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Por Padre Edduar Molina E.

Desde mi Parroquia

Los dos nuevos santos y la Mérida serrana por Padre Edduar Molina E.



Desde mi Parroquia

Los dos nuevos santos y la Mérida serrana por Padre Edduar Molina E.

La “reserva espiritual de Venezuela”, como llamó san Juan Pablo II a nuestra Mérida en su primera visita al país (1985), recibió con su genuina cordialidad y destacada atención a los recién elevados a los altares, el trujillano Dr. José Gregorio Hernández y la caraqueña Madre Carmen Elena Rendiles.

Ambos nos dejaron su legado y honda huella de servicio y testimonio de vida en estas montañas andinas, como lo resaltó el Papa León XIV en la homilía de sus canonizaciones, ellos: “No son héroes, o paladines de un ideal cualquiera, sino hombres y mujeres auténticos. Son carismáticas fundadoras, como sor Carmen Rendiles Martínez; son bienhechores de la humanidad con sus corazones encendidos de devoción, como José Gregorio Hernández Cisneros”.

Nuestro santo José Gregorio Hernández vivió en tiempos en los que Trujillo pertenecía a la gran Diócesis de Mérida, que abarcaba la totalidad de Los Andes venezolanos, por lo que es considerado hijo de esta tierra, de niño fue confirmado en 1867 por Monseñor Juan Hilario Bosset, octavo obispo emeritense, en una de sus visitas pastorales a Escuque. 

Según investigaciones del Dr. Fortunato González, su primera visita a la Mérida serrana tiene lugar el 27 de diciembre de 1888, luego de celebrar la Navidad en Isnotú con su familia, emprendió viaje a San Juan de Colón, con el sueño de intentar instalar su consultorio médico en tierras del norte tachirense.

 

Emprende la ruta del páramo ascendiendo desde Mucuchíes hacia Mérida, a la que llegan cerca del mediodía a la casa de su amigo escuqueño José Ignacio Lares, quien hospeda a tan ilustre visitante los días que permanece en la ciudad. Es la hermosa casona de la hacienda “La Isla”, entre los ríos Albarregas y Milla. Permanece en la ciudad desde el 27 de diciembre de 1888 hasta el 2 de enero de 1889, cuando sale por la ruta del Valle del Mocotíes hasta la Grita, para llegar a San Juan de Colón.

 

La Mérida que conoció el Dr. José Gregorio Hernández tenía unos 6 mil habitantes. Se extendía desde la plazoleta de El Humilladero o Cruz Verde de Milla hasta la plaza de El Llano. La Universidad de Los Andes tenía entonces las Facultades de Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas, Filosofía y Ciencias Médicas.

 

Como hombre de misa diaria, seguramente el Dr. José Gregorio Hernández participó del Santo Sacrificio, visitó al señor Obispo Monseñor Román Lovera, al Rector de la Universidad de Los Andes, Dr. Caracciolo Parra y Olmedo, su paisano de Trujillo, y a varias dependencias universitarias. Se interesó por los estudios de Filosofía, Derecho y Medicina.

El 31 de diciembre el entonces presidente del Gran Estado de Los Andes, Dr. Carlos Rangel Garbiras, ofrece un baile de gala, por Año Nuevo, al que asiste nuestro ilustre visitante. Dice de ella José Gregorio Hernández en carta a su amigo Santos Dominici lo siguiente:

 

“Estuvo mui bueno el baile, y yo me divertía viendo la gente de por acá, tan sumamente distinta en modales, educación, modas etc., de la de por allá. Cuando sonó el primer segundo del año yo estaba solo en un mecedor en uno de los salones, y, como de costumbre, mi pensamiento se convirtió en oración en ese momento… y pasaron rápidamente por mi imaginación todos los sucesos que me habían agitado durante esa época feliz; y si no hubiera sido que unos jóvenes vinieron a saludarme, habría con gusto pasado el resto de la noche en esa revista dulce y juntamente triste del tiempo que ya se fue.”

 

De la visita a Mérida, además de los comentarios epistolares con el Dr. Santos Dominici, se sabe de su influencia en la determinación del gobierno de enviar a Mérida al Dr. Diego Carbonell como Rector de la ULA en 1917, quien impulsó la modernización de los estudios de Medicina en nuestra universidad. Y la carta que dirige a Monseñor Silva mediante la cual le ofrece uno de sus libros “Elementos de Filosofía”, para que además le hiciera sus comentarios como conocedor de la ciencia filosófica. Carta que se conserva intacta en nuestro Archivo Arquidiocesano.

 

Por su parte, nuestra santa Madre Carmen Rendiles fue nombrada Superiora Provincial de las hermanas Siervas de Jesús en 1951 con una misión muy clara, promover una educación de calidad, bajo la orientación de la filosofía de la Iglesia Católica, para dar respuesta a la siembra de valores humanos y formación académica.

Muy lejos de Caracas, un merideño soñador e impulsor de grandes obras, el presbítero José Ignacio Olivares en el año 1954 funda un colegio en el pueblo de Santiago de La Punta, construido con el esfuerzo de los vecinos y regentado por los laicos comprometidos con la educación.

 

Llegan noticias a Mérida de la obra en Caracas de la Madre Carmen y su Congregación Religiosa, por lo que el Padre Olivares, decide solicitar el apoyo a la Madre Carmen Rendiles para que venga a Mérida a fundar y asuman la catequesis y la formación religiosa de sus niños.

 

Es así como el 28 de diciembre de 1954, las hermanas, entre ellas madre Carmen Rendiles Martínez, fundaron la congregación Siervas de Jesús en Mérida, en compañía de las hermanas María de Las Nieves Soto Aponte, María Josefina Guerrero y María Elizabeth Hincapié, encargándose de la escuela del Padre Olivares. Atendió de sus inicios los seis grados de la educación primaria.

 

El 1 de enero de 1955, la madre Carmen Rendiles anuncia la aprobación de la comunidad religiosa Sierva de Jesús en Santiago de La Punta de Mérida, y el 6 de enero de 1955, en compañía de otras religiosas, llega a La Parroquia siendo recibidas por las autoridades civiles, sacerdotes y el arzobispo de Mérida, Monseñor Acacio Chacón Guerra para dar apertura, en una vieja casona con extensos patios, perteneciente a la curia.

 

La mayoría de sus habitaciones fueron utilizadas como salones de clase, años, después se hizo posible acondicionar estos espacios al proceso de la enseñanza.  El 7 de enero de 1955 la madre Carmen Rendiles apertura a las actividades del colegio y nombra todo el equipo académico, recibiendo a niñas de las periferias de la ciudad, de otros estados vecinos y de otras en orfandad, como internado femenino, siendo atendidas como en un verdadero hogar.

 

La confianza el amor a Jesús sacramentado, le permitieron vencer obstáculos y proseguir esta buena obra que se ha sostenido en el tiempo. Hoy con gran alegría el Colegio El Rosario continua su semilla formadora de generaciones útiles al servicio de la humanidad.

 

San Juan Bosco decía que la santidad es hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria. Pidamos a nuestros santos venezolanos para que intercedan cada día por una educación de calidad y una salud integral que humanice y dé vida en abundancia a nuestra Venezuela.

 

Mérida, 24 de octubre de 2025