Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:04 pm
Dignos son
los hombres que entran a ser partícipes en la resurrección de Cristo y son ¡hombres
vivos eternamente! y gozan de la luz y el rostro de Cristo, por el contrario,
el hombre indigno es el ¡hombre muerto! y jamás vio al creador del universo, su
vida transcurrió en una vida terrenal, pasajera y son eunucos espirituales que
no tuvieron continuidad. Sabio es el que entiende esto. En la vida terrenal
vemos como hombres indignos logran posicionarse en cargos jerárquicos dentro de
instituciones universitarias, y desde allí, lanzan flechas de muerte para destruir
al prójimo, y con ello toda su indignidad se manifiesta.
El
hombre es una unidad que consiste en cuerpo, que es materia y forma, y espíritu que es de una naturaleza incorporal,
que de por sí carece de forma y materia, su espíritu tanto racional o
intelectual es informe, pero si se vuelve hacia la causa por las cuales todo
fue hecho, es decir, al Evangelio o la Palabra, éste adquiere forma, por el
contrario, el indigno es contrario a la verdad, porque no la busca ni le
interesa, solo se centra en su superioridad y no en la grandeza de espíritu que
da forma al alma. El hombre digno es aquel que tiene presente que los actos
buenos le llevan a la trascendencia, por el contrario, el indigno actúa con
mala intención desde la superioridad del cargo que ocupa. El hombre digno es el
que anhela a Dios sin conocerlo, el que piensa en la meditatio mortis. El hombre
es un ser único y no es sustituible por otro, no hay otro como él.
La
vida es eso, vida y no razón, la vida es inexplicable, la razón no comprende la
vida, y la maldad es tan inexplicable que la razón no tiene cabida, es
contradicción, es el afán de aniquilar al otro. Las instituciones
universitarias tienen que ser intervenidas porque desde la superioridad los
hombres malos aniquilan la excelencia académica por envidia y odio de que el alma
del otro tiene luz divina, pero Dios dijo: “Hago nuevo todas las cosas”.