Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 02:49 am

Inicio

Opinión



Para Esteban Altuve Fernández

AD es un partido cuyos propios líderes la empujan hacia el abismo, por Ángel Ciro Guerrero

Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,AD es un partido cuyos propios líderes la empujan hacia el abismo, por Ángel Ciro Guerrero
Ángel Ciro Guerrero


“AD es una casa que sus fundadores construyeron muy grande, amplia y firme para que la habitara mucha gente y durara toda la vida. Sucede que los herederos, porque no les costó nada, dejaron de cuidarla y la abandonaron a tal extremo que, ahora, aparece sola y medio destruida. Pero AD, que tiene paredes de tapia, anchas, gruesas y muy duras, no se cae por sí sola, salvo que sus propios inquilinos la destruyan. Desde luego, el tiempo también le ha ocasionado algún que otro daño pero no tan grave como el infligido por sus propios inquilinos cuando, antes que cuidarla, la debilitaron buscándoles los tesoros escondidos”.

 

Esta es una de las muchas opiniones que Don Esteban Altuve Fernández emitiese en este foro que, se advierte, tiene muy pocas preguntas. Sucede que el periodista prefirió escuchar al entrevistado a quien acompañaban algunos de sus muchos amigos, y luego interpretar, del modo más objetivo, sentimientos, consideraciones, sueños, anhelos, intenciones, propuestas, recomendaciones, consejos, quejas, reclamos y, en especial, confesiones de verdades que muy pocos adecos reconocen como suyas.

 

También intenta reflejar la visión definitiva que se aprecia en la base adeca pero, ojo, no la que habita en las ciudades, mal dirigida por quienes son líderes gracias a la facilidad del automóvil, del periódico, la radio, la televisión y el teléfono, sino aquella otra, también honesta y engañada que, habitando las aldeas, caseríos y pueblos, todavía confían en que AD resolverá sus crisis. Son los que están decididos a impedir que al partido de Rómulo Betancourt terminan por destruirlos quienes, en su lucha por sobrevivir políticamente, están dispuestos, incluso, a destrozarle las entrañas.

 

Don Esteban Altuve Fernández no aparta su mirada del que tiene enfrente hasta hacerlo sentir que sus ojos grises lo examinan y obligan, casi, a dejar abierta las puertas del alma. Por eso ni dice ni permite que le digan mentiras. Es un hombre recto y claro. De indeclinables determinaciones. De historia buena, también. Su fama de hombre decente y de amigo leal está tan arraigada con su historia misma de luchador social. Verdes, rojos y amarillos, antes cuando los adversarios del partido fundado por Rómulo Betancourt en Venezuela, por Alberto Carnevali en Mérida y por Estaban Altuve Fernández en Los Pueblos del Sur, les decían a los campesinos que AD significaba "Abajo Dios", le guardaron respeto, siempre. Con los que integran, hoy, el conjunto de partidos que lidera el MVR, sucede igual. Por su buena historia, comprobable, sin tacha alguna, a Esteban Altuve Fernández se le escucha.

 

Sus palabras, pausadas, conforman más consejos que reproches. Aunque le tiembla la voz quizás de rabia controlada, cuando lo sorprenden declaraciones en los diarios de quienes ayer apenas eran dirigentes del partido en la región y ahora, sustituidos porque no supieron defenderlo ni dirigirlo, llaman a la base a declararse en rebeldía contra quienes les sustituyen.

 

Eso, para Don Esteban es intolerable e inaceptable. Y la mejor, muestra de paso de la irresponsabilidad con que, estando arriba los que hoy están abajo, por no decir defenestrados, manejaron a su antojo a la militancia. "Por eso, ésos se van, y bien lejos, sin que la gente sepa por dónde, perdidos en el camino de la nada, sembrados para siempre en el olvido". Los líderes como Don Esteban, en cambio, pasan a la historia, a la verdadera historia de AD, escrita con letra de sangre, con sabiduría popular y con fuerza del alma. Esa es la enorme diferencia.

 

-AD fue grande y fuerte. Se le sabía sembrada, para siempre, en el corazón del pueblo. ¿Por qué ya no está allí y ahora anda como el judío errante: sin rumbo fijo?

-Durante cincuenta y ocho años, es cierto, AD fue el partido socialdemócrata más grande del mundo. En Venezuela, por supuesto, se convirtió en el mejor instrumento para que el pueblo alcanzara, en paz, progreso social y desarrollo económico. Las grandes transformaciones que en este último medio siglo de historia y vida republicana se lograron en el país, tienen el sello, la impronta, el esfuerzo y la concreción de AD, como partido de gobierno como fuerza revolucionaria. Eso, aunque hoy cueste creerlo, ayer fue así. Nadie lo niega.

 

-Y por igual se entronizó la corrupción, se hizo ley el clientelismo y mucho adeco terminó agrandando su propio conuco.

-Lamentablemente también es cierto. Pero no hay que verles siempre todo lo malo a los partidos políticos. También tienen muchas cosas buenas, positivas, nobles. Recuerde: lo que usted afirma le ocurrió a todas las organizaciones, políticas y no políticas, que componen la sociedad. El mal se enquistó en todo el sembradío. La culpa es de todos.

 

-¿Por qué cree usted que a los críticos de los partidos políticos, y a los adversarios de nuevo cuño, sólo les interesa AD?

-Precisamente porque AD, por encima de las restantes organizaciones fue, si se quiere, el gran partido nacional, El que pudo construir un país para los venezolanos, un país moderno y con amplias libertades, abriéndole las puertas al desarrollo. Eso nadie lo puede negar.

 

-Está bien, Don Esteban, pero esa propuesta tuvo fallas, errores, debilidades.

-Es lógico que las haya tenido como cierto debe ser que también cobró muchos aciertos. Mire, los fundadores de AD buscaron hacer de ese partido el mejor instrumento de lucha social, para enderezar el rumbo al venezolano cuyo destino, hace más de medio siglo, se le presentaba errático.

 

Por qué cree usted que AD cambió ese rumbo?

- En las dos últimas décadas sus hombres, sus líderes, equivocaron el mensaje, trastocaron los objetivos, perdieron la honestidad, dejaron de ser dirigentes para convertirse en buscadoras de fortuna fácil, no sólo plata, cobres, reales, sino fama, facilidades, prebendas.

 

-No entendieron su tarea.

-Una vez, por televisión, escuché a Carmelo Lauría -a quien Venezuela perdió como Jefe de Estado y la propia AD: como su mejor carta para este milenio- decir que la verdadera propuesta de nuestro partido para el país era lograr un venezolano integral.

 

-Y usted creyó que eso era posible.

-Eso era posible si se hubiese continuado promoviendo y desarrollando la nutrición, la educación, la salud pública, la seguridad, la justicia, el trabajo productivo que concretase una calidad de vida razonable.

 

En la conversación intervienen otros acción democratistas que plenan, junto al periodista y el entrevistado, la pequeña sala de la casa rural de Mucutuy. El tema del país de ayer, frente al país de hoy, lo examinan aquellos buenos hombres de manera clara y ejemplar. Unos, en pocas palabras, creen que el fracaso de su partido en el ejercicio de gobierno tiene nombre y apellido: desidia, olvido, irresponsabilidad. Otros, van más allá y comparan épocas, hombres y métodos. Son los que opinan, como Don Esteban, que los Rómulos y los Leoni, los Carnevali y los Ruiz Pineda no volverán más. Los que aceptan, sin embargo, que “están llegando los Hugo Chávez para ocupar el espacio dejado abierto por quienes abandonaron la tarea de conducir, para convertirse en comerciantes de la política”.

 

Don Esteban y sus seguidores no saben cuál habrá de ser la mejor manera de resolver la crisis fiscal, el verdadero nudo gordiano, del problema económico, ni menos cómo racionalizar la administración pública nacional. Ellos, de un modo muy simple resumen tamaña preocupación de expertos y gobernantes en que hay que trabajar más y hablar menos. Hay que desenredar tanto enredo para que todo fluya fácil. Lo que sí entienden es que, de continuar las cosas como están, tan entrabadas, y mientras no se les desenreden, equilibren o queden claras las cuentas, que para ellos son las finanzas del Estado, resultará imposible reorganizar al Estado mismo, aunque se tenga Constitución nueva.

 

Ellos, sin embargo lucen, de manera tan modesta que los engrandece, una innata condición: la de ser precavidos, visionarios si se quiere. Ven más allá de las cosas normales y todos miran como mira Don Esteban, fijamente, hasta encontrar el alma. Por eso sus afirmaciones, en esta hora, son verdades tan hondas que resultaría necesario las escuchasen los que por ahí andan buscando dirigir al pueblo adeco. Recurriendo a metáforas, hermosas, profundas, se reconoce, explican por qué en su opinión los adecos no estaban preparados para enfrentarse a la hora de los cambios, de las grandes definiciones y de las urgentes transformaciones que el país les demandó, en varias ocasiones, a los partidos políticos.

 

 Don Esteban, por ejemplo, sintetiza todo el problema en lo siguiente: “No se quiso creer que las cosas dejadas de lado comenzaron a caminar solas, con la velocidad de las computadoras y con la peligrosidad de una explosión social”.

 

Aceptan que los líderes de AD dejaron se perdiera el tiempo para reorganizar y reformar, desde el gobierno, todas las instituciones. Ellos no saben decirlo -“como lo dicen los que saben"-, pero en sus pocas palabras precisan que, “arrepentirse hoy de lo que no se hizo ayer, es llorar ahora lo que entonces no se supo defender”.

 

Lo que importa, según aconseja Don Esteban, “es ver bien el camino para que las bestias puedan avanzar, la enjalma no se corra, la cincha no se afloje, la carga no se mueva, el jinete lleve bien las riendas y el camino no se nos haga más dificultoso” En cuanto a los partidos políticos, Don Esteban se anota entre los que con mayor pasión, voluntad y energía declaran la urgencia de restablecer la ética y la moral perdidas. Concretamente sobre el suyo, AD, demanda rescatarlo como “el verdadero instrumento de lucha popular, para el cual ha sido fundado, no para el goce de quienes, diciendo que luchan por AD, incluso le destrozaron las entrañas, hasta sacarle toda clase de provecho”.

 

Militantes como Don Esteban Altuve Fernández son los que tienen suficiente moral para advertir, con la precisión y rigurosidad con la que siempre han dicho las cosas, que “el destino de AD, de no cambiar el rumbo por ser equivocado el que todavía lleva, le harán perder definitivamente la poca fe que en ella aún tienen sus militantes y vastos sectores del país democrático. AD, por culpa de algunos líderes, como los que en Mérida antes que abrir, cerraban las puertas a la gente, va de derrota en derrota. Pero los culpables se van y se van tan lejos, que se los tragará el propio olvido. Nos quedaremos los que queremos a AD, los que apreciamos que AD fue una casa que sus fundadores construyeron muy grande, amplia y firme para que la habitara mucha gente y durara toda la vida”.

 

--Pero, dicen algunos que es una casa, Don Esteban, que se está derrumbando.

-Culpa de los herederos. Como no les costó nada, dejaron de cuidarla y la abandonaron a tal extremo que, ahora, aparece sola y medio destruida. Pero AD, que tiene paredes de tapia, ancha, gruesa y muy dura, no se cae por sí sola, salvo que sus propios inquilinos la tumben.

 

NOTA: Este viejo texto, publicado en Frontera el lunes 18 de octubre de 1999, sincera, pero dura advertencia  de uno de los fundadores del partido en Los Pueblos del Sur, ocasionó encontrados cuestionamientos en el CES de AD-Mérida. Al final, la dirigencia aceptó por cierto lo declarado. Tiempo después, el partido del pueblo se fracturó en pedazos: unos se fueron con el oficialismo y otros siguen en la oposición.





Contenido Relacionado