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Por David Jiménez Pérez

Vía a la Reindustrialización: El Plan Guayana por David Jiménez Pérez



Vía a la Reindustrialización: El Plan Guayana por David Jiménez Pérez

Venezuela se encuentra en un punto de inflexión que no admite medias tintas. No se trata simplemente de volver a encender unas máquinas que llevan tiempo paradas; se trata de reconstruir la columna vertebral de nuestro país. La estrategia que ha puesto sobre la mesa la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, apunta a las industrias básicas de Guayana no como un proyecto nostálgico, sino como el motor real de una reindustrialización que ya no puede esperar más.

El modelo de "socialismo de mercado" que se está planteando es, en esencia, un golpe de realidad. Estamos dejando atrás los dogmas rígidos para abrirle la puerta a una alianza estratégica entre el Estado y el capital privado. Cuando hablamos de captar esos 1.200 millones de dólares iniciales, estamos hablando de oxígeno puro para el hierro, el acero y el aluminio. La meta es clara: dejar de ser un país que solo extrae piedras para convertirnos en una nación que transforma sus recursos en soluciones para la construcción, el agro y la infraestructura.

Para que esto funcione, la seguridad jurídica es el cimiento, y ahí es donde entra la Ley de Celeridad Administrativa que se firmó este mes. Quien conoce el sector industrial sabe que la burocracia es el óxido más destructivo. Eliminar esas trabas no es solo un favor al inversionista, es una garantía para el país de que los proyectos no se van a quedar engavetados mientras la infraestructura se deteriora.
Pero lo más potente de reactivar Guayana es el efecto dominó que genera. Una planta de acero funcionando a plena capacidad es el sustento de miles de pequeñas y medianas empresas, desde talleres metalmecánicos hasta desarrolladores de software logístico. Es un ecosistema que se alimenta a sí mismo. No es solo macroeconomía de escritorio; es empleo real, es recuperar el conocimiento técnico de nuestra clase obrera y es, por fin, ofrecer un horizonte salarial que no dependa de bonos, sino de una producción tangible y constante.

Al final del día, los recientes acercamientos diplomáticos y la firma de acuerdos con gigantes como Chevron nos dicen que el mundo está mirando. Venezuela tiene el potencial, el recurso y ahora, parece, el pragmatismo necesario para volver al juego. La reindustrialización es la única vía para dejar de ser vulnerables y empezar a ser dueños de nuestro propio destino productivo. El camino está trazado, ahora toca ejecutar con la precisión y la rapidez que los tiempos nos exigen.