Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:50 pm
RUBEN DARIO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Pese a no estar del todo bien fisícamente,
producto de una delicada infección respiratoria viral que viene tratando desde
hace una semana, este domingo no podía fallar su presencia en la última corrida
hasta los momentos contratadas en su campaña por ruedos peruanos. Vendrán otras
en el curso de las próximas semanas, tras el parón que implica estos venideros
días el desarrollo de la máxima cita taurina inca como lo es la Feria del Señor
de los Milagros, en la capital Lima.
Este domingo la cita era en la
localidad de Huancané, provincia sureña de Puno, en el marco de las
festividades del patrón local, San Taraco, donde hizo el paseíllo al lado de
los matadores de toros, el extremeño Manuel Perera y el peruano Oscar Quiñonez,
en la lidia de reses de las ganaderías nacionales de Checayani, San Sebastián y
Huayllani Grande.
Tarde de inspiración la del
veterano rejoneador yaracuyano, quien cortaría la oreja al que abrió plaza, de
la divisa de Huayllani Grande, pero lo importante vino en su segundo, de la
vacada de Checayani, el cual bordó en los rejones de castigo y banderillas,
bravo ejemplar el cual exigiría una lidia pulcra y técnica, sobre todo
entendiendo las duras condiciones de altura y ruedo con las que se las vio el
jinete yaracuyano. El rejón de muerte en todo lo alto, hizo rodar sin puntilla
el animal para sus manos las dos oreja que le permitiría luego hacerse con el
Escapulario de Oro de la feria.
Sus compañeros de cartel igualmente
“tocaron pelo”, el caso del nacional Óscar Quiñones, quien obtuvo premio en su
primero del lote, y fue silenciado en su segundo; mientras que el joven
extremeño no las tuvo consigo, siendo silenciado en ambos astados que despachó.
Instagram sigue con su censura a
la tauromaquia: suspendida la cuenta de César Rincón
Las redes sociales siguen con la
censura a la tauromaquia. En esta ocasión ha sido Instagram, la aplicación del
grupo Meta -propietaria entre otras de Facebook o WhatsApp- quien ha vuelto a
ejercer la censura sobre un perfil taurino, según reseña el portal APLAUSOS.es.
La cuenta oficial del maestro César Rincón ha sido suspendida sin motivo
aparente, más allá de ser un perfil con contenido taurino.
El diestro colombiano ocupó el
domingo 12 de octubre titulares en prensa y protagonismo en redes tras dejar
una gran actuación en el festival matinal de Las Ventas y anunciar pocas horas
después que torearía el tradicional festival de la Feria de Manizales
(Colombia) en enero próximo. Este incremento de actividad hizo saltar las
alarmas a Instagram, que por el momento ha suspendido la cuenta del torero en
lo que es un nuevo ataque al colectivo taurino.
Así mismo se da la circunstancia
que en el callejón de la monumental madrileña fue testigo de lujo de dicho
acontecimiento el rejoneador emeritense José Luis Rodríguez Agostini, al lado
de los hijos del maestro de Bogotá, quien le vieron actuar por vez primera en
la plaza de sus grandes e históricos triunfos. La grafica del reconocido
reportero gráfico taurino madrileño, y toda una institución, Botán, captó para
la posteridad el momento del brindis, de la que luego sería su séptima Puerta
Grande en la Catedral del Toreo.
Se acabó el toreo
Ese fue el contenido del
telegrama que, roto de dolor, remitió el Guerra desde su Córdoba natal a
Talavera cuando se enteró de la muerte de José. Se me vino a la cabeza cuando
ayer, tras cortar dos orejas a su segundo, en la plaza más importante del
mundo, tras una memorable campaña, José Antonio Morante Camacho, Morante de la
Puebla, se dirigía al centro del ruedo para, solo, entre la emoción de los
aficionados, poner fin a su memorable carrera.
Una carrera que empezó hace casi
treinta años, en 1997, cuando tomó la alternativa en Burgos, si bien, como dijo
Alberti, qué niño andaluz no ha soñado con ser torero y José Antonio ya desde
su más tierna infancia soñaba con serlo. Y lo que empezó siendo un juego por
las calles de su Puebla natal culminó en un torero magistral, valiente como
Frascuelo, dominador como Gallito o el Guerra, artista con la gracia sevillana
de Pepeluis, Chicuelo o Bienvenida, con la hondura trianera de Belmonte, el
empaque de Romero y la elegancia de Lagartijo. Gran estoqueador, cuando hacía
la suerte, igual que excepcional rehiletero, aunque le costaba prodigarse. Ha
sido el torero de una generación. El torero de mi vida.
La aportación de José Antonio al
toreo no solo se limita a su magistral tauromaquia. Su amor a la fiesta y su
afición le llevaron a conocer y resucitar muchas suertes ya olvidadas,
practicándolas y dándolas a conocer a aquellos nuevos aficionados. Hizo actual
el toreo antiguo, el toreo eterno, el toreo puro. Cuando la pandemia dejó el
toreo destrozado, se echó entonces la fiesta al hombro y, como en una larga
cordobesa, la llevó tras sí para dejarla, ahora, con las plazas llenas de una juventud
loca en lo que, por el simbolismo que tiene, quizás sea su mayor aportación a
la fiesta.
Se va Morante tras cortar dos
orejas a su último toro en una faena que fue un compendio de su tauromaquia:
valor seco, sereno y tranquilo, profundidad y variedad con el capote, temple y
dominio con la muleta, gracia sevillana en el remate y, por encima de todo,
verdad, mucha verdad, en la estocada en corto y por derecho, ejecutando los
tiempos, con la que puso fin a su carrera de matador de toros y que seguro que
levantó de su asiento a Frascuelo, Machaquito, El Algabeño, Varelito y todos
los grandes matadores que en la historia ha habido. No se acaba el toreo, igual
que no se acabó cuando Bailaor mató a Gallito, Islero a Manolete, o Belmonte,
Lagartijo y el Guerra se cortaron la coleta, pero sí queda una sensación de
orfandad y soledad ante la retirada de un torero que, como la Macarena y el
Gran Poder, debería ser eterno. Gloria por siempre a ti, Morante, y gracias a
Dios por haberme permitido verlo. / José García
Carranza – Diario de Sevilla