Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:53 am
Después de
Caracas, Mérida es la ciudad de Venezuela en la que más honores y
reconocimientos se han rendido al Libertador Simón Bolívar. Dos son los
primeros hechos que han generado la relación del personaje más emblemático de
la historia venezolana con la “ciudad turística y estudiantil del país”, como
se le suele calificar. En primer lugar, el conferimiento por primera vez del
título de Libertador en 1813, en el contexto de la llamada Campaña Admirable.
En segundo lugar, la instauración del primer monumento en el mundo a Bolívar en
1842, conocido como la Columna del Libertador, con motivo del traslado de los
restos de Santa Marta a Caracas en ese año. Hechos juntos a otros que vamos a
referir han generado los calificativos de “Mérida, pionera del fervor bolivariano”,
“Mérida, cuna de la pasión bolivariana” y “Mérida, la ciudad más bolivariana de
América”. Calificativos expresados, respectivamente, por Mario Briceño Perozo,
Carlos Javier Rivas Hernández y Ramón Sosa Pérez.
En adelante,
las fechas emblemáticas de su nacimiento, hechos de su vida personal,
actuaciones militares y políticas, así como también de sus documentos más
importantes, encuentros con otros héroes del proceso emancipador suramericano,
su fallecimiento y reconocimientos de distinta naturaleza a partir de este
hecho tendrán siempre en Mérida y su Universidad momentos y espacios
específicos para su conmemoración. Así, los primeros actos de recordación
tendrán lugar en 1842, con el primer monumento en su honor con la instauración
de la llamada Columna del Libertador,
y en la ULA para celebrar el
Centenario de su Nacimiento en 1883, a lo que nos referiremos más adelante. De
igual manera en 1910-1911 para evocar el inicio de la idea y la declaración de
Independencia, y de la primera Constitución de Venezuela. Seguidamente en 1912,
1913, 1915 y 1919, en cuando a los primeros cien años del Manifiesto de
Cartagena, la estadía de Bolívar en Mérida por dieciocho días durante la
Campaña Admirable, de la Carta de Jamaica, del Discurso y de la Constitución de
Angostura, respectivamente. Los dos nuevos sucesos conmemorados fueron la
Batalla de Carabobo y la Creación de Colombia en 1921, y su muerte en 1930,
conjuntamente con la del Gran mariscal de Ayacucho.
Hacemos un
paréntesis en el relato de los actos de celebraciones o conmemoraciones
bolivarianas para desmentir una historia inventada por Tulio Febres Cordero y
que por mucho tiempo otros repitieron sin basamento documental alguno. En 1910
la Universidad de Los Andes conmemoró su primer centenario, reconociendo así
que había sido fundada el 21de septiembre de 1810, y no antes. Siendo Tulio
Febres Cordero catedrático de la ULA, el Rector Ramón Parra Picón le encomendó
la tarea de organizar la Junta del Centenario de la Universidad que se
encargaría de los actos a realizarse, para lo cual el propio Don Tulio elaboró
previamente el Programa Conmemorativo, en el que se contempló, entre otros
asuntos, la entrega de 100 Medallas a personalidades e instituciones regionales,
nacionales e internacionales, que debía contener “…por el anverso la cabeza del
Libertador y en contorno esta inscripción; Centenarium Universitatis Andinensis
Venetiola – MCMX. Y por el reverso, una alegoría de las Ciencias y esta
inscripción en contorno: A Patriae fides erecta – Anno MDCCCX.- A Bolívar
confirmata anno MDCCCXIII - Emeritae.” Las escrituras en latín fueron
realizadas por el catedrático Carlos María Zerpa, por encargo de Febres Cordero
(Sesión de la Junta del Centenario del 26 de mayo de 1910). Esto último no es
cierto por dos razones: No existe fuente documental que lo testifique y porque
cuando Bolívar arribó a Mérida en mayo de 1813, la Universidad había dejado de
funcionar en razón del terremoto del 26 de marzo de 1812 y el inicio de la
guerra de independencia en el territorio merideño, y nadie le informó al
respecto. (Los documentos referidos a la conmemoración centenaria de la ULA en
Eloi Chlabaud Cardona: Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida,
Universidad de Los Andes, 1990, Tomo X, pp. 49-155).
En la prensa
local se registraron los actos realizados y los discursos dados en aquellos
años por funcionarios públicos, catedráticos universitarios y otros
intelectuales de la ciudad. Para rememorar
el primer centenario de la Independencia, Nucete recopiló en un libro lo
acontecido, así como las disertaciones dadas, con el título de Libro del
Centenario. Mérida en el primer centenario de la independencia nacional
(Mérida, Imprenta Oficial, 1911, 285 p.). Con motivo del primer Centenario de
la Campaña Admirable, el Rector de la Universidad de Los Andes, Dr. Ramón Parra
Picón, decretó el 17 de mayo de 1813 la “celebración de un acto literario” en
conmemoración de la entrada del Libertador el 23 mayo de ese año, lo que
constituía “…una página brillante en los claros anales de la patria, ya que por
ser la primera vez que el Héroe pisara el suelo merideño, como por el valioso
contingente que esta ciudad le ofreciera, suceso de trascendencia en el
resultado de la admirable campaña de ese año.” A tal efecto, se organizó un
Programa que comprendió discursos, lectura de poesías, ejecución de obras
musicales y la presentación del cuadro al óleo representativo del paso de
Bolívar por los Andes, obra del pintor O. González Velazco. El acto estuvo
presidido por Tulio Febres Cordero, como profesor de mayor antigüedad, por
delegación del Rector Parra Picón por enfermedad, con mucha asistencia a los
actos programados de estudiantes, profesores, funcionarios públicos y miembros
de la sociedad merideña (Los documentos sobre esta celebración en el Archivo de
la Universidad de Los Andes. Volumen CLXIX. Varios. Inventarios. Provisión de
empleos, solicitudes, decretos y resoluciones de 22 de mayo de 1910 a 17 de
febrero de 1914. El Informe de Tulio Febres Cordero sobre la conmemoración de
la Campaña Admirable en Gaceta Universitaria, Nº 32, Mérida, 15 de junio de
1913).
En cuanto a
la fecha relacionada con la partida física a la inmortalidad de Bolívar y
Sucre, cabe mencionar cuatro realizaciones materiales que evidencian la
preocupación merideña por los honores y reconocimientos, muy bien expresados en
1930. Nos referimos a la construcción definitiva de la Plaza Bolívar con la
respectiva Estatua; el Busto del Libertador en el Patio Central del primer
Edificio de la Universidad de Los Andes; el decreto de creación de la primera
Biblioteca Pública de Mérida con el nombre de Simón Bolívar. Varios fueron los
discursos y disertaciones de profesores y estudiantes: los doctores Gonzalo
Bernal y Humberto Ruiz Fonseca; los bachilleres Rubén Corredor, Rafael Ángel
pinzón y Andrés Daniel Orellana. Los dos últimos ganadores del concurso
organizado por la ULA sobre temas relacionados con el Libertador; y la
publicación del libro: Centenario de Bolívar y Sucre en Mérida. En esta obra se
incluyeron las actividades, discursos y demás escritos para esa conmemoración,
entre otros, de los universitarios Gerónimo Maldonado, Tulio Febres Cordero,
Roberto Picón Lares y Juan Nepomuceno
Pagés Monsant.
En efecto, la
Universidad de Los Andes formó parte de los actos programados en la ciudad para
conmemorar el “Centenario de la Muerte del Libertador. Por tal motivo, el 6 de
octubre de 1930, el Consejo Universitario acordó la erección “en el centro del
claustro principal de la Universidad un busto, en mármol del Padre de la
Patria” y la colocación “…en el Salón de Actos Solemnes el retrato del
Benemérito y Eminente Médico del Libertador, Doctor Alejandro Póspero
Reverend…” (“Acuerdo del 6 de octubre de 1930” en Gaceta Universitaria. Mérida,
enero de 1931, p. 265). Dicho Busto fue
inaugurado el 17 de diciembre de 1930, donado por Dr. Rubén González, entonces
Ministro de Relaciones Interiores. El discurso correspondiente estaría a cargo
del Rector Gonzálo Bernal. En ese mismo día la instalación del referido cuadro
del doctor Reverend, que había sido donado por el Dr. Abdón Vivas, Secretario
del Gobierno de Mérida. El Busto del Libertador luego sería colocado en el
Patio Central del Edificio inaugurado por el Presidente Eleazar López Contreras
en 1936, donde en la actualidad funcionan el Vicerrectorado Académico y el
Museo Arqueológico Gonzalo Rincón Gutiérrez. (Sobre la referida Columna del
Libertador, Estatua en la Plaza Bolívar y Busto del Libertador en la Universidad,
véase Samuel L. Hurtado C.: La Estatuaria Pública Conmemorativa de la Ciudad de
Mérida (1842-2006). Mérida, Escuela de Historia Universidad de Los Andes,
2007. Memoria de Grado presentada para optar al título de Licenciado en
Historia, pp. 50-62 y 115-122).
La siguiente
fecha será la de 1942, con motivo del Centenario del Traslado de los Restos de
Bolívar a Caracas y de la Columna del Libertador, con el remozamiento de ésta y
la colocación de una nueva cabeza, para reemplazar la original, bastante
deteriorada por el tiempo en razón del materia utilizado en 1842, como parte
del monumento construido por Juan Pablo Ibarra y Domingo Manrique, en la
Plazuelas de Mucujún. Cabe señalar que este monumento fue ordenado por el
entonces Gobernador de la Provincia de Mérida, Gabriel Picón González, quien
había participado con Simón Bolívar en la Campaña Admirable, participando en
las batallas de Niquitao y Los Horcones (1813), a la edad de catorce años. No
menos importante fue la denominación en 1942 del Liceo Universitario como Liceo
Libertador de Mérida. Veinte años después tendría lugar la conmemoración del
Sesquicentenario de la Campaña Admirable, todo lo cual quedó expuesto en el
libro: La Campaña Admirable. Celebración del Sesquicentenario en Mérida.
MDCCCXIII abril-mayo MCMLXIII
(Caracas, Biblioteca de Autores y Temas Merideños, 1965). Las actividades y
demás actos realizados fueron registrados en el diario El Vigilante en los
meses de abril y mayo de 1963. En el Programa correspondiente para el jueves 2
de mayo estaba programada una Conferencia del Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, lo
que no se pudo cumplir por su ausencia de la ciudad del Rector de la
Universidad de Los Andes. Ante ello, el profesor Pedro Nicolás Tablante Garrido
dio la conferencia “La Campaña Admirable, celebración del Centenario por la
Universidad de Los Andes”, incluido en el citado libro (pp. 91-104).
La creación
de la Cátedra Simón Bolívar en 1980 fue otro de los homenajes de la Universidad
de Los Andes, esta vez con motivo del Sesquicentenario de la muerte del
Libertador. Lamentablemente esta instancia académica no desarrolló uno de sus
objetivos, cual fue el estudio sistemático de la vida, obra y pensamiento de
Simón Bolívar. La ciudad no dejó de seguir rindiendo honores, casi siempre con
la participación de autoridades y profesores universitarios. Por ejemplo, el 8
de enero de 1981, siendo Presidente del Concejo Municipal del Distrito
Libertador, el profesor universitario Dr. Jesús Rondón Nucete, se decretó la
creación de la Biblioteca Bolivariana de Mérida, cuyo edificio sería inaugurado
en 1983 para conmemorar el Bicentenario del natalicio de Simón Bolívar, con la
finalidad obligatoria de “…reunir los escritos del Libertador, las obras que se
hayan publicado su vida y su acción y su iconografía antigua y moderna.
Igualmente la Biblioteca podrá reunir documentos y obras sobre el proceso de la
emancipación americana y sobre los próceres de la independencia.” La Comisión
designada al efecto estuvo constituida, entre otros, por los ulandinos Germán
Briceño Ferrigni, Reinaldo Chlabaud Zerpa y Lubio Cardozo. Lo dispuesto en dicho decreto se fue
cumpliendo parcialmente, más como un espacio reunir libros, revistas y
retratos, cuando la necesidad mayor es realizar en Mérida estudios acerca de
ese hecho y personajes históricos, cayendo en el tiempo en un incomprensible olvido.
En la actualidad se ha retomado esos objetivos, esta vez con historiadores y
educadores egresados de la Universidad de Los Andes, con la decidida
colaboración de los miembros de la Cátedra Bolivariana Héctor Bencomo Barrios,
coordinada por quien esta crónica escribe. Muchas otras son las cosas que
podríamos decir para confirmar ese “fervor y pasión bolivariana de Mérida” y la
contribución al efecto de la Universidad de Los Andes.
Finalmente,
vamos a referirnos a la celebración del natalicio de Simón Bolívar en la
Universidad de Los Andes el 24 de julio de 1883, y la transcripción del
Discurso del Dr. Caracciolo Parra y Olmedo, en la Sesión Solemne con que el
Claustro Universitario festejó aquella fecha, por disposición de la Junta de
Inspección y Gobierno de la Universidad, en su sesión del 22 de mayor de 1883.
Al respecto dice Juan Nepomuceno Pagés Monsant, en su “Resumen Histórico de la
Universidad de Los Andes”, que “El Claustro universitario celebró su sesión
solemne; los jóvenes contribuyeron con bellísimas composiciones, y por último
la honorable palabra del decano de la Universidad Señor Caracciolo Parra
Catedrático más antiguo, selló aquel acto con un discurso nutrido de ciencia,
a la vez que engalanado con elocuentes frases, que espontáneamente brotan de
los labios cuando se festejan los triunfos gloriosos de la civilización. El Dr.
Parra juzgó la obra inmortal de Bolívar, no con el entusiasmo fugaz que inspira
el brillo de las armas, ni la alegre algazara de la victoria, sino a la luz del
criterio filosófico, en el campo de la ciencia y con el escalpelo del
análisis.” (Anuario de la Universidad de Los Andes. Mérida 1891, Tomo I, p.
34). Se trata de un texto prácticamente desconocido por los universitarios y
los historiadores dedicados al estudio de Bolívar en Mérida y en el país, no
citado ni incluido en los libros publicados en la ciudad acerca del Libertador,
con excepción de su inclusión en Eloi
Chalbaud Cardona: El Rector Heroico (Mérida, Universidad de Los Andes
Publicaciones del Rectorado, 1965, pp. 254-260). La grafía del texto se ha
modernizado parcialmente y se ha dividido el mismo en párrafos separados para
una mejor lectura pues fue escrito de corrido. El mismo evidencia la concepción
ideológica religiosa y positivista de Caracciolo Parra y Olmedo, además del
conocimiento y la trascendencia histórica del Libertador Simón Bolívar.
Discurso, repetimos, desconocido por muchos investigadores bolivarianos,
tampoco registrado en los inventarios bibliográficos que se han realizado en
Venezuela. Por lo general, al discurso se le ha dado un tratamiento despectivo
como género históriográfico, cuando en verdad también es una fuente del conocer
sobre un hecho, un peronaje y el pensamiento del autor.
DISCURSO
PRONUNCIADO EN LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES POR EL DOCTOR CARACCIOLO PARRA Y
OLMEDO EN EL CENTENARIO DEL NATALICIO DE SIMÓN BOLÍVAR, EL 24 DE JULIO DE 1883
“Antes de dar
principio a este acto, acompañadme Señores, trasladémonos con el pensamiento al
templo de la inmortalidad, descorramos ese velo que oculta el santuario en
donde reposan los Grandes Genios; con el mayor recogimiento y llenos de
admiración, tributémosles nuestros homenajes y cantemos en coro “Gloria y
gratitud á Bolívar Redentor de un Mundo”. “Por darnos patria se sacrificó”. En
este fausto día en que el Nuevo Mundo se mueve y agita para festejar el primer
Centenario del Héroe que dio libertad e independencia a cinco Repúblicas: en
éste día en que la América toda y la Europa se estrechan la mano para
solemnizar el natalicio y las glorias del que se sacrificó por la humanidad; en
éste solemne día, la Universidad de Mérida haciendo homenaje al talento y valor
del hijo predilecto de la fortuna, e impulsada por el sentimiento de la
gratitud, ha acordado este pobre y mezquino obsequio al Padre de la Patria, ya
que sus facultades y carencia de recursos la imposibilitan de hacer otra cosa
digna del que dedicó su existencia á la felicidad de su país.
¡Qué mayor
elogio puede hacerse del Libertador que esta espontánea manifestación de todo
un pueblo! ¡Que elogio mas sincero que este contento general que se revela en
todas las fisonomías! ¡Qué entusiasmo más verídico que el tributado al hombre
que fue y solo pertenece a la historia! Los obsequios que salen del corazón
tienen un valor inapreciable y solo ellos dan honra y gloria á aquel a quien se
dirigen. No entraré a referir los grandes hechos de Bolívar ni los de sus
invictos Capitanes, ésta sería una labor demasiado prolija que no cabe en un
discurso. Esas hazañas al servicio de una causa santa y que se asemejan en
mucho a la Creación, merecen muy bien tomar por tema la creación misma; ¡maravillas
y portentos que al querer penetrarlos y examinarlos, desvanecen la imaginación
y nos persuaden de nuestra pequeñez!; también maravillas y portentos en el
Creador de cinco Repúblicas que los tendríamos por fábula si no nos fuesen
contemporáneos y que más tarde podrían negarse o ponerse en duda, como se ha
negado la existencia de Homero el cantor de Aquiles. Decía pues, que nada hay
tan admirable como el espectáculo de la naturaleza y que el tema sobre la
Creación sería el mas propio en este solemne día; de él voy a ocuparme muy
someramente en lo que tenga relación con éste acto.
La creación
es la síntesis de ése conjunto de Ciencias que escapan o no a la inteligencia
humana: ella tiene por único móvil al amor, a la simpatía y la atracción que
son sinónimos por que ese móvil es el que vivifica el universo: cuando sus
opuestos el odio, la antipatía y la repulsión se sobreponen, surgen esos
cataclismos que trastornan yá el orden físico, ya el orden intelectual, ya el
moral o social; pero la naturaleza recupera tarde o temprano sus derechos,
obedeciendo al principio eterno, único y absoluto del equilibrio, universal o
sea de la conservación. Vémos en lo
moral, esa guerra declarada entre el bien y el mal, entre la virtud y el vicio;
en lo intelectual, el error en pugna con la verdad, la ignorancia con el
progreso; y en lo físico la oposición de dos fuerzas que se observa sobre todo
en ese océano aereo, en ese polvo de estrellas que cubren el espacio: sin esa
lucha perenne entre la vida y la muerte, en que los cuerpos se desprenden de su
materia ya inútil para alimentar otros y otros cuerpos, de igual o diversa
especie, no podría a naturaleza renovarse, ni haber regeneración natural y
social , por que esa serie de contribuciones mutuas, esos trastornos y esos
cataclismos, son los que conservan la Creación en el orden admirable que
palpamos. Los hombres, con sus diversas aptitudes, coadyuvan por el admirable
sistema de la división del trabajo y de la cooperación, a esa marcha unísona
del progreso que los convierte en instrumentos de orden y hace de la humanidad
una familia.
Hay respecto
al hombre una variante notable en el cuadro de la Creación: avanza con los
siglos en la vía del progreso, tiende a perfeccionarse más y más; conocemos el
punto de partida, pero la imaginación se pierde al querer penetrar el término
en que deba detenerse esa perfección. Su inteligencia se desarrolla a costa de
la materia, ésta cede su lugar al espíritu, se abrevia la vida y se consume y
apaga para dar mayor luz. Sin ésa lucha constante que se observa en el orden
físico, intelectual y social y que es una ley obligada, no habría ni vida, ni
virtud, ni ciencias, ni sabios, ni héroes, ni sucesión de las generaciones.
Pero como no está en la mano del hombre destruir la Creación, necesariamente
debe triunfar el principio del bien o del equilibrio universal que es el del
amor, es decir, el orden. En el mundo físico observamos que los cataclismos son
momentáneos para despertar y renovar la naturaleza; pero en el mundo social,
cuyos males se hacen a veces crónicos, la Providencia depara un género que da
impulso y dirección á una nueva vitalidad. Los individuos como los pueblos en
su infancia son ignorantes y arraigados en las preocupaciones de una mala
educación; es en ellos frecuente y está en su naturaleza, la propensión al
desorden y a la inconstancia. Llegan a la virilidad, edad de las ilusiones y de
la imaginación, se hacen emprendedores sin detenerse ante los obstáculos ni
proveer las consecuencias. Alcanzan al fin su estado de madurez; edad crítica porque
llenos de experiencia se hacen meticulosos, se niegan á toda innovación y
quedan estacionarios y conservadores; pero si se amalgaman estas dos edades,
entonces están en la plenitud de su desarrollo.
Es por esto
que la ciencia de gobernar y de dirigir los destinos de los pueblos, es una
ciencia que no está sino al alcance de privilegiadas capacidades. Nada tiene de
extraño ni de sorprendente el que la Creación siga esa marcha uniforme que le
imprimió el Supremo Hacedor para manifestar su poderío, porque ella obedece a
las leyes inmutables que no puede quebrantar. Nada tiene de extraño si nos
sorprende el contemplar a ésos seres que llamamos brutos y a quienes algunos niegan
la inteligencia, ver los sociales y dóciles, que solo destruyen por el instinto
de conservación o para satisfacer necesidades apremiantes. Pero sí extraña y
sorprende que el hombre que se llama el Soberano y Rey de la Creación, que
trajo por herencia ese destello divino que lo asemeja a su Creador, que tiene
la razón mejor desarrollada, que su fuerza está en la unión y su elemento en la
fraternidad, viva en lucha continua con sus semejantes. Es sorprendente que le
sea más fácil dar rienda suelta a sus malos instintos y pasiones que imitar la
armonía que ostenta la naturaleza: parece que se goza en destruir la obra mas
perfecta de. la Creación y en contrariar los designios de la Providencia. La
civilización no consiste en el mútuo comercio de las naciones, ni en su mayor ó
menos población, ni en el desarrollo de su agricultura, ciencias artes é
industrias, ni en su aumento de Capitales; la civilización consiste en aparecer
atentos, benévolos, indulgentes y modestos; en evitar disgustos á nuestros
semejantes y en buscar el medio de complacerlos. ¿Llegará la época en que los
pueblos realicen ese bello ideal? ¿Será esto un sueño o delirio de la
imaginación?
He aquí,
Señores, la verdadera regeneración social, ella no reconoce otra base sólida
que la de moralidad. Solo la moral y las buenas costumbres conducen á la
fraternidad, al desarrollo de la riqueza pública, a abolir la distinción de
razas, a borrar las fronteras entre las naciones, a consolidar la paz y
disminuir los crímenes, a hacer a los hombres sociables, a interesarlos en el
orden público y buena marcha de la administración, a hacer imposibles las
revoluciones y a relegar a los anticuarios la palabra “guerra”. Todos los
esfuerzos de un Gobierno por el progreso y adelanto de un país, serán esfuerzos
perdidos si no reconocen aquella base. Esta misión santa está reservada a los
Gobernantes y la Historia es parca en la enumeración de los verdaderos
benefactores de la humanidad; ha habido sí guerreros afortunados y
conquistadores que han sido grandes por sus crímenes y por haberse convertido
en azotes de los pueblos; pero pocos y muy pocos son los que llenos de
abnegación y dominados por el sentimiento de la justicia, hayan procurado la
redención social del hombre. Cada pueblo tiene su historia y cada historia
tiene su página más ó menos brillante en la que figura la lucha por su
independencia; pero concretándonos a la España nuestra Madre, la vemos desde
los tiempos históricos, diseminada y falta de unidad, invadida por los Fenicios
y Cartagineses; mas luego dominada en parte y sucesivamente por los Romanos,
Godos y Árabes, pero siempre firme en el sendero del honor, disputar palmo a
palmo su territorio y obligar al fin a la Media Luna a repasar el camino de la
conquista. Dueña ya de sus destinos, acoge la idea del célebre genovés para el
descubrimiento de un Nuevo Mundo; y desde aquí da principio la historia de su
dominación. Los trabajos de Colon rijan en la diadema del Rey de España un
Continente que por su riqueza empobrece al país conquistador y por su extensión
y peso había más luego de quebrar su Cetro.
La historia
está llena de hechos heroicos de sus Capitanes, mezclados con otros
horriblemente salvajes. Pero no es culpable la Nación Española de esos
crímenes, porque el estado de civilización y de cultura, el espíritu caballerea
de la época y las preocupaciones religiosas, eran contra, ríos a la tolerancia
y a la fraternidad; no es culpable la Nación Española que no podía oponerse a
esa impía sed de oro cuya posesión era entonces y será siempre la causa
inmediata de tantos crímenes: no es culpable la Nación Española que con lujo de
leyes trató de poner coto a tanto desorden y cuyas medidas fueron ineficaces
por la infidelidad de agentes refractarios y por la larga distancia a que el
Gobierno se encontraba del teatro de estos crímenes La crítica no es justa ni
aceptable haciendo comparaciones entre dos épocas de ideas y usos diferentes.
La América fue sometida por el derecho de conquista, derecho reconocido
entonces como que hacía parte del internacional. Su origen era vicioso, y unido
a esto una mala administración, despertó en unos pocos Americanos el deseo de
formar nuevas familias, nuevas Nacionalidades: la lucha fué larga y sostenida,
la fortuna varia, no tuvo medida el sacrificio de hombres y riquezas; pero el
principio de la Justicia debía triunfar y triunfó. La América se hizo libre! A
la ciudad de Caracas le cupo en suerte ser el Heraldo de esa Cruzada; un hijo
suyo Simón Bolívar se constituyó Adalid en el torneo de la civilización, sin
mas recursos que su espada y su genio, seguido de pocos pero arrojados
compañeros, y llevando en sus banderas el lema “Querer es poder”, emprende una
lucha gigantescamente desigual, redime un Mundo, y agobiado bajo el peso de las
decepciones, va a morir en el Calvario de Santa Marta.
Voy a
permitirme hacer el paralelo entre la independencia de las dos Américas. La del
Norte ocupada por razas de todas las Naciones, sin odios de pueblo a pueblo,
industriosa y en posesión de sus fueros y libertad, arraigado en su corazón el
sentimiento del deber; tolerante por convicciones, con instituciones
Republicanas dentro de una Monarquía, amaestrada en la ciencia de la Administración,
nada tenía qué variar: su separación de la Metrópoli no causó trastornos ni
reformas en su manera de ser. Fue un levantamiento en masa de poblaciones
educadas e instruidas en sus derechos y deberes, que obraban y procedían por
propias convicciones y con recursos de todo genero. A su cabeza se colocó Washington
el gigante de la América del Norte, quien llenó de fé en el porvenir, no
conquista, toma la bandera de la libertad, es secunda o por un pueblo
entusiasta y proclama la independencia; ese hecho consumado y antes de un
siglo, los Estados Unidos en su infancia viril, toman puesto de preferencia
entre as Naciones de primer orden. Lincoln uno de sus suces res, sella el
proceso de los hombres libres regando con su sangre el Árbol de la libertad.
La América
del Sur, poblada de indígenas y Españoles adictos a la madre patria; educados
en la esclavitud y para la esclavitud; sin instrucción de ninguna clase; sin
comercio; sin idea del porvenir; con un gobierno que esclavizaba las
conciencias; con mandatarios fieles a su consigna; con recursos inagotables; y
súbditos de un Monarca “en cuyos dominios no se veía poner el sol”, y que adoraban
a su Rey con un culto ciego; con ideas religiosas que afianzaban y llevaban
hasta el delirio la sumisión y obediencia sin límites: con odio a toda
innovación. Señores, Bolívar soñaba
despierto cuando emprendió un imposible, porque imposible se consideraba dar
libertad a individuos que querían ser esclavos. Pero Bolívar Libertador de
cinco Repúblicas y fundador y padre de la Gran Colombia tenía que conservar sus
triunfos, empresa mucho más difícil que el trabajo de adquirirlos. Tiende su
mirada al porvenir y para cortar el mal de las revoluciones y asegurar la
independencia co¬tra los ataques exteriores, concibe la grandiosa idea de
convocar un Congreso Americano que sirviese de Consejo en los grandes
conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en
los tratados públicos, de conciliador, en fin, de nuestras diferencias. Ese
pensamiento no han sabido o no han querido comprenderlo las Naciones
Americanas: esa idea no es una quimera como algunos lo han supuesto; ella es de
tanta trascendencia como que de ella sola depende el futuro engrandecimiento
del Continente.
Si con
excepción de la América del Norte, que es una Babilonia etnográfica, tenemos la
uniformidad en el lenguaje, unos mismos usos y costumbres, una misma raza con
disposición para las artes y ciencias, la misma religión, con el sentimiento de
la tolerancia; inmensos territorios con variedad de zonas; tierras y bosques
vírgenes, una vegetación espontánea y asombrosa; ríos navegables que cruzan el
Continente en todas direcciones; dos mares que lo circunvalan y que pronto
estarán unidos; un reino mineral variadísimo; necesidad de grandes
inmigraciones útiles y provechosas a la riqueza pública. Si todo esto nos es
común con más el amor a la Libertad, ¿porqué no formar una Confederación
Americana para los conflictos internacionales; para someter a árbitros sus diferencias;
para tener una misma legislación civil, criminal y de comercio; para acordar la
extradición de los criminales; para dar fuerza ejecutoria a sus autos y
sentencias; para tener como nacional al americano que pise el territorio de
cualquiera de estas naciones; para uniformar la moneda, las pesas y medidas;
para adoptar entre sí el libre cambio; para acordar la libre navegación en sus
ríos; para prohibir y condenar la práctica salvaje de bombardear las
poblaciones indefensas y entregarlas al pillage saqueo; para abolir el corso;
para uniformar y fijar las bases del Derecho Diplomático... Tendríamos así
nuestro Derecho de Gentes Americano.
Al celebrar
este regocijo nacional, el Presidente de la República ha sabido interpretar el
sentimiento del país y los venezolanos de hemos saber agradecer. Venezuela debe
sentirse satisfecha porque en esta fiesta de familia están representados los
Gobiernos de la América y de la culta Europa, pero merecen especial mención
nuestra hermana la ilustrada Colombia que, a pesar de los embarazos que trae
consigo la marcha de un gobierno joven, ha sabido consolidar sus instituciones,
desarrollar su industria y comercio y avanzar en la carrera de las letras. Está
la gran República de Washington que con su diluvio de inmigrados, ha
desarrollado sus industrias y aumentado su poder productivo en una escala
sorprendente y cuyo ejemplo e instituciones contribuyeron en mucho a nuestra
independencia y forma de gobierno. Está la Gran Bretaña que ha sabido descubrir
el secreto de hermanar la libertad con el trono; que confundió su sangre con la
nuestra en la lucha de nuestra independencia. Está en fin la España, raza de
héroes que nos legó su valor, sus creencias, sus costumbres, su amor á la
libertad, su legislación y su sangre; que nos enriqueció con su lenguaje, ese
último esfuerzo de la creación que dá vida y movimiento a los seres animales,
tan rico por su admirable facilidad de composición y precisión de sentido, como
el griego y el alemán pudiera acogerse para idioma universal. Pero lo que hace
mas recomendable a la noble e hidalga España en este certamen de la
civilización, es su presencia para ayudarnos a festejar los triunfos de su
vencedor, el natalicio del Libertador de sus colonias.
!Una testa
coronada glorificando instituciones republicanas! !La que fue nuestra Metrópoli
regocijándose con que ayer tarde llamaba hijos rebeldes! He aquí, Señores la
obra de la civilización, el poder de la justicia, el miento divino de la
fraternidad. Debo terminar repitiendo las palabras del Libertador: Unión, unión
o la anarquía os devorará: sí, la unión de los hombres buenos corrige a los
malos, y sus malos instintos se estrellan ante aquella roca de diamante:
unámonos en el sentimiento del patriotismo desechando ambiciones y medros
personales que traen la ruina á las sociedades; unámonos en un espíritu publico
que contenga por el sentimiento general del interés colectivo los arrebatos del
interés individual. Que nuestro lema sea: Todo por la Patria y todo para la
Patria.”
Mérida, 15 de noviembre de 2025.