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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas Memorables

Luis González Blanco (El camarucho) por Orlando Oberto Urbina



Crónicas Memorables

Luis González Blanco (El camarucho) por Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

adicorazul@gmail.com

 

Cuando nos referimos a un ser sensible, solidario, humilde y trabajador, hablamos del camarucho Luis González Blanco: uno de los tantos militantes por la vida de mujeres y hombres de bien. Este serrano aún lleva en su rostro la montaña de San Luis de Cariagua, la del camino de los españoles y del Cantón; la tierra de las tribus indígenas guerreras -como los jiraharas- quienes opusieron resistencia a los españoles. Su lar se ubica en el centro del estado Falcón, a 764 m sobre el nivel del mar, en la falda de la sierra de San Luis de Cariagua como una ventana abierta hacia los cuatro puntos cardinales. Es la capital del municipio Bolívar, fundada entre 1590 y 1600:  tierra de duendes, lugar de la piedra encantada acerca de una roca que, según la leyenda de los jiraharas, al desprenderse de la montaña acabaría con la iglesia y las viviendas de los españoles; motivo por el cual éstos decidieron traer unas cadenas desde España y amarrar esa roca. En esta pintoresca población también nacieron nuestra poeta Lidda Franco Farias, y el cronista Diego Nicolas Chirinos, así como el padre Rivero Reyes.

El camarucho nació el 20 de marzo de 1955, en plena dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Su ética humanista como defensor de los derechos de los ciudadanos lo hizo concejal del Municipio Bolívar.  Fue siempre hombre de trajín diario. Su vida ha transitado entre San Luis de Cariagua y Coro. Lo conocí cuando yo era estudiante del Tecnológico “Alonso Gamero”. Eran tiempos de esperanza y de sueños en los que se luchaba por el bienestar de la gente. Los estudiantes lo acompañábamos varias veces por los caminos de la sierra, y en esas andanzas conocí a muchas familias que nos tendían la mano y le ofrecía su respaldo al concejal Luis González Blanco.

El camarucho era el nombre devenido de los campesinos de la sierra de Coro durante los años 80, que había estado por la antigua URSS -hoy Rusia- cuando el Partido Comunista de Venezuela envió por un año a tres jóvenes de la Juventud Comunista de Venezuela: Teófilo Diaz, Oswaldo Vera (Cabure) y Luis González Blanco (Camarucho), quienes fueron excelentes amigos con los que compartí actividades políticas.

Ese campesino y hombre de palabra clara era muy conocedor de la realidad de su sierra. Fue un autodidacta que aprendió a leer por su cuenta a Marx y a Lenin, así como a los hermanos Machado. Fue amigo de Héctor Mujica, Jesús Farías padre, Pedro Ortega Díaz y otros camaradas. Su viaje a Moscú en aquellos le trajo muchas anécdotas. Fue delegado sindical cuando apenas construían las casitas de la urbanización “Las Velitas”. Fue miembro de la Federación Campesina de Venezuela, y tres veces se desempeñó como concejal de San Luis de Cariagua. En su casa de Coro, hospedó a muchos estudiantes que son profesionales y lograron espacios de relevancia; y ahora se han olvidado de esa mano sincera y solidaria del camarucho.

Pese a sus múltiples labores, no goza de jubilación alguna. A pesar de haber sido tres veces concejal, hoy está viviendo casi en la indigencia. En medio de la honestidad, hoy vive a duras penas este valioso compañero de luchas que ha soportado adversidades durante sus 72 años de vida. Camarucho necesita un apoyo sincero y justo que le permita recuperarse de su situación. Frente al infortunio, es necesario recordar el olvido que llevamos por dentro y que nos hace reencontrarnos en la solidaridad de nuestros hombres y mujeres de pueblo.

Esa lucha por sobrevivir se ha visto crecer y decaer. No olvidemos al camarucho: su lucha es más que una mirada que nos habla desde el silencio dolido, en el murmullo de sus dolencias vividas desde su aposento de la calle Federación y Churuguara que fue en otro tiempo el hospedaje generoso para muchos estudiantes que no tenían cómo pagar residencia. Hago esta crónica para recordar a Luis González Blanco, y también a quienes puedan darle una mano a nuestro compañero que tanto lo necesita. Desde la distancia siento ese infortunio de nuestro amigo sincero.