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En tiempos de crisis, sus historias nos recuerdan que la fe puede ser fuerza, que lo inexplicable puede ser esperanza y que lo divino puede manifestarse en gestos simples: una oración, una estampita, una lágrima de gratitud

Milagros con sello venezolano: el camino a la santidad de Carmen Rendiles y José Gregorio Hernández

Las historias de los milagros atribuidos a la intercesión de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles no se leen en libros de medicina y son explicados a la luz de los tratados teológicos. Son relatos vividos, sentidos y narrados hasta con lágrimas y la gratitud por quienes aseguran haber sido tocados por una intervención sobrenatural



Milagros con sello venezolano: el camino a la santidad de Carmen Rendiles y José Gregorio Hernández

En un país donde la fe se convierte en refugio para los fieles frente a la incertidumbre, dos figuras han trascendido en el tiempo, el espacio y la devoción popular: el doctor José Gregorio Hernández y la beata Carmen Rendiles.

Este 19 de octubre, Venezuela celebra la canonización de ambos venezolanos en Roma, Italia, un acto que no solo honra sus virtudes teologales de fe, esperanza y caridad; sino sus vidas ejemplares cuyos milagros atribuidos a su intercesión confirman la intervención divina, según los creyentes y la doctrina de la Iglesia.

Son historias que no se leen en libros de medicina. Se explican a la luz teológica. Son relatos vividos, sentidos y narrados con lágrimas y gratitud por quienes aseguran haber sido favorecidos por la intervención sobrenatural.

José Gregorio Hernández: un médico que sigue sanando

Desde su trágica muerte en 1919, José Gregorio Hernández ha sido llamado santo. En vida se le conoció como “el médico de los pobres” por el fruto de su servicio a los más necesitados.

Su imagen, con sombrero y maletín, está presente en miles de hogares, hospitales y altares improvisados, pero, más allá de la devoción, hay dos milagros que lo llevaron a la canonización; en un proceso que inició en 1949.  

El primero fue el de la niña Yaxury Solórzano Ortega, que cuando tenía 10 años, recibió un disparo en la cabeza durante un intento de robo en un camino rural del estado Guárico, en marzo de 2017. La bala le causó fractura en el hueso parietal derecho, edema y aire en la cavidad craneal.


Era un médico lleno de ciencia y de fe que supo reconocer en los enfermos el rostro de Cristo y, como buen samaritano, los socorrió con caridad evangélica

Papa Francisco

La niña logró sobrevivir al recibir atención médica, pero el diagnóstico no fue nada alentador: quedará con graves secuelas neurológicas. No podrá hablar, caminar ni sostener un lápiz en la mano. Los médicos la desahuciaron.

Aferrada a la fe, su madre colocó una estampita de José Gregorio sobre la cama donde reposaba su hija y comenzó a rezar. Contra todo pronóstico médico, la niña despertó, habló y caminó, a los cuatro días de ser operada. Lo que para el hombre es imposible, Dios lo hace posible.

Los estudios médicos no encontraron explicación. En tres semanas, fue dada de alta sin ninguna discapacidad. Para su familia y para la Iglesia fue un milagro de Dios atribuido a la intercesión del médico de los pobres.  

En 2020 el Vaticano aprobó este caso y  la beatificación del médico venezolano en abril de 2021.

«Era un médico lleno de ciencia y de fe que supo reconocer en los enfermos el rostro de Cristo y, como buen samaritano, los socorrió con caridad evangélica», dijo el papa Francisco tras el rezo del Regina Coeli el 2 de mayo de 2021.

Ocho días de oración

Un segundo milagro atribuido al beato José Gregorio Hernández en febrero de 2025 fue en un joven venezolano, residente en Estados Unidos, se enfrentó a una enfermedad degenerativa que lo mantenía en silla de ruedas y comprometía su vida cerebral.

Su diagnóstico era devastador: fallas multisistémicas, órganos colapsados y daño cerebral irreversible. Luego de una novena dedicada al doctor Hernández, comenzó a recuperar movilidad, a los ocho días de continua oración.


Sentí que alguien me levantaba

Joven venezolano, residente en Estados Unidos, a quien José Gregorio Hernández le concedió el milagro de su sanación

Sus parientes contaron que el paciente pudo visualizar en dos oportunidades la imagen de José Gregorio Hernández durante la estadía en el centro médico.

«Sentí que alguien me levantaba», dijo según reseñaron al momento de su sanación. Hoy camina con normalidad.

En junio de 2022, un tribunal de la Arquidiócesis de Miami, en Estados Unidos, concluyó la fase de investigación de este caso afirmando que «no había explicación científica para la curación del hombre».

Aunque no fue necesaria su comprobación, porque el Papa Francisco de feliz memoria, ya había autorizado su canonización omitiendo el segundo milagro por la fiel devoción indiscutible que atribuye a él infinitos favores. Santo de pueblo.

Carmen Rendiles: la madre que escucha

Carmen Rendiles nació sin un brazo, pero nunca sin propósito. Fundó la congregación Siervas de Jesús en Venezuela y dedicó su vida al servicio, la oración y la formación espiritual. Su humildad y fortaleza la convirtieron en un ejemplo de santidad cotidiana.

Un milagro concedido a la médica cirujana Trinette Durán de Branger la convirtió en beata el 18 de diciembre de 2018. Luego, el 31 de marzo de 2025, fue declarada santa por la iglesia católica, al aprobarse un segundo milagro. Este era el último requisito que faltaba para su canonización.

Trinette Durán de Branger se disponía a operar a un paciente cuando una descarga eléctrica le inmovilizó su brazo derecho el 20 mayo de 2003.

 Durante dos meses soportó fuertes dolores, pero más allá de los padecimientos físicos, había un riesgo que le preocupaba: no seguir ejerciendo su profesión de médico cirujano.

Los 21 médicos que la revisaron coincidieron en que debía operarse. Era necesario hacer una incisión desde la mano hasta la axila. Esa herida resultaba traumática para la doctora Durán de Branger, así como sus consecuencias, ya que es amante de las pinturas, la escritura y las plantas.

El 18 de julio llegó a la clínica para finiquitar los detalles de la intervención; no obstante, cambió de planes, abandonó el lugar y se fue al Colegio Belén de las Siervas de Jesús en Caracas.

En la iglesia del colegio, se topó con la tumba de la Madre Carmen.  Luego, siguió su camino hacia el altar del Santísimo y, casi recostada sobre él, extendió su brazo para pedir por su sanación.

Una religiosa la miró y la invitó a uno de los cuartos donde acostumbraba descansar la Madre Carmen, convertido hoy en un oratorio. Fue así como conoció a la hermana San Luis, a quien llamaban santa. San Luis se arrodilló y empezó a orarle a Dios, entre lágrimas.

«Carmen te va a curar tu brazo, va a interceder», afirmó la monja, mientras sobaba la extremidad de la doctora.

Aquella aseveración vino acompañada de un compromiso. La doctora Durán tenía que pintar un cuadro de la Madre Carmen. La hermana San Luis y la doctora Durán de Branger fueron a buscar ese retrato en otra de las habitaciones donde también solía reposar la Madre Carmen, pero sucedió algo muy extraño.  

«Había como una cortina invisible que no nos permitía entrar. Era como una energía. Ella me llevaba de la mano y logramos pasar ese obstáculo. Luego, levantó la mano hacia el cuadro que quería que pintara de Madre Carmen y de ese retrato salió un rayo de luz que iluminó toda la habitación y el techo, mientras las paredes parecían separarse», recordó Durán de Branger en conversación con El Pitazo.

La doctora Durán de Branger se desplomó debido al calor que sintió en su cabeza y en el brazo. Cuando recobró el conocimiento, la hermana San Luis la tenía cargada en la cama. «No pesas nada», le comentó la religiosa y comenzaron a llorar.

La doctora Durán ya no tenía dolor en su brazo, movía los dedos y abría la palma de su mano derecha. «Me sentía en perfecto estado», afirma.

Días después, Trinette de Branger se enteró que la religiosa San Luis, aquella que la acompañó cuando sintió el rayo de luz, era hermana de sangre de la hoy santa.

Otro testimonio habla de la cura milagrosamente de una joven diagnosticada con un tipo de hidrocefalia, en 2015. Se trata de una afección en la que el líquido cefalorraquídeo se acumula en el cerebro.

El problema de salud requirió la colocación de una válvula de derivación, un dispositivo que redirige el exceso de líquido cefalorraquídeo del cerebro a otra parte del cuerpo, indicó el Vaticano en su página web.

La paciente fue sometida a varias operaciones, pero su estado de salud se deterioró.

Un día, una tía que participaba en una celebración eucarística ante la tumba de la Madre Carmen rezó por su recuperación.

Otros fieles también pidieron a la monja que intercediera y la propia enferma participó en una misa en la sepultura de la Madre Carmen, en la capilla del Colegio Belén de Caracas, reveló el Vaticano.

En medio del acto eclesiástico la joven tocó el retrato de Rendiles y su salud comenzó a mejorar rápidamente.

«La recuperación de la joven fue completa, estable y duradera, y el suceso se juzgó inexplicable desde el punto de vista científico», añadió la Santa Sede en un escrito publicado en El Vatican News, al confirmar el segundo milagro.

Nacidos para Dios 

La canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles no es solo un acto litúrgico. Es un reconocimiento a la espiritualidad que vive en las calles, en los susurros de oración, en las velas encendidas frente a una imagen.

Son santos del pueblo, cercanos, humanos, que encarnan la posibilidad de lo milagroso en lo cotidiano.

En tiempos de crisis, sus historias nos recuerdan que la fe puede ser fuerza, que lo inexplicable puede ser esperanza y que lo divino puede manifestarse en gestos simples: una oración, una estampita, una lágrima de gratitud.

Con información de El Pitazo