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Por Alberto Jiménez Ure

Entrevisté a Oswaldo Trejo (1989) por Alberto Jiménez Ure



Entrevisté a Oswaldo Trejo (1989) por Alberto Jiménez Ure

Aun cuando Oswaldo Trejo (1) insinuó, durante nuestra conversación, que ya en También los hombres son ciudades (novela, 1962) su escritura delataba experimentalista, explícito en Texto de un texto con teresas (novela, 1975), atrevo sostener que pasó –sin previo anuncio- de un territorio signado por la linealidad o formulación clásica al goce ilimitado de la impenetrabilidad. Digo [im] penetrabilidad para querellarme con quienes sólo reconocen la literatura reglamentaria, convencional. Oportunamente, BarthesPazWilson y otros críticos notables defendieron la libertad o desparpajo de los hacedores frente a lectores anónimos o espectadores de esa ceremonia privada y sagrada llamada creación.

Todo cuanto expuse amenaza con ofuscarme mientras espero, impaciente, platicar con mi amigo. Había llegado a Mérida para recibir una distinción por parte del Vicerrector Académico de la Universidad de Los Andes. Junto al abogado - escritor José Esteban Mantilla M. y Jesús Serra Pérez, gran poeta, crítico y Director del Instituto de Investigaciones Literarias «Gonzalo Picón Febres», recibí al Premio Nacional de Literatura (1988) y autor de Escuchando al Idiota.

Lo acompañamos al hotel. Luego de los fastidiosos y obligatorios registros de identificación, fuimos con él hacia la Televisora Andina de Mérida [TAMFrancisco RiveraElvira Macht de Vera y yo. Los mencionados y respetables ensayistas venezolanos fueron invitados por la ULA para disertar sobre el trabajo intelectual del homenajeado. 

-¿Cuánto tiempo sin venir a Mérida? –lo interrogué más tarde, en un apartado cafetín.

-7 años –me respondió rápido.

-¿Cómo te sientes aquí?

-Bueno, Alberto, me sorprende encontrarla en ese proceso de crecimiento que inició luego de mi partida (a comienzos de 1940) Mi ausencia ha sido larga, pero, he permanecido atento a lo que sucede en el Estado Mérida: mediante las informaciones periodísticas y comentarios que recibo de familiares o amigos […] Me hubiera gustado permanecer aquí.

-El año pasado, Oswaldo, vino Juan Liscano y me comunicó su deseo de quedarse en nuestra ciudad durante largos períodos. Las montañas cautivan a todos los hacedores. ¿Por qué no aprovechas y retomas tu tierra natal por residencia?

-Tendría que esperar concluir una serie de compromisos que me obligan permanecer en Caracas […] También necesito terminar algunos trabajos literarios, antes de acometer mi probable reinserción a Mérida. Empezaría por crearme un mundo de relaciones para el nuevo acostumbramiento: me agradaría empezar con breves y frecuentes viajes.

-Hablemos del homenaje institucional que la Universidad de Los Andes, merecidamente, te ha preparado […]

-Mira, jamás pasó por mi mente que pudiera ser honrado con el Premio Nacional de Literatura, ello por cuanto nunca, en mi carrera literaria, he participado en concursos. No espero galardones o recompensas. Cuando me informaron sobre el asunto, fui el primer sorprendido. Mucho menos imaginé que una muy prestigiosa institución como la Universidad de Los Andes, tan antigua, que hizo de Mérida la ciudad de los doctores y letrados, me invitara para agasajarme. Ella comparte conmigo el premio que es de mi Estado. Me conmueve, verdaderamente. Estoy agradecido.

Hicimos una pausa para refrigerios. José Esteban, el abogado antes mencionado, observaba, con mucha curiosidad, a Trejo. Sospeché que intentaba formularle alguna pregunta, pero se mantuvo inexplicablemente en silencio y el novelista miraba a los transeúntes.

-A propósito de tu obra, Oswaldo, advierto tu cambio [casi abrupto] de estilo –discerní para romper el mutismo-. De narrador clásico, lineal, proclive contar anécdotas, palpable en También los hombres son ciudades, culminas en lo que ciertos críticos califican «textualismo» o «escritura experimental». Acaso, ¿te cansaste de los lectores comunes para cautivar, mediante desenfados, algo inimaginable y recóndito?

-Comenzaré por aclararte lo referente al cansancio que le pueda producir a un escritor tener lectores comunes o no –frunció su entrecejo-. En mi extenso ejercicio escritural, de casi 40 años, jamás me plantee fórmulas para vincularme con lectores. Si era o no conveniente tenerlos, pocos o muchos. Redacto sin preocuparme por el destino de mi trabajo. Creo en aquella frase, tal vez muy egoísta: «Primero yo, después yo y siempre yo». En mi opinión, lo importante es el enfrentamiento con el acto de escribir: no se le puede pedir ayuda a supuestos lectores. Una vez que concluyo un texto, cuya justificación está en el hecho mismo de haberlo realizado, no contabilizo un «debe» y «haber» sobre lectores a quienes les haya interesado.

-Al respecto, Oswaldo, quiero decirte algo […]

-De acuerdo, pero, necesito responder, con mayor amplitud, tu pregunta relacionada con la escritura directa, lineal, de anécdota abierta o cerrada, que aludes. Entre mis obras, También los hombres son ciudades es la que tiene, efectivamente, más lectores. La mayoría me habla de esa novela y del cuento Aspacia tenía nombre de corneta, mientras desconoce y le cansa Texto de un texto con teresas y otros afines que he publicado. El primero que escribí fue Escuchando al Idiota, que aparece en mi libro de cuentos titulado Los cuatro pies (1948) -§ Diría que fue la levadura de todos mis relatos hasta la actualidad. También los hombres son ciudades fue un paréntesis para sacarme visiones de infante. 

-En los últimos tiempos, Oswaldo, la mayoría de los prosistas venezolanos ha claudicado ante las exigencias de las editoriales que evitan riesgos. Sólo publican cuanto pueden vender fácilmente. Los libros de relatos, novelas y ensayos de naturaleza histórica que deben ser poco profundos: en exceso periodísticos, cuyos temas seduzcan. ¿Qué opinas?

-Nunca he experimentado una situación como esa, Jiménez Ure, que rechazaría. Hasta el momento, ninguna editorial me ha solicitado un libro: ni extenso o breve, lo cual se debe a que tienen la certeza que no podría satisfacerlos con una obra para el consumo masivo. Eso me alegra. No estoy apto para desarrollar temáticas preestablecidas, con grandes ficheros a mano. Soy incapaz de entregar volúmenes de 500 páginas, cada uno sobre lo humano y divino […] 

-§ «Escribo a causa de esa imposibilidad –expuso para terminar la entrevista-. No de corrido, sino deletreando. Así igual leo los textos de colegas. Mis obras, una vez que salen de las imprentas, evito leerlas. Hacerlo es narcisismo»

NOTA.-

https://www.artnexus.com/es/magazines/article-magazine-artnexus/6203e5c250d85fdb65d7927e/24/oswaldo-trejo

albertjure2009@gmail.com