Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 06:42 am
Carmen Rendiles, primera santa venezolana, superó una discapacidad para fundar una congregación y educar a niñas pobres. Conoce su historia.
La beata Carmen Rendiles, quien este domingo se convertirá en la primera santa venezolana, fue una religiosa que superó una discapacidad física que casi le impidió acceder a la vida consagrada.
Su canonización, aprobada en marzo por el papa Francisco, fallecido semanas después, y celebrada por su sucesor, León XIV, ha puesto en valor su legado educativo y espiritual en medio de una Venezuela marcada por la crisis política y tensiones internacionales.
La ceremonia en Roma será seguida con especial atención en Caracas, donde sectores de la sociedad civil, la Iglesia y la oposición ven en esta canonización una oportunidad para visibilizar la situación de los presos políticos y exigir su liberación, en un contexto de alta tensión tras las recientes amenazas militares desde EE.UU. denunciadas por el gobierno de Nicolás Maduro.

Nacida en Caracas el 11 de agosto de 1903, Carmen Rendiles fue la tercera de nueve hermanos.
Desde niña sintió una fuerte vocación religiosa, pero su discapacidad física, carecía de casi todo su brazo izquierdo, fue motivo de rechazo en al menos tres congregaciones religiosas en Venezuela.
“Pensaban que sería un estorbo”, relató a EFE la hermana María Concepción Gómez, quien la conoció en 1961 y compartió con ella hasta su muerte.
A pesar de los obstáculos, Rendiles no se rindió.
En 1927, a los 24 años, logró ingresar al noviciado de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, una congregación de origen francés.
Cinco años después emitió sus votos perpetuos y, en 1935, fue designada maestra de novicias. En 1951 ascendió a superiora provincial.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la comunicación con la congregación en Francia se interrumpió.
Ante la decisión de la dirección general en Europa de convertirse en un instituto secular, Rendiles se opuso.
Con el apoyo del cardenal José Humberto Quintero, impulsó la fundación de una rama independiente, lo que dio origen en 1965 a la congregación Siervas de Jesús, de la cual fue primera superiora general.
Gómez recuerda su sencillez, ternura y firmeza en un momento clave para la identidad de la comunidad. “Nos dio estabilidad y sentido en medio de la incertidumbre”, afirma.
Uno de los episodios más destacados de su vida ocurrió tras un accidente de tránsito en una carretera solitaria.
Rendiles sufrió una fractura grave en la pierna izquierda. Sin caseríos cercanos ni posibilidad de auxilio, las religiosas comenzaron a rezar.
Minutos después, una ambulancia apareció. El conductor, sin explicación lógica para su presencia, dijo: “Sentí que tenía que pasar por aquí”.

En el hospital, varias personas percibieron un olor intenso a rosas, algo que para muchos fue una señal de la santidad de la madre Carmen.
Fue operada sin anestesia y permaneció 25 días internada, con su rosario en la mano.
Tras el accidente, quedó en silla de ruedas y desarrolló una artrosis que le deformó los dedos de la mano derecha. Aun así, continuó escribiendo a máquina con su índice y bendiciendo con el pulgar, el único dedo que podía mover.
En sus últimos días de vida, repetía una frase que hoy resuena como legado: “Perseverancia hasta el final”.
Falleció el 9 de mayo de 1977, dejando tras de sí una congregación activa, una obra educativa consolidada y un ejemplo de fe inquebrantable.
Con información de EFE