Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 06:40 am
Nadie desconoce que la universidad y los universitarios atravesamos la peor crisis que se pueda recordar y describir en nuestra historia republicana. El pasado viernes 5 de diciembre de 2025 se celebró a lo largo y ancho de nuestra Venezuela el Día del Profesor Universitario. Y algunos colegas con toda razón podrían afirmar o preguntarse en forma de exclamación: ¿Es que tenemos algo que celebrar?
Y ciertamente, cuando se analiza el deterioro en las diversas aristas que han sufrido nuestras casas de estudio, particularmente el magisterio universitario, uno podría decir que no hay nada que celebrar. Sin embargo, en una perspectiva diametralmente opuesta a ese argumento, por supuesto que hay mucho que celebrar.
Cómo no celebrar que a pesar de la violación de nuestras normas de homologación (decretadas por el presidente Luis Herrera Campíns), el desconocimiento a las propias cláusulas de la IV Convención Colectiva Única, no haberse producido un ajuste en los sueldos y salarios en más de tres años (último aumento con un dólar referencial a 5,20 bolívares), no cancelar a tiempo las ya pulverizadas prestaciones sociales, afectar el funcionamiento de la seguridad social al retener vía plataforma Patria los aportes a las cajas de ahorro y programas sociales y otros aspectos más que no pueden ponderarse sino literalmente como una desmejora del sector universitario y especialmente del profesorado universitario en Venezuela, algo no visto ni siquiera en la Cuba castrista.
En los Andes venezolanos y especialmente en la serrana ciudad de Mérida, la Asociación de Profesores de la Universidad de los Andes (Apula) a través de su presidente Dr. Virgilio Castillo Blanco y directiva, realizó un modesto pero significativo y concurrido acto con motivo del Día del Profesor Universitario en los espacios del Auditorio del Colegio de Médicos. Basta ver ese multitudinario acto de entrega de botones y reconocimiento por años de servicio a varios profesores de la docena de facultades y núcleos que tiene la Universidad de los Andes, todos con una dilatada trayectoria, incluso algunos con 60 años de servicio.
Y la reflexión para la consideración no sólo de los colegas profesores universitarios de toda Venezuela, sino de la sociedad en general, debe estar en que precisamente ni los maltratos materiales, financieros o morales proferidos y materializados a la universidad y al profesorado han matado -mas si diezmado- el compromiso no sólo de servicio en la formación de los profesionales a lo largo de décadas, sino que vemos a nuestros profesores no claudicar en la procura de seguir estudiando, formándose, obteniendo grados de posgrados (sean especializaciones, maestría o doctorados), la publicación de artículos científicos y libros textos, la tutoría de tesis de pregrado, maestría y doctorado, junto con la docencia y la propio labor de extensión. Y la pregunta que uno se hace no es esta actitud, compromiso y desempeño en las peores circunstancias de nuestro apostolado, algo titánico merecedor de celebración.
Y dicha conmemoración del Día del Profesor Universitario, además, coincide con la celebración aniversario de varias facultades, doctores honoris causa, eventos científicos de altísimo nivel académico y el esfuerzo (ciertamente titánico) de contrarrestar la deserción estudiantil al generar nuevas oportunidades de estudio, y por ende aumentar la matrícula en las carreras de pregrado o lo que un decano ha llamado con acierto una "política de repoblamiento", que no sólo implica el ingreso de nuestros bachilleres sino su mantenimiento y prosecución a lo largo de las carreras, sean anuales o semestrales.
Los universitarios seguimos de pie, somos el recurso más valioso que tiene Venezuela junto a su gente, más que el petróleo, más que el gas, más que el Arco Minero por la tarea transcendental que cumplimos, como es la de formar profesionales con excelencia en todas las áreas, y además formar ciudadanos con valores humanos y democráticos, rol que hemos cumplido a lo largo de las décadas, incluso en estos momentos infaustos y dilemáticos.
Frente a los discursos donde señalan que la universidad venezolana está divorciada de nuestra sociedad, me permito expresar que más que nunca seguimos los preceptos de los primeros artículos y enunciados de la Ley de Universidades, y celebrar que somos un referente nacional e internacional de esfuerzo, de trabajo, de mística, de servicio al prójimo y a la sociedad venezolana. Y no solo no hemos abandonado nuestra tarea de afianzar y promover los más excelsos valores que definen al ser humano, sino que además hemos estado en todo momento de cara y en sintonía con las demandas y requerimientos de la sociedad venezolana contribuyendo en diversas áreas en la procura de una sociedad cimentada sobre el progreso, el desarrollo material e inmaterial, la justicia, la democracia y el bien común.
Gracias a las universidades, gracias a esta bicentenaria Universidad de los Andes y al concurso del resto de nuestras casas de estudio, no sólo las públicas sino incluso las privadas, y sus profesores es que Venezuela se convirtió en una sociedad de profesionales. Nuestra travesía en estos años sólo ratifica nuestro inquebrantable compromiso ciudadano, cívico, de esfuerzo y resiliencia, de hidalguía y pundonor. Hemos sido, somos y seguiremos siendo el mayor activo que tiene la república.
Las huellas e impronta que hemos dejado en nuestro magisterio universitario a lo largo de décadas no puede desconocerse, no hay rincón de este maravilloso país y del mundo entero donde no reposen títulos de nuestros egresados en todas las áreas del saber humano. Que Dios siga bendiciendo nuestra labor, nuestro esfuerzo como profesores universitarios.