfermedades que se han relacionado con la exposición creciente a las nanopartículas», aseguran. «Cada vez hay más pruebas de que la exposición continua a las nanopartículas tiene un impacto en la composición de la microbiota intestinal, y dado que la microbiota intestinal es la puerta de entrada a nuestra salud,
cualquier cambio en su función tiene una influencia en la salud
general», insiste Chrzanowski. En base a esta evidencia, reclaman que su
consumo «debería estar mejor regulado por las autoridades
alimentarias». Sin embargo, en 2016, la Agencia Europea de
Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) concluyó que los
datos disponibles sobre el dióxido de titanio no suponen un riesgo para
la salud humana a través de ingesta por vía oral. No obstante,
subrayaron la necesidad de llevar a cabo nuevas investigaciones que
expliquen los efectos potenciales de este pigmento en el sistema
reproductivo. Francia, en contraste, ha prohibido el uso de E171 en sus productos alimentarios a partir del año 2020, después de que sus autoridades sanitarias concluyeran que no hay suficiente evidencia que garantice su seguridad. ABC