Cuentas claras, Patria productiva: El salto hacia la transparencia por David Jiménez P.
La reciente activación del portal Transparencia Soberana marca un hito en la administración pública venezolana. Lanzada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, esta plataforma digital permite que cualquier ciudadano monitoree el destino de los recursos provenientes de nuestra industria petrolera, enfocándose en el Fondo de Protección Social y el Fondo de Infraestructura Nacional. El sistema ya muestra sus primeros frutos: el pasado 13 de marzo se registró el ingreso de 300 millones de dólares producto de una venta de hidrocarburos, destinados íntegramente a financiar el incremento del Bono de Guerra Económica.
Este paso no es simplemente un nuevo sitio web; es una declaración de principios. Ver reflejado el flujo de nuestra renta petrolera con esa nitidez es la prueba de que, cuando hay voluntad y orden, los recursos de la patria llegan a donde deben llegar. Como alguien que se parte el lomo cada día por el renacimiento de nuestra industria y cree en el potencial infinito de nuestro campo, tengo claro que este esfuerzo no puede ser un evento aislado ni selectivo. Los que trabajamos de sol a sol detestamos la corrupción y no aceptamos una transparencia a medias; no basta con mostrar una fracción de los ingresos mientras el resto sigue en la sombra. Venezuela exige que las cosas se hagan bien y con honestidad total; este mecanismo de rendición de cuentas debe aplicarse, por principio, a la totalidad de los recursos que maneja la administración pública nacional.
Debemos avanzar con determinación para que, por vía de ley, se exija y se obligue no solo a los entes nacionales, sino también a las gobernaciones y, de manera muy especial, a las alcaldías, a replicar este modelo de gestión abierta. No debe haber zona gris: desde la recaudación de impuestos internos y aranceles hasta el último bolívar del situado constitucional, todo debe estar bajo la lupa del soberano.
La transparencia no es una amenaza para quien gobierna con honestidad, sino el combustible más potente para el crecimiento económico local y nacional.
Cuando un ministro o un alcalde muestra con orgullo en qué invierte cada recurso, el ciudadano recupera la confianza, el empresario se atreve a reinvertir y el productor del campo cuenta con el respaldo de una gestión que no le roba el futuro. Es la transparencia lo que nos da la seguridad de que, por fin, las cosas se están haciendo bien. El escrutinio del pueblo es la mejor garantía de una gestión impecable. Si queremos que el sector privado y el poder comunal confíen y produzcan, debemos abrir las cuentas de toda la administración pública y demostrar que cada recurso, sin excepción, se administra con pulcritud.
Es momento de desterrar definitivamente la vieja política de las cajas negras. Exigir esta rendición de cuentas integral por ley es devolverle al ciudadano el protagonismo que le corresponde. Solo así, con una administración que no le teme a la mirada de su gente y que pone la tecnología al servicio de la eficiencia, lograremos que el bienestar no sea una promesa, sino una realidad palpable en la calle, en la fábrica y en el surco. La transparencia total es la base de la confianza, y sin confianza no hay crecimiento posible. Hagamos de la honestidad administrativa nuestra principal ventaja para la Venezuela del futuro.