Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:20 pm
Un nuevo espacio de controversia comercial se esta
consolidando y amenaza con limitar el crecimiento que evidencia el intercambio
internacional de productos a través del comercio electrónico. La eliminación o
reducción de las exenciones de minimis, es decir, las disposiciones que
históricamente eximían de derechos, impuestos y trámites aduaneros complejos a
los envíos de bajo valor está marcado un giro significativo en la regulación
del comercio electrónico transfronterizo que sigue en evolución.
En otras palabras, por mucho tiempo el valor límite por
debajo del cual no se cobran aranceles ni impuestos a las mercancías importadas
fue el incentivo principal para el crecimiento acelerado del e-commerce a nivel
internacional, porque reducía los costos tanto para los consumidores como para
los pequeños exportadores en este tipo de intercambio comercial. Sin embargo,
en el último año diversos gobiernos han modificado sus umbrales de minimis o formalmente
los han eliminado por completo, utilizando como justificación las crecientes presiones
fiscales locales, la priorización del control aduanero para gestionar las
relaciones comerciales de sus países, así como una herramienta para hacer
frente a las actuales dinámicas geopolíticas.
La relevancia de estos cambios radica en la escala del
comercio afectado. Durante 2024, el comercio electrónico transfronterizo
alcanzó un valor global de 500.000 millones de dólares, proyectándose superar
los 1,3 billones para 2030. Gran parte de esta actividad se sustentaba en
envíos amparados por exenciones de minimis. Países como Estados Unidos (que
eliminó su umbral de 800 dólares para todos los envíos), la Unión Europea (que
suprimió la exención arancelaria para importaciones bajo 150 euros), Turquía (que
redujo su límite de 150 a 30 euros) y Vietnam (que eliminó por completo su
exención), han implementado reformas con impactos tangibles. No obstante, estos
efectos disruptivos han sido parcialmente compensados por adaptaciones
estratégicas de empresas como Temu y SHEIN, que han reconfigurado sus redes
logísticas mediante la acumulación de inventario en centros regionales,
mientras que Amazon Haul ha diversificado su presencia geográfica para mitigar
su dependencia del mercado estadounidense.
Para los exportadores, particularmente los minoristas, las
nuevas reglas exigen una revisión profunda de sus estrategias operativas. Incluyendo
el fortalecimiento de las capacidades de cumplimiento mediante herramientas
digitales de gestión comercial que automaticen la clasificación, valoración y
documentación de mercancías. De igual manera, deberán avanzar en la flexibilización
logística mediante la adopción de microcentros de almacenamiento en mercados
clave y la evaluación de estrategias de nearshoring. Todo esto junto con la revisión
de las decisiones comerciales alrededor de la selección de mercados, canales de
distribución, estructuras de precios y portafolios de productos, que permita
internalizar los mayores costos arancelarios y de logística.
Para los prestadores de servicios postales y de
paquetería, la situación también genera nuevos retos. La eliminación de las
exenciones de minimis erosiona su ventaja competitiva y los obliga a repensar
el modelo operativo mediante estrategias de diferenciación (por corredor
comercial o segmento de cliente), ampliación de servicios (almacenamiento,
cumplimiento regional, última milla) y desarrollo de capacidades aduaneras
propias o mediante alianzas. De no avanzar en estos cambios corren el riesgo de
ser desplazadas del mercado por las empresas logísticas más grandes, con mayor
tecnológica y enfoque en carga consolidada.
Y para los gobiernos, la eliminación de estas exenciones
representa una oportunidad de cambio en la gestión del comercio internacional.
Devenida por el nuevo flujo de datos que permitirá una recaudación fiscal más
precisa, una facilitación comercial más eficiente y la posibilidad de
desarrollar sistemas de inspección más robustos. Para avanzar en este sentido
es clave una mayor inversión en plataformas digitales interoperables,
soluciones basadas en inteligencia artificial, y cooperación entre agencias
para inspecciones conjuntas y marcos de riesgo compartidos. En este último
campo, la experiencia de la Unión Europea es fundamental.
Esta transición hacia un comercio electrónico
transfronterizo más regulado, transparente y fiscalmente sostenible traerá disrupciones
a corto plazo. Y cada actor del comercio internacional deberá demostrar
resiliencia para avanzar en la transformación de sus actividades.
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