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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas Memorables

Los oficios de Alfredo Aguilar por Orlando Oberto Urbina



Crónicas Memorables

Los oficios de Alfredo Aguilar por Orlando Oberto Urbina

Foto: G. Dávila Puente

Es de habla incisiva, estricto en las ideas que sostiene; se exaspera y va al punto esencial. Se hace polémico, y va a la confrontación necesaria por la defensa de quienes viven en el desamparo. Su lucha gremial se basa en el hecho de que ha logrado establecer una política muy particular de protección al periodista, de manera que hablar de Alfredo Aguilar es hablar del gremio periodístico.

Hoy el periodismo está bajo acecho. Aún es mayor su misión porque la nueva escuela es más endeble, corre mayores riesgos, es posible que sea más complaciente porque le falta olfato y es de menor temple. Para las redes sociales, el compromiso histórico no es su norte, y por eso tal vez siga siendo la vieja escuela periodística una defensa más certera en favor de la libertad de prensa, y de la libertad de expresión. La lucha se restea para no dar ni un paso atrás: por ello, se mantienen en pie de lucha aquellos que perduran dentro del gremio. El gremio somos nosotros los periodistas con sentido institucional que rompemos el personalismo que debe ser derrotado en esta nueva época llena de mensajes vacíos que no expresan nada de lo que se ha procurado hacer por consolidar una unidad profesional más allá de las particularidades.

En la historia personal de Alfredo Aguilar, según suscribe su amiga Istar Eljuri Febres Cordero, hay personas que se han hecho lugar por su trabajo, o por un especial sentido de amistad. Su amiga conoció hace mucho tiempo a Alfredo Aguilar, a quien fue describiendo como el periodista, el gremialista, el escritor; el compañero del verbo encendido y puntual, de palabras honestas y comprometidas con una profesión nada sencilla, pero apasionada.

 Alfredo estuvo en la Efofac (Escuela de Formación de las Fuerzas Armadas de Cooperación), pero no resistió esa vida llena de mandos y de firme obediencia, porque su vida era –y ha sido- la expresión libre de abordar el quehacer diario de la noticia para orientar a la sociedad y comprometerse con dar lo mejor de su vida a quienes carecen de esa voz, y pueda llegar la información a quienes gobiernan, pero se hacen los sordos ante el desarrollo de una pseudopolítica sin masas y sin ciudadanos.

Alfredo Aguilar es un periodista querido por unos y odiado por otros. Tal vez haya sido el malquerido, como ese bolero que interpretó una vez Felipe Pírela. Si algo se debe decir de Aguilar es que participó en la fundación del Colegio Nacional de Periodistas, por lo cual jugó un papel primordial junto a otros ilustres hombres del periodismo venezolano, como los maestros Héctor Mujica, Gilberto Alcalá, Manuel Isidro Molina, entre otros. Logró recorrer otros países  con varios periodistas para constituir en América Latina los colegios de periodistas, y darle consistencia a ese proyecto que lamentablemente fue quebrado por la Sociedad Interamericana de Prensa, que siempre ha sido enemiga del gremio periodístico, y es tan así que las nuevas generaciones deben darse cuenta de ello para que dicha sociedad de empresarios no siga acechando el ejercicio periodístico, y no lo convierta en un oficio servil.

Aguilar se hizo periodista, después de trajinar por aquella histórica Asociación Venezolana  de Periodistas (AVP), que ha tenido una trayectoria de luchas contra el encarcelamiento de periodistas, así como por la defensa del derecho a decir la verdad, o lo que nadie quiere que se diga. Es decir, ejercer el periodismo de vanguardia y la defensa de la democracia.

Alfredo Aguilar vino desde esa lucha hasta que en 1976, para poder certificarse, se sometió a 26 pruebas de conocimiento periodístico en la Universidad Central de Venezuela (UCV), con un jurado de prestigio como Héctor Mujica, Gloria Cuenca y Martha Colomina. Este pionero lleva más de medio siglo ejerciendo el periodismo en Venezuela, y se residenció en la ciudad de Mérida, donde ha sido un juglar del  periodismo. Ha dedicado más de treinta y cuatro años al gremio de profesionales del periodismo. Gracias a su tesón, el CNP llegó a tierras andinas.

 Fue corresponsal de Radio Caracas Televisión, también estuvo al frente de Venezolana de Televisión. En algunas ocasiones, Alfredo “daba tubazos” con las noticias, según cuentan algunos amigos como Luis Carlos Benedetto, quien estuvo por muchos años al frente de la corresponsalía de Venevisión, y  a quien sorprendió con aquella noticia sobre la caída de aquel avión en el estado Trujillo, pues Alfredo Aguilar se fue directamente al lugar de los acontecimientos, y llegó primero que Luis Carlos Benedetto. Logró hacer uso de la logística que le tenían preparada al otro compañero, y dio el tubazo antes. Hoy por hoy, son grandes amigos que han compartido grandes episodios noticiosos. Por ejemplo, el terrible fusilamiento de Domingo Salazar a manos de los cazadores del batallón militar en los años 60, en la facultad de Medicina de la ULA, que Alfredo Aguilar y Luís Carlos Benedetto presenciaron.

 En Alfredo Aguilar, es imposible decir que no ha transitado la noticia y los diarios nacionales. Estuvo también en Radio Universidad, y en Radio Los Andes 1040 AM. Se hizo corresponsal del diario Panorama de Maracaibo, diario la Nación en San Cristóbal, diario El Tiempo de Trujillo. Es de importancia decir que antes los periodistas podían ejercer en varios medios de comunicación social, porque no existían conflictos de intereses.

Aguilar dirigió más de siete veces la Oficina Central de Información de la gobernación del estado Mérida. También ejerció la dirección del diario Cambio de Siglo. Este juglar del periodismo ha sido asesor comunicacional de varias autoridades universitarias: ejerció la prensa escrita en la Procuraduría del Estado Mérida, en la Contraloría, en la Comisionaduría de Salud, lo que hoy es Corposalud.

Ha producido y conducido programas radiales y televisivos de opinión como: Punto de Vista, Nueva Imagen y Cuarto Poder el cual se transmite desde hace 32 años en la Televisora Andina de Mérida, la cual ya es una institución de orientación informativa y de denuncia periodística, como de igual modo, una  cátedra de periodismo de opinión regional. En Alfredo Aguilar hay un legado de trayectoria gremial a través de la cual se ha puesto a muchas personas e instituciones en su lugar, cuando se agravia a algún periodista. Hay muchos detractores que niegan eso, pero lo que está a la vista no necesita anteojos -señala un viejo refrán-, como aquello de honor a quien honor merece. Este personaje del periodismo gremial, no cesa sus preocupaciones acerca de lo que puede pasar con el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), al cual se avecinan tempestades, y no podemos quedarnos de brazos cruzados ni ser sumisos ante la arremetida contra todo aquello que se erija en favor de la libertad de expresión y la defensa de la democracia, el control político y social de los medios de comunicación en el país. Hace falta una lectura más clara y crítica en tiempos de poca noticia y opinión estatizada.

Alfredo Aguilar es un personaje que ha estado atento al devenir social, político, económico y cultural del país. Es un periodista que ha sabido confrontar la noticia, cuya experiencia se ha hecho pateando la calle, visitando las instituciones y abordando personalidades públicas para encontrar la noticia que seguramente muchos oyentes y televidentes querrán saberla de primera mano.  Ante el público, Aguilar va tejiendo un saber de interés nacional, regional y local, que lo va a poner en todo un escenario de cosas que han sucedido en este proceso político.

 El discurso de Alfredo Aguilar parece invitarnos a pensar lo que ha sido y significado este proceso político que se impone por encima de las leyes, desde referentes como los que nos conducen a paso de cangrejo, como lo señala Umberto Eco, que a menudo lo vive el periodismo actualmente en nuestro país. Aguilar nos ha expresado en sus códigos comunicacionales que se ha acentuado la demonización hacia los medios y periodistas que piensan distinto al proyecto del gobierno que se instaló en 1999. En el año 2001, el propio Chávez sentenció de una manera definitiva y concluyente: “los medios son enemigos de la revolución”.

Por ello, por la perseverancia de este hombre, en esta crónica de memorables personajes hemos querido rendir tributo a un hombre que no anda con rodeos para expresar las cosas que muchos callan, y que hay que atreverse a asumir en tiempos buenos y tiempos malos; en tiempos del cesarismo mediático, y del Estado-comunicador. Qué decir sobre el periodismo que se ejerció aquel tiempo, cuando la AVP denunció unas cuantas amenazas a la libertad de expresión. Es aquí donde Alfredo Aguilar juega un papel primordial en conjunto con otros colegas de Mérida y a nivel nacional sobre el juicio militar que se le siguió al colega periodista  Hildebrando  Méndez  Arellano, quien fue agraviado públicamente de hecho y palabra por un oficial de las Fuerzas Armadas Nacionales, y que fue acusado ante un tribunal militar por presuntas “injurias a las Fuerzas Armadas” en 1969.

Algunos personajes ligados a los medios se pronunciaron en contra del colega Hildebrando Méndez Arellano, pero Alfredo Aguilar, Giovanni Cegarra y otros periodistas asumieron el compromiso de ejercer la defensa del gremio nacional aquel 26 de  septiembre de 1969. A pesar de las promesas y anuncios de Rafael Caldera y del Ministro del Interior de garantizar la plena vigencia de la legalidad, el respeto a las libertades públicas y sanciones a los funcionarios responsables de atropellos, los agravios contra los periodistas seguían cometiéndose.

Alfredo fue ganador siete veces del premio regional de Periodismo Emilio Menotti Spósito, dos veces fue galardonado con el premio nacional de periodismo, recibió también la orden al Mérito al Trabajo en primera y segunda clase, el premio Francisco de Miranda, y el premio al periodista deportivo Humberto Tejera que otorgaba la ULA.

Alfredo Aguilar es un periodista que se expresa en los diferentes géneros del periodismo: en lo cultural, en lo deportivo, en lo económico y en lo politico, así como lo histórico. Es un consecuente hombre de arte que colecciona y resguarda obras de diferentes pintores nacionales e internacionales. Alfredo es un larense venido a Mérida que no ha perdido el gusto por el picante con suero y tampoco ha olvidado el queso de cabra ni la arepa de maíz. Conserva mucho las costumbres del guaro, aunque uno no es donde nace, sino de donde se hace.

Alfredo ama a Mérida, así como a sus compañeros de camino y a sus hijos que son merideños. Alfredo: sólo tengo en mano esta crónica memorable para rendirte este pequeño reconocimiento, porque cuando llegué a Mérida me tendiste tu mano solidaria. Aquí expreso un poco de esa bóveda tuya cargada de historias extraordinarias.

* Esta Crónica fue publicada el 05 de julio de 2023 en estas páginas del diario Frontrera Digital