Mi vocación mediática por Rafael Augusto López
Estudiaba quinto grado en el Grupo Escolar Rafael Antonio Godoy de la ciudad de Mérida cuando le propuse a mi condiscípulo Livio Arcángel Peñaloza Fernández que le solicitáramos al director, el profesor Enrique Arias Dugarte, o en su defecto al subdirector, el profesor Rubén Volcanes, o a la subdirectora, la profesora Elsy Espinoza Robaseti, que nos permitieran transmitir a través del equipo de sonido del plantel los juegos intercursos de voleibol.
Aprovechamos un momento en que las tres autoridades estaban reunidas y formulamos el planteamiento, el cual fue aprobado por unanimidad. El fin de semana se realizaron dos encuentros y comenzamos con la narración y los comentarios de los juegos, lo que constituyó todo un acontecimiento entre nuestros compañeros estudiantes. El acuerdo que hicimos Livio y yo era que en un juego él narraba y yo comentaba y en el siguiente yo narraba y él comentaba. Al año siguiente, es decir, cursando el sexto grado transmitimos un juego que estuvo demasiado emocionante y yo, al fin muchacho, como para destacarme expresé: Estamos transmitiendo desde la cancha Henry Torres por su emisora “YVC un coñazo y venga por otro”, la censura fue automática, nos apagaron el equipo de sonido y me suspendieron indefinidamente, Livio sí pudo continuar.
En el año 1962 me inicié en Radio Universidad, como ayudante de Rigoberto Henríquez Vera, que dirigía y conducía el programa La Voz del Pueblo una vez a la semana y que era el medio radial de Acción Democrática. Posteriormente, ingresé como corresponsal en el programa Mundo Deportivo que conducía Rómulo Navas. Me correspondía visitar las instituciones educativas y a la hora del programa, que comenzaba a las 6:00 de la tarde, llamaba por teléfono y daba los resultados de los encuentros deportivos que hubiesen tenido lugar o reseñar alguna actividad que se hubiera realizado o por realizarse que tuviera que ver con el mundo del deporte; una vez a la semana yo acudía a los estudios, que estaban ubicados en un edificio que quedaba al comienzo de las escaleras hacia el barrio Pueblo Nuevo con la avenida 2 Lora. Al tiempo, Gustavo Pérez comenzó un programa llamado El Deporte a la Semana y me invitó para que hiciera el programa con él los días sábado, en el estudio. Allí estuve durante algún tiempo en ambos programas, hasta que un día en el programa Mundo Deportivo, al finalizar el reporte telefónico para despedirme, dije: Este reporte llegó a ustedes con el patrocinio de “Dovilla que maravilla”, que era un almacén de venta de trajes y demás prendas para caballeros. Hasta ese día pude utilizar los micrófonos de Radio Universidad, pues su director el Sr. Don Leonardo Páez Maldonado, de nacionalidad ecuatoriana, un caballero en toda la extensión de la palabra, sumamente culto, con una capacidad gerencial excepcional y con mucho carácter, me dijo: usted ha cometido una grave violación del reglamento de Radiodifusión y ha podido acarrearnos una fuerte sanción, por lo tanto, usted no puede formar parte de ningún programa de esta emisora. La infracción fue que yo, sin tener certificado de locutor por ser menor de edad, había hecho una publicidad. Por cierto, no puedo dejar de recordar a quienes en distintos roles conocí en la emisora, Ramón Rivas Mendoza, Germán Corredor, Juan Parejo Marrón, el bachiller doble R (Ramón Reinoso Núñez) Ramón Rivas Jerez, Toñita Agreda Hernández, J. J. González Patiño, Salvador Miranda, Juan Manuel Fernández, Arcadio Pérez, Fernando Rivero, Betty Álvarez Castillo, Julio César Camacho (que manejaba el teletipo de las agencias de noticias y cada vez que había información importante la seleccionaba y la entregaba al locutor de guardia)
En 1993 mi hermano Germán y su socio, el ya fallecido Hender Ramírez, lograron la concesión de una emisora en Mérida en la frecuencia 94.3 FM y distinguida como Radio Globo. Como acababa de terminar mi período como diputado a la Asamblea Legislativa, me propusieron que asumiera la dirección de la emisora. Efectivamente, me puse al frente del proyecto y el 10 de agosto de 1993 salimos al aire, con una programación innovadora. Vale la pena destacar el programa Tu Grafiti en Globo, que tenía como propósito que no se rayaran las paredes, sino que, durante seis horas, cualquier persona podía llamar a la emisora y lo que pensaba escribir en la pared, lo decía al aire. El espacio enganchó a la mayoría de los chamos y efectivamente bajó la proliferación de grafitis en las paredes de la ciudad. Seguramente usted llegó a escuchar el jingle que decía: “Radio Globo escucho yoooo”. Nos instalamos frente al Parque Las Madres, frente a la pista del aeropuerto Alberto Carnevali, conformamos un equipo realmente maravilloso. En la presidencia Germán López; en la vicepresidencia Hender Ramírez; director: este servidor; gerencia general: Norma Carnevali; en la secretaría Zenobia Zambrano y Auxiliadora Viloria; en logística, Francisco (Paco) Calderón; en publicidad, Carlos Eduardo López; en programación, Carlos Páez Casique; operadores: Marcolina Castillo, Euman Meneses, Alejandro Viloria, Alexander Uzcátegui; locutores, periodistas y demás personal: Eugenia Adams, Paco Benmaman, Alonso Molina, Jorge Villet Salas, Tony D’Weistman Colmenares, Douglas Guillén, Fabiola Calderón, Omar Peña, Yraides Zerpa, Adolfo Hita, Juan Carlos Toro y Valmore Gómez, que hacía el programa infantil en el Parque Las Madres y se llamaba Cada niño un globo; Jairo Duarte, Jesús (Cuchumino) Parada, Arelis Chacón, Javier Zerpa, Mariebe Calderón, Frank Andrade, José Javier Carroz y seguramente otros cuantos, pero no recuerdo. El asesor general fue Alejo Portal.
A mediados de 1995 renuncié a Radio Globo y presenté a monseñor Baltazar Porras Cardozo el proyecto para producir y conducir un programa de opinión denominado La Esquina Caliente. Le pareció bien y me pidió que hablara con el licenciado Nelson Aguilera, quien me dio todas las pautas y desde ese día lo llamo “El jefe”. El 28 de septiembre de 1995 salió al aire por primera vez La Esquina Caliente, tutelado por la licenciada en Comunicación Social Maribel de Añez, luego Ana Teresa Salas, después Lenny Aldana, de quienes aprendí mucho y a quienes le estoy eternamente agradecido, pues me enseñaron a gatear, a caminar y luego a correr solo. En el año 2000 me cerraron el programa y comencé uno en Radio Globo de Acarigua, gracias a la generosidad de mi hermano Luis Américo. Viajaba 3 días a la semana ida por vuelta, a menos que hubiera algo muy importante que atender me quedaba allá. Después mi amiga Yolanda Briceño de García me convenció para que reactivara La Esquina Caliente en su canal OMC TV, que después fue adquirido por César Lobo Lacruz y sus hijos. Allí estuve varios años, luego fui a ULA TV y posteriormente regresé a mi casa de inicio, la Televisora Andina de Mérida (TAM, constituyéndose en una marca La Esquina Caliente. De tal manera que mi vocación mediática comenzó desde muy temprano, se ha mantenido y cada día siento más pasión por este oficio que es único, incomparable, placentero y de alto riesgo.
Lamento que al cumplir 30 años La Esquina Caliente esté fuera del aire, tanto en la televisión como en la radio. Pero seguro estoy de que en poco tiempo estaré frente al micrófono y las cámaras haciendo lo que más me gusta, sin limitación alguna. En mis memorias mencionaré a quienes me acompañaron en las televisoras y unas cuantas anécdotas. Desde esta columna seguimos corriendo el riesgo y espero que el próximo sábado me puedan leer. Hoy solo me queda espacio para rendir homenaje a mis amigos y colegas locutores Jorge Arellano y Jesús (Chino) Adán, fallecidos esta semana. A todos sus familiares, mi abrazo solidario.