Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:03 pm
Cuando se le pregunta a
este matemático, cuya pasión verdadera es la literatura, cuál sería a su
entender la mejor República: si las imaginadas por Platón y Bolívar o acaso la
V que oferta Chávez, el filósofo José Rodríguez afirma que es aquella donde sólo
el trabajo y el pensamiento puedan hacer que un grupo de hombres refunde una
sociedad más justa, en la que se viva ordenada y equilibradamente. Pero Sant
Roz, el hombre de fuete y pluma en ristre contra toda clase de injusticias,
soldado en mil batallas, escogidos amigos y muchos adversarios, sentencia que
hablar de una Quinta República no pasa de ser una solemne pendejada dado que, a
esta fecha y en su opinión, ni siquiera hemos tenido la primera.
Aunque de hablar pausado,
sin embargo y no lo niega, es un hombre de gesto y de palabra dura. Asienta que
está en su derecho y califica de deber el emplearla como instrumento para
sanear la sociedad y, dentro de ella, las funciones de gobierno.
Escritor y panfletista
para unos, crítico acerbo y exagerado pero inteligente para otros, va por la
calle y la gente apuesta a si se le saluda o no. No es asunto que le importe,
porque se anota entre quienes han medido y entendido la importancia de la amistad
y, por supuesto, la peligrosidad o no del adversario.
Este guariqueño
aposentado en nuestra serranía, ya lleva más de quince años advirtiendo, por la
prensa y desde el aula, que al país se lo come la corrupción. No sólo, queda
claro, la que se contrae al robo del erario público. Para este atildado
profesor de Ciencias, de la ULA, resulta más grave, perjudicial, perniciosa la
acelerada pérdida de la moral y de la ética. Es un cáncer, que avanza y se
enquista en cualquier órgano del cuerpo social.
Por supuesto, el país
vive su peor crisis. La economía está en quiebra y difícil encontrar su
solución, por lo menos inmediata. A pesar de los lanzamientos desde la lomita
de Miraflores a todos los sectores, nacionales y extranjeros, en solicitud
tanto de consejos como de dinero.
El entrevistado, de
pensamiento abierto -aunque algunos no lo admitan- recuerda que si la
improvisación abrió boquetes en la nave del Estado, la imaginación pareciera
haberse ido muy lejos, al extremo que nadie la tiene ni menos la encuentran.
Ácido, espera que la
manía presidencialista de querer ser dueño del equipo, cuarto bate y novio de
la madrina, pronto termine, porque, de no ser así, el país perdería el juego.
Entre democracia y libertad, este ensayista, cara quemada por el sol, pelo gris,
manos largas, de mirada permanentemente escudriñadora, afirma que lo uno y lo
otro desde siempre se complementan. Sólo que en los últimos cuarenta años
quienes la han conducido, antes que llevarlas juntas, las separaron y dañaron
cada una por su lado. Ahora, cuando hay gente empeñada en hacerla
participativa, cree que la democracia debe partir de cero, como si fuese
originaria, permitiendo que en su nombre se cambien muchas cosas, incluyendo
rostros e ideas
No se muestra temeroso
pero sí contrario a que en el país la espada y la bota terminan imponiéndose
sobre la manera tan alegre e irresponsable como los venezolanos vivimos; y
advierte que es tiempo ya de que el país y sus habitantes nos disciplinamos. No
hay otra manera, agrega, de repensar a Venezuela y de ordenarla para que
ingrese, sin traumas, al nuevo milenio.
Este aspirante a
constituyentizarnos -en formal campaña, con propuestas claras, solicitando el
voto al soberano-, es hombre de estricto cumplimiento de horario y compromisos.
Buena señal en una ciudad, por cierto, en donde todos culpan de sus impuntualidades
al clima. Como pensador, asimismo está consciente del papel que cada venezolano
de estos tiempos debe asumir en función del país y su futuro: mayor
responsabilidad,
Por lo pronto afirma que
en la tierra de Bolívar, donde ahora hay tanto patriota, lo cual dificulta
distinguir si lo reinante es patriotismo puro o puro patrioterismo, debe
imponerse la sensatez y el diálogo. De no ser así, lo advertimos en sus
reflexiones, advendrá la anarquía. En América Latina, explica, eso tiene nombre
y apellido: se llama guerra civil.
-
Usted lo cree así?
-Yo todavía no creo en
guerra civil en Venezuela, porque después que compraron a casi todos los
revolucionarios que se alzaron en armas en los años sesenta, y Caldera los
empleó en la Fiesta Cuatricentenaria de Caracas, esos guerrilleros se
desinflaron y se enfriaron. De hecho, las dos últimas asonadas te revelan que
si bien se justificaba una rebelión popular, fuerte, no hubo estremecimiento
más allá de los dos días tanto del 27N como del 4F.
-¿En qué fundamenta usted
tan cruda radiografía?
-Sencillamente en la
verdad. Hoy en día en Venezuela nadie se preocupa por nadie. Hay mucha falta de
coherencia y de sentido social en todas las capas de nuestra población. No
hemos tenido tradición de solidaridad social ni de lucha social. Es doloroso. Así
como te digo que aquí no hay "esperanza" de guerra civil, porque
nadie la quiere, te indico que tampoco hay valor, hidalguía ni dignidad para
enfrentar los grandes problemas sociales.
-Es decir, los
puntofijistas fracasaron. ¿A los ahora zamoranos, bolivarianos, pietistas,
radicales y chavistas les sucederá lo mismo?
- En Venezuela, como en
otros países, no se afianzó ideológicamente algún movimiento. Quizás ese
propósito lo desintegró la presencia, tremenda, del dinero fácil, el del chorro
petrolero. Aquí no hubo lucha ideológica profunda. Todos los que usted nombró,
estimado amigo, no pasan de ser puras palabras, mezcladas en un sancocho de
ideas.
-¿Una sopa de letras que
hace daño?
-Más que hacer daño,
aburre. Por ejemplo, aquí cualquiera se llama zamorano. Carlos Andrés Pérez así
se proclamó. Recuerde el homenaje que le hizo al llamado Valiente Ciudadano en
Barinas. Fiesta por cierto a la cual asistió José León Tapia. Eso no pasa de un
simple pretexto para llamarse revolucionario, más nada.
-En su opinión, ¿cuál es,
entonces, la verdadera revolución?
-La del conocimiento, la
del respeto, la del trabajo, la de la obra concreta. Esa es la única revolución
posible .Recuerde cuando Rafael Alberti viajó a México y a su llegada le
recibieron Octavio Paz y un numeroso grupo de poetas que le llevaron poemas "revolucionarios"
para que Alberti los leyera, los aceptara o los publicara en alguna revista
-“El Corno
emplumado", por ejemplo.
-Si.
¿Qué sucedió?
-Pues que al gran
Alberti, el poema que le gustó fue el de Octavio Paz, porque no hablaba de
revolución y sí del hombre y su dolor, pero de manera profunda y auténtica.
-¿En Venezuela le hubiese
acontecido lo mismo?
-Usted bien sabe que
Venezuela está llena de revolucionarios que nunca han revolucionado nada. La
mayoría, becados desde hace años por el Estado, no ha escrito una sola obra. A
pesar de haberse pervertido por estar al servicio de los más grandes macacos y
mafiosos de la nación, todavía siguen llamándose revolucionarios. Eso es
absurdo.
-¿Entonces realmente no
los hubo?
-Revolucionarios de
verdad: Jacinto Convit, Francisco Venanzi, José Francisco Torrealba, Pepe
Izquierdo. Lo han sido en el trabajo, en su producción filosófica.
-¿Mucho ruido y pocas
nueces ¿ES eso lo que hemos heredado?
-Si. Es un fracaso que
venimos arrastrando desde el siglo pasado. Aquí ocurrió un grave error que
Bolívar trató de evitar al darle fuerza al Estado. Pero como en Europa, con el
liberalismo se quería aniquilar el Estado nosotros, adelantándonos a todos, tratamos
de aniquilarlo, incluso antes de que como tal entre nosotros existiera. Y
todavía estamos aniquilándolo, pero ahora utilizando la corrupción como
mandarria.
-Y empeñados en fundar la
V República.
-Bueno, eso de primera,
segunda, tercera, cuarta y quinta son puros cuentos. Habría que preguntarle a
los "quintarrepubliqueros" quiénes fueron los primeros, los segundos,
los terceros y los cuartos republicanos. Esa es la pendejada más grande que yo
he escuchado. Tenemos una nación que, a partir de 1811, viene arrastrando toda
una serie de traumas sociales que le han impedido fundamentarse como un Estado
serio; y que, además, lamentablemente, no ha tenido gobernantes ni gobernados
que cumplan sus deberes con igual responsabilidad como la exigida para sus
derechos. Y eso sí sería una verdadera república porque, a mi entender, todavía
no hemos tenido la primera.
-¿Cuál le gustaría,
realmente? ¿La de Platón, la de Bolívar o la que pregona Chávez?
-El ideal de Platón, la
realidad de Bolívar y el desastre que ha heredado Chávez ponen de manifiesto
una cuestión puntual: sólo el trabajo y el pensamiento pueden hacer que un
grupo de hombres refunde una sociedad más justa, donde se pueda vivir ordenada
y equilibradamente. Lo que deben hacer es crear la república del trabajo, la
república del respeto y la república de la solidaridad entre todas las clases
sociales y una de las cuestiones fundamentales que propugna el Libertador y que
nunca pudo ver concretadas: la revocatoria de todos los privilegios.
-Para que ese anhelo no
siga siendo una utopía, habrá que organizarse y disciplinarse.
-Una de las cosas
esenciales que uno aspira es que la gente pueda organizarse, producir y
administrar sus propios recursos; además de exigir educación, salud y sobre
todo mantener la solidaridad. Por eso la verdadera organización social debe
surgir de abajo y con fuerza reclamar justicia. Para impedir, por ejemplo, que
cualquier funcionario, delincuente ante los ojos del mundo, sea designado en un
puesto de importancia.
-La solidaridad se pierde
con igual velocidad que la ética y la moral. ¿Sobre cuáles bases descansará la
Venezuela decente, en lo adelante?
-El hombre honrado y
trabajador ya no quiere mezclarse en los problemas de la administración del
Estado, porque lo espantan la estridencia, el desparpajo, la vulgaridad para
negocios y el descaro allí reinante para malversar los dineros públicos. Esa es
uno de los daños más graves que la política le ha hecho nuestro país.
-¿Panfletario, Pío Gil,
Sanín o el Arrechedera de los años 90?
-Soy amable por
naturaleza, pero la verdad es que la política me ha convertido en un hombre
arrecho. He tenido que vivir indignado como igual debe haberle sucedido a usted
por tanta injusticia que nos rodea.
-Cite un caso.
-El observar a un
mediocre, a un imbécil o a un tarado dominando el escenario de una Universidad
o de un Instituto autónomo y no hay Cristo que lo pueda remover. Y lo peor es
que ese señor, erigido allí en mandamás, sea quien decida sobre nuestras vidas y
sobre todo el mundo que nos rodea cometiendo, encima, toda clase de exabruptos
y barbaridades.
-¿Acaso visceral con el
enemigo?
-A pesar de que soy duro
y digo cosas duras, no albergo odio contra nadie. Puedo haber criticado a una
persona pero no me la planteo como enemiga. Digo la verdad, sí, y esa verdad
creo que debe ser recogida por quienes están atentos a la evolución del país.
Por la verdad murió Cristo. Tengo un sentido de la verdad que me obliga a
gritarla: es como si llevara esa obligación en la sangre. A lo largo de quince
años se la he dicho a tirios y troyanos, pese a quien le pese. Por ejemplo,
cuando critiqué a obispos, rectores y gobernadores me acusaron de mercenario,
de cobrar por decir verdades. Ello porque la gente se ha acostumbrado en
Venezuela a ser borrega y atacar sólo cuando existe un interés de por medio.
-¿Por eso en Mérida se
emplea tanto la guerra sucia, la calumnia, la injuria y el anónimo?
-El anónimo es la cosa
más detestable que pueda existir. Debo aclarar: tengo un seudónimo. Por cierto,
hubo un profesor ignorante de la historia, aunque es historiador, que
confundiendo seudónimo con anónimo, escribió un largo artículo en contra mía.
Yo registré este seudónimo, el de José Sant Roz, para que no se me confundieran
con otros José Rodríguez; un nombre muy común.
¿Solo por eso?
- Porque de las cosas muy
duras que yo decía culpaban a unos señores que nada tenían que ver con mis
afirmaciones y, por igual, me achacaban alguna que otra cosa que a mí me
parecían tonterías dichas por ellos. El "Sant" es por Santa María.
-¿De Ipire? ¿En el
Guáríco?
- Sí. Santa María de
Ipire, donde nací. El "Roz" es una abreviación de Rodríguez. Con ese
seudónimo he publicado muchos libros e infinidad de artículos. Pero los libros
de matemáticas, que también he publicado, llevan mi nombre verdadero: José Rodríguez.
-¿Por qué?
-Porque ahí no tengo
ningún problema.
-Raro que no pensó en
utilizar, siendo maestro, el de "Samuel Robinson".
- Porque ya existía.
-Pero ese
"Robinson" por igual enseñó a sumar, restar, multiplicar, dividir
como a crear naciones. .
-Sí, es cierto. Pero
cuando a ese "Robinson" le recordaban haber sido el maestro del
libertador; aclaraba tener, además, muchos otros títulos.
-¿Y usted tiene muchos
amigos, Sant Roz?
-Pocos, realmente. Tengo,
sí, personas que me aman, No que me admiran. Me interesa ser amado, no
admirado. Esos pocos amigos son los que han mostrado una profunda
identificación con lo que siento, con lo que escribo y con lo que hago. Es algo
dictado por el destino.
-La balanza, entonces, la
inclina el gran número de adversarios.
A lo mejor. Los tengo, y
muchos, pero la mayoría al final dejan de serlo; desaparecen con el tiempo. Si
bien se molestan hoy, sin embargo mañana no mantienen su posición y los ves por
ahí cabizbajos y retirados de lo que sostenían ayer. Por mi parte sostengo lo
que escribo y por lo que luchó. Creo que moriré así.
-¿Por qué matemático?
-Desde la escuela y el
liceo de todas las materias fue la que más me gustó. Creí en primaria, luego en
bachillerato, porque sacaba buenas notas y tenía algún talento para las
matemáticas. Aunque después descubrí que no lo tenía comparado con las verdaderas
luminarias que conozco aquí en la ULA y en Venezuela. Lo poco que he conocido y
aprendido de esta ciencia me apasiona. Eso no quiere decir que la matemática
esté en contradicción con el conocimiento de la literatura, de la Historia o de
los problemas sociales. En política dos y dos son tres, a veces cinco, nunca
cuatro. Porque de la política, que no es una ciencia exacta, puede esperarse
cualquier cosa. La política es un continuo debatir en donde el hombre pone su
pasión y donde hay unos principios que por lo general ni se cumplen ni
respetan. Lo que uno aprende de la política, cuando realmente se entrega con
sinceridad a ese ejercicio, es a conocer más de las debilidades o
potencialidades del hombre.
-¿Usted vive de la
matemática o vive de la literatura?
Mi pasión, sin duda, es
la literatura, pero si me dedicara a vivir de lo que escribo, resultaría de
verdad difícil. No cobro absolutamente nada por lo que publico en la prensa.
Cumplo con mi deber de profesor de matemática, dando clases, realizando investigaciones
y he publicado alrededor de cinco libros sobre la materia. En realidad de eso
vivo.
-¿Alguna diferencia entre
usted y su hermano Argenis, que también es escritor?
-Comparado con Argenis no
soy nada. Argenis es un intelectual nato, un gran pensador, un novelista.
-¿Quijote o Sancho?
-Quijote. Sancho era más
práctico. Y yo no lo he sido. No tengo bienes de fortuna. Vivo con lo poco que
gano. Nunca he utilizado el escaso talento que tengo para obtener cargos
notables, aunque muchos me han ofrecido. Hasta hoy, a lo único que me he postulado
es a la Constituyente, cargo que apenas durará seis meses.
-¿La pluma o la espada?
- Fundamentalmente la
pluma. No soy plumífero, aclaro, que viva resolviendo las cosas con retórica.
Lo de la espada es una necesidad en su momento. No he sido hombre de admirar a
los militares. Confieso admiración profunda por la posición militar de Bolívar
que fue en él una necesidad y gracias a la espada nos dio la libertad, porque a
fuerza de pluma hubiese resultado imposible.
-¿Le negarías agua al
enemigo?
-Algunos dicen que yo soy
un desadaptado social. No les quito razón en el sentido de que no acepto la
sociedad tal cual como está. Otros dicen que soy un resentido, que me regodeo
en la crítica por las críticas Creo que la gente debe sustentar la crítica,
porque si tengo 15 años criticando injusticias con la dureza y fiereza con que
lo hago y al presente no he sido desmentido, quiere decir que alguien tenía que
asumir esa tarea y cumplirla.
-¿Cree haber sobrepasado
ya las fronteras de la utopía para adentrarse en un país real?
-Al haber encontrado
alguna respuesta en el medio social, donde hay gente que lo respeta y lo acepta
a uno en el papel de luchador por toda clase de reivindicaciones, creo que sí.
Utópicos seguiremos siendo, sin embargo, porque habrán cuestiones específicas
que nunca se solucionarán tal como aspiramos y como deben ser resueltas. Hay
que poner los pies sobre la tierra y entender que cuesta mucho concretar los
sueños.
-¿Maquiavelo o Freud?
-Los dos son
interesantes: Maquiavelo encontró las reglas básicas entre las cuales debían
moverse los hombres cuando se encargan del Estado. Freud es el pensador que nos
Iluminó sobre traumas Internos y morales que todos preferíamos dejar de lado.
Por eso califico de grandiosos los aportes que los dos le hicieron al hombre, a
la ciencia, a las sociedades y a las naciones.
-¿Hitler, Chávez,
Clinton?
-Me quedo con Chávez, un
mulato venido de la clase menos que media, con un carisma político natural que
a fuerza de perseverancia logró imponerse prácticamente solo contra los
partidos y romper con una situación política dominada por dos grandes partidos
durante más de medio siglo. Si bien Chávez tiene mucha garra como político,
nadie sabe cómo, cuándo, dónde ni en qué irá a terminar su ansiedad por
transformar esta sociedad: De momento no me parece que lo esté haciendo bien.
Pero se le debe reconocer que representa mucho el sentido auténtico de los
venezolanos.
¿Cree que está pichando
bien desde Miraflores o se quiere convertir en dueño del equipo, cuarto bate y
novio de la madrina?
-Como dice William
Izarra: conocí a Chávez pero no al presidente. Desde que está en el poder no
hay manera de acercarse. Está hablando y dejando hacer mientras el país de hoy
se encuentra en peores condiciones que el recibido ayer. No sabemos si la Constituyente
en realidad terminará siendo el gran despegue. Chávez tiene en sus manos todas
las decisiones nacionales, pero a la fecha no ha adoptado alguna que pueda
traducirse en un relanzamiento del país. No se nota ningún cambio. Sólo un
hombre que dice verdades pero que no actúa.
-Tres tiempos: la Liberal
Restauradora, la Democracia Puntofijista y la V República por venir.
-Me anoto con lo que se
avecina. La Restauradora acabó con el trauma de las guerras civiles entre
conservadores y liberales y pacificó la nación, lo cual debemos agradecérselo a
Cipriano Castro y a Juan Vicente Gómez por lo menos, pero terminó convertida en
dictadura. La democracia puntofijista, fracasó estruendosamente. Como a la V
República no la vislumbramos todavía, es bueno advertirle a Chávez que está
rodeado de muchas sabandijas; que está unido a muchas sabandijas, repito, y que
ha sido él mismo quien las ha buscado
-En quién confía más, ¿en
la espada o en la cruz?
-Seré sincero: no me
gusta la hipocresía empleada por la Iglesia cuando, al defender sus intereses,
utiliza a los pobres para que le carguen la cruz. Tampoco me gusta la espada,
porque la espada representa la fuerza, la soberbia, la petulancia y el endiosamiento,
cuestiones que yo rechazo por naturaleza.
-Defina democracia y
dictadura.
-Aquí se habla de
democracia y quienes más dicen defenderla son unos bandidos, que la usan y te
usan cuando están gobernando pretendiendo, además, se les acate todo lo que
digan. En conclusión, la democracia es la dictadura de los idiotas. La
dictadura es el régimen que hace a los hombres bestias.
-Muy dura aseveración.
Que la creo totalmente
cierta. Sucede así porque, al tener todo el poder y no haber quien los critique
ni dios que se les oponga, quienes así actúan terminan siendo bestias. Por eso,
lo más triste es un pueblo sometido a una dictadura.
--¿Dónde se ubica el
centro, derecha, izquierda?
-Yo, que nunca pertenecí
a un partido político, sin embargo soy de izquierda, pero no como se entiende
en Venezuela, donde ahora nadie quiere ser de izquierda, ni siquiera Chávez,
sino como lo entienden los revolucionarios europeos.
-En la cabecera, ¿La
Biblia, Mi Lucha y también El Capital?
-Leo La Biblia y leí Mi
lucha, no he leído realmente El Capital. Entiendo que Marx le sacó las cuentas
al capitalismo y aunque soy matemático, para ese tipo de cuentas soy muy malo.
-¿Para ese tipo de
cuentas solamente?
-Para ese tipo de
cuentas, solamente.
-¿Quién es más
bolivariano: José Rodríguez o Sant Roz?
-He escrito varios libros
sobre Bolívar. Uno de ellos lo prologa Ramón J. Velásquez, Virgilio Tosta y
Eloy Chalbaud: No es ahora que he salido a hablar del Libertador. Desde hace
más de 20 años me he dedicado a la investigación bolivariana.
-Hay muchas voces
advirtiendo sobre la posibilidad de un totalitarismo, y miedo porque ya se
inició la militarización.
Chávez me parece una
persona muy contemporizadora como para volverse dictador. Además, ya le está
cayendo simpático a los inversores y cuando eso sucede es porque no tiene la
garra ni el coraje para hacerse dictador. Un hombre que fue a los EEUU, jugó pelota
y se portó muy simpático con los dueños del gran capital no puede regresar a
Venezuela y hacer la morisqueta de un golpe de estado. Con esas cosas no se
juegan.
-Pero si hay mucha
improvisación.
-En Venezuela, toda la
vida hemos sido todos unos grandes improvisadores. Venezuela es un país de
improvisaciones. Chávez llega y tiene que echar mano de lo poco que tiene a su
alrededor.
-¿Quiénes?
-Nosotros, los
venezolanos, somos los reyes de la improvisación. Habrá que llegar a un gran
acuerdo para organizarnos porque no será Chávez quien va a organizar esto, ni
su mano, ni su presencia, ni su égida lo que le dará una nueva orientación al
país. No. Vamos a tener que hacerlo nosotros mismos, para convertir la actual
en una nueva Venezuela.
-¿Por ello hay que
marchar rápido hacia una constituyente y apurar la construcción de la quinta
república?
-Ya la gente está
entendiendo la necesidad de la Constituyente. En un comienzo a ese proceso se
le entendía simplemente como el de quitar leyes para sepultar el pasado y poner
nuevas leyes para arreglar el país en función de esa nueva Carta Magna, pero gobernantes
y gobernados obligándolos a respetarla y cumplirla, no vaya a suceder lo mismo
que ocurrió con la del 61: que fue violentada en toda instancia por unos pocos
en perjuicio de la mayoría.
-Y si por decisión del
soberano, los ahora malos resultan mayoría frente a los ahora
"buenos", ¿qué pasaría?
-Recuerde lo que ocurrió
en la Gran Convención de Ocaña, en 1828. Se disolvió porque los bolivarianos se
fueron; rompieron el quorum y Bolívar, al quedarse solo sin lenguaje político,
tuvo que asumir la dictadura. No sé si ese escenario pudiera repetirse aquí
cuando los chavistas, viendo que son minoría, se retiren y no le dejen a Chávez
otra opción que la dictadura.
-¿Por qué decidió pedirle
el voto al ciudadano?
-¿Al soberano Chávez?
-Creo que no ha llegado a
ser rey todavía, me refiero al pueblo.
-Pienso que uno tendría
una especie de mínimo poder, como ciudadano, en una magna asamblea, para exigir
cambios sociales en virtud de lo que yo he denunciado y por lo cual he luchado
en Mérida: el permanente daño al medio ambiente y las innumerables injusticias
y barbaridades sociales que a diario se cometen imponiéndose contra la razón,
la decencia y hasta el sentido común. Voy con el sueño ver si es posible que
uno pueda crear alguna clase de rectificación social, sin partidos políticos,
sino a través de las propias comunidades.
-En concreto, ¿qué lleva
a la Constituyente?
-El poder revocatorio de
mandatos y privilegios.
-¿A cualquier nivel?
-A cualquier nivel. Desde
el mandato del prefecto hasta el del Presidente de la República
-¿Pasionario?
-Sí. Pongo mucha pasión
en lo que hago. Es mi manera de vivir con autenticidad.
-¿Una voz en el desierto,
tal vez?
Probablemente. Quizás are
en el mar. Pero a lo mejor uno está signado a llevar esta clase de vida hasta
el final.
A José Rodríguez, un
guariqueño nacido en Santa María de Ipire, estado Guárico, quizás sólo le teman
sus alumnos en la Facultad de Ciencias de la ULA, donde enseña matemáticas. En
cambio, a José Sant Roz tirios y troyanos le escurren el bulto temeroso de caer
en su pluma, que la blande como espada contra toda clase de corrupción y de
injusticias. A pesar de saberse un hombre amable por naturaleza, sin embargo
confiesa que la verdad de la política lo convirtió en un hombre arrecho.
Este foro fue publicado
originalmente en Frontera, en su edición del lunes 21.06.99