Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:29 pm
El Papa León XIV ha realizado su primera visita apostólica, desde el pasado 27 de noviembre hasta el 2 de diciembre de 2025, a dos países claves en la historia del cristianismo y en el anhelo del equilibrio de Oriente Medio: Turquía y Líbano. Un itinerario lleno de símbolos, encuentros y gestos de fraternidad en el que se reafirma el papel de la Iglesia como constructora de puentes en una época marcada por divisiones y conflictos en territorios de elevada hostilidad.
El sucesor de Pedro vuelve a las raíces del cristianismo, elige a Turquía como como su primer destino para celebrar los mil setecientos años de haberse celebrado el Concilio de Nicea, raíz común de todas las confesiones cristianas. Una peregrinación no solo de homenaje al pasado, sino de compromiso para reencontrar lo que nos une a todos, la fe en Cristo Jesús, camino de unidad, diálogo y escucha.
Vimos
al Papa agustino en Ankara y Estambul siendo recibido por sus autoridades con ceremonias
oficiales y encuentros con muchas personas, en las que resaltó la riqueza de la
espiritualidad compartida por siglos en las iglesias patriarcales, bajo el
escenario de las catedrales ortodoxas, armenias y católicas. En ellas el Papa
dialogó y rezó con representantes de distintas tradiciones, recordando que la
unidad no es uniformidad, sino armonía.
Unido a la dimensión comunitaria en la que mostró su rostro más
auténtico, el hermano que abre su corazón a la compasión y la cercanía de
culturas diferentes.
El papa León XIV ha
querido celebrar el histórico concilio que dio vida a nuestra fe, con su visita
y la promulgación de exhortación apostólica, “In
unitate fidei” (En la unidad de la fe) promulgada el
pasado 23 de noviembre. Un texto que comienza destacando el credo que se aprobó
en dicho concilio para “alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesión de la fe, cuya verdad, que desde
hace siglos constituye el patrimonio compartido entre los cristianos, merece
ser confesada y profundizada de manera siempre nueva y actual”.
Resaltó que Nicea (325) proclamó la profesión de fe en Jesucristo, Hijo de Dios. Este es el
corazón de la fe cristiana. “Una verdad de fe que nos da
esperanza en los tiempos difíciles que vivimos, en medio de muchas
preocupaciones y temores, amenazas de guerra y violencia, desastres naturales,
graves injusticias y desequilibrios, hambre y miseria sufrida por millones de
hermanos y hermanas nuestros. Estamos llamados como aquellos padres conciliares
que el único y verdadero Dios no es inalcanzablemente lejano a nosotros, sino
que, por el contrario, se ha hecho cercano y ha salido a nuestro encuentro en
Jesucristo que es Dios verdadero”.
Después
de Turquía, el viaje continuó su itinerario misionero a Líbano, símbolo de
convivencia entre culturas y religiones. Este país es el símbolo del nuevo
tiempo bíblico: crisis económica,
inestabilidad política, creciente emigración. En este contexto, la visita del
papa León XIV representó un soplo de esperanza para su gente.
En
Beirut, miles de jóvenes lo recibieron en la plaza del Patriarcado de Antioquía
de los Maronitas. En medio de un ambiente alegre el Papa les habló con palabras
sencillas, “Queridos jóvenes, quizá lamenten haber heredado un
mundo desgarrado por guerras y desfigurado por injusticias sociales. Y, sin
embargo, en ustedes reside una esperanza, un don, que a nosotros adultos parece
escapársenos. Ustedes tienen tiempo para soñar, organizar y realizar el bien.
¡Ustedes son el presente y en sus manos ya se está construyendo el futuro!”.
Un
momento particularmente conmovedor fue la oración silenciosa en el Beirut
Waterfront, lugar simbólico de renacimiento tras las heridas de la violencia de
2020. En aquella inmensa asamblea al aire libre, el Papa pronunció un vibrante
llamamiento a la paz y a la reconciliación, con estas palabras: “Cada uno debe poner de su parte y todos debemos unir nuestros esfuerzos
para que esta tierra pueda recuperar su esplendor. Y sólo hay una forma de
hacerlo: desarmemos nuestros corazones, dejemos caer las armaduras de nuestras
cerrazones étnicas y políticas, abramos nuestras confesiones religiosas al
encuentro mutuo, despertemos en lo más profundo de nuestro ser el sueño de un
Líbano unido, donde triunfen la paz y la justicia, donde todos puedan
reconocerse hermanos y hermanas”.
La visita a un hospital, en la periferia capitalina, con su abrazo a un niño herido y a su madre, fue uno de los gestos que más impresionó a la opinión pública local, testimoniando de este modo sus palabras sobre la profesión de fe: “El Credo de Nicea nos invita entonces a un examen de conciencia ya que si Dios nos ama con todo su ser, entonces también nosotros debemos amarnos unos a otros”.
Mérida, 14 de diciembre de 2025