Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 07:06 pm
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Su nombre de bautismo era Luis José Silva
Michelena, pero fue mejor conocido como Ludovico Silva debido a sus amigos de
estudio en Madrid quienes, viendo su lucidez, lo van a bautizar con el nombre
de Ludovico en honor a Ludovico Ariosto, poeta del renacimiento y
reconocido por su autoría de la epopeya Orlando Furioso (1516), que es
la continuación del Orlando Innamorato de Boiardo, que trata de la
pasión desmedida de Orlando en el contexto de las luchas de Carlomagno contra
los sarracenos. Desde entonces, el poeta venezolano va a firmar como Ludovico
Silva. Fue filosofo, profesor universitario, poeta y músico, uno de los
intelectuales más grandes de Venezuela a mi parecer, quien nos dejó una obra sólida
destacada en la poesía venezolana, así como en algunos textos de filosofía
política.
Entre 1964 y 1968 fue secretario del Ateneo de
Caracas, además de ser parte de la fundación de la revista Papeles, de
la cual fue miembro de su comité de redacción. Fue colaborador del periódico el
Clarín y la revista Cal, y junto a Miguel Otero Silva fundó la
revista Lamigal. Durante los años ochenta, mantuvo una columna en el
diario El Nacional, que se titulaba Belvedere.
Ese excelente poeta era de rostro angelical y de
pasos sagrados como un dios griego, como lo señaló una vez el poeta José Villa
Pelayo en un extraordinario ensayo. Sin temor a equivocarme, el suyo es uno de
los escritos que mejor reconoce a ese filósofo y poeta que parece extraviado en
la estirpe de los lobos. En su libro In Vino Veritas nos tocaba el alma como
un sacerdote que a través del vino parecía encontrar al ángel de sus sueños. Su
escritura era inmersiva y dionisíaca. Una verdadera hepatopoesía como
pocas: enérgica y exquisita en imágenes. En algunos de sus libros conservaba
sus ensayos políticos, ya que era un verdadero marxista; no un marxiano de ésos
que abundan por ahí. Fue un respetado estudioso del marxismo de los años 60 y
70, y el filósofo más brillante del siglo XX en Venezuela.
En su periplo por Europa, durante la dictadura de
Marcos Pérez Jiménez, el poeta tuvo como destino a Madrid, Frankfurt y París para
ir a estudiar. Ya en Madrid, fue partícipe junto con otros intelectuales de las
tertulias poéticas, y se hace visitante activo del Ateneo de Madrid y de la
casa de la Tertulia Hispanoamericana, según afirmó Mario Valdez en un artículo
en El Universal (08-10-2020). Así, nos
dice: “entre 1954 y 1960 estudia dos años en Madrid, y uno en París, tomando
cursos de literatura francesa en la Universidad de la Sorbona, la más famosa de
todas; y pasa un año en Alemania donde cursa estudios en la Universidad de
Friburgo, estudiando Filología Románica con
Hugo Friedrich, eminente profesor
y autor del importante libro Escritura de la Lírica Moderna, que pasa a
ejercer una influencia en su manera de apreciar el fenómeno poético moderno, y a citar
continuamente en sus ensayos literarios”.
En el libro de Ludovico Silva de 1978, Belleza
y revolución y que luego fue reeditado en 2023, la obra insistirá sobre el
camino del marxismo no dogmático, y asumir la tarea dura de luchar contra el refrito,
mientras se ejerce la tarrea titánica de desterrar de nuestras universidades
los manuales que ahorran la lectura de MARX en su obra original. Ludovico es
quien va a plantear retomar el marxismo desde su originalidad literaria, lo que
va a ser una tarea pedagógica: reencontrar el sentido. Había que re-estudiar la
ideología y sus aristas. La escuela althusseriana con Alain Badiou a la cabeza
hablaba de una ideología revolucionaria. Ludovico Silva critica esto teniendo
en cuenta que la “categoría” no era otra cosa que conciencia crítica, práctica
transformadora. Ludovico Silva nos va a redefinir en su hermeneútica la lectura
que interroga las profundas huellas de esas palabras, y esa imperiosa necesidad
de retomar la tradición marxista para América Latina.
Ludovico va a ser ese representante genuino de
Frankfurt, su filosofía retoma el ensayo de nuestro mundo y va a ponerse a esa
prueba alguna que Marx teorizara el llamado materialismo dialéctico, lo que era
ese marxismo soviético lleno de especulaciones clasificatorias de las
interpretaciones de Gueorgui Plejánov acerca del pensamiento de Marx. Por el
cual se oponía al dogmatismo y la ortodoxia y al llamado “manualerismo”
impuesto por la Academia de las Ciencias de la URSS a los militantes de los
partidos comunistas alineados a Moscú. Y llego a manifestar que “hay que
escribir libremente”, y que “un buen manual es aquel que incita a leer a Marx”.
Entre sus obras figuran: La alienación en el
joven Marx (1973), Antimanual para uso de marxistas, marxólogos y marcianos
(1976), Contracultura (1980), La alienación en la obra de Marx
(1983), Tenebra (Mexico, 1964), Boom (Caracas 1965); In Vino
Veritas (Caracas, 1977); Cuaderno de la noche (Caracas, 1979); Piedras
y campanas (Caracas, 1979); Crucifixión del vino (1996, póstumo).
El poeta Ludovico Silva en 1969 egresó de la UCV con
mención Summa Cum Laude de la escuela de Filosofía, y desde 1970 fue
profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela.
Sentidos
Mis ojos nada saben de estas joyas/ conque
mi alma ha mirado/ la soledad futura del recuerdo. /Mis manos nada saben de
estas ramas/conque mi alma a tocado/ la tristeza de ser tan solo un cuerpo.
En La República, Platón argumenta que los
poetas deben ser expulsados de ella, ya que el conocimiento que transmiten es perjudicial
para la conformación ideal de la sociedad, y en la debemos preguntarnos ¿por qué
es peligrosa la poesía? ¿Cuál es el conocimiento peligroso que transmite? ¿O es
que la poesía se adelanta, y por eso tiene esa virtud de crear otros mundos? La
poesía es la cosecha de una conciencia que se va a dar en el futuro, y que
desde el lenguaje y la vida va a generar realidades y quizás allí Ludovico
Silva lo veía y lo escribía en sus textos.
Yo y tus sentidos (24 de noviembre de
1978)
Saboreo en tu lengua/una larga memoria de
mi cuerpo. / Tu olfato me gusta/para sentir el aroma de mi ser.
Mi estirpe es la de lobos. /Aúllo por
doquier, lanzo mordiscos al universo. / Me muerdo a veces a mí mismo / creyendo
que soy otro, pero luego descanso en mis propios brazos. /Descanso, descanso.
En los textos de “In Vino Veritas”, los que lobos
se devoran a sí mismos y van a protegerse en la oscuridad, cuando se viene del
universo poético. En “El sexo de los ángeles” hay un horizonte de silencio y
como ese ángel se encuentra esa palabra labrada y bien determinada en sus
metáforas:
Mis ángeles son ángeles con sexo / Yo,
nada teológico, pero erecto y divino/ veo una mujer ángel en mis sueños. /
tiene espíritu y carne /y tiembla cuando la toco, / vuela en torno mío/como una
mariposa de cristal/ y se detiene en lo alto/ de mi torre/de mármol.
De esos textos he tomado algunos extractos de su poesía.
Ludovico es un sacerdote oficiante de la palabra poesía, que se ocupaba y
preocupaba y quizás por ver desvirtuada la poesía que es pensamiento vivo de la
filosofía y que quizás prosigue
Ah, qué suculento es este brazo/ Mío,
propio de mí! /Sabe a mi historia, y cuando sangra/sabe a mi prehistoria”. Veo
montes que se avanzan /enloquecidos/ ciudades que se descuelgan de su propia
historia/ y caen como ollas/ atarantadas contra el piso de la humanidad.
En consecuencia, el poema es testigo y testimonio
de cómo aquellos en nombre de la fe cristiana han levantado y destronado
imperios; cómo se han cometido los crímenes más atroces y salvajes para llevar
a cabo el dominio de territorios. También nos decía el poeta Ludovico Silva en
uno de sus textos “los dólares persiguen a Dios/ aterrizan bombarderos/ sobre
su inmenso pecho de tierra “.
Entre los dos símbolos fundamentales de la
civilización consumista está, por un lado, la manipulación de Dios como símbolo
del dogma cristiano; y por otro lado el Empire State Building como icono
del mundo financiero, lo que parece condensar la historia de los desastres de la
humanidad.