Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 02:58 am
"Por la envidia del diablo entró
la muerte en el mundo"
(Sabiduría
2,24).
Hoy exploraremos la
relación directa enre el diablo, la humanidad y la envidia: Según la Doctrina
Católica, existe una relación fundamental, profunda, entre el diablo, la
envidia y la humanidad. Se remonta a los orígenes del mal en el mundo. El
diablo aparece, desde los inicios mismos de la humanidad, como el enemigo de
Dios y de su Creación, especialmente la de los hombres. El demonio es visto
como un ser que busca constantemente desviar a las personas del camino de la
verdad y la virtud.
"La envidia es una
semilla que te empuja a destruir, a hablar mal, a aniquilar al otro. La envidia
viene del demonio" (Papa Francisco). La envidia es un pecado capital que
tiene como base el deseo de tener lo que otros tienen. El diablo intenta
fomentar la envidia en los corazones de las personas, llevándolas a sentir
celos y resentimiento hacia los demás.
En la Biblia, el diablo
actúa en la oscuridad para tentar a los seres humanos (“El mayor truco del
diablo es hacernos creer que no existe“, Charles Baudelaire). En Génesis, se
narra cómo Satanás engañó a Adán y Eva, insinuando que Dios les estaba privando
de algo (Gn 3, 4-5). Esto se puede relacionar con la envidia, ya que el pecado
original se vio alimentado por la curiosidad y el deseo de ser como Dios.
En la vida diaria, la
envidia puede llevar a las personas a cometer actos perjudiciales, no solo
hacia los demás, sino también hacia sí mismas. La envidia puede crear
divisiones en las comunidades y familias, destruyendo la paz y la armonía.
La Iglesia considera
esencial que cultivemos virtudes opuestas a la envidia: la generosidad, la
gratitud, el cultivo de la pobreza espiritual como don, y que busquemos siempre
el bienestar de los demás en lugar de compararnos con ellos. Esto nos protegerá
de las tentaciones del diablo y nos acercará más a Dios. Esta conexión se
explica a través de varios conceptos clave:
El origen del diablo y su
envidia hacia Dios y la humanidad:
El diablo es criatura de
Dios, de naturaleza inicial angélica. La Iglesia enseña que el diablo (o
Satanás) no es un dios opuesto a Dios: Originalmente fue un ángel bueno, una
criatura con naturaleza espiritual y voluntad libre, creado por Dios. Sin
embargo, por una elección libre e irrevocable, se rebeló contra su Creador. La
expresión latina Non serviam: "no serviré", se atribuye
generalmente a Lucifer, de quien se dice que pronunció estas palabras para
expresar el rechazo a servir a Dios en el Reino celestial debido a su envidia,
respecto a los hombres.
La envidia como causa de la
caída: El Catecismo de la Iglesia Católica y la tradición patrística,
especialmente San Agustín, señalan la envidia como el "pecado diabólico
por excelencia". La envidia del diablo no es hacia los bienes materiales,
sino hacia la Encarnación de Dios, es decir, el plan de Dios de unirse a la
naturaleza humana. No pudo aceptar que la humanidad fuera creada a imagen y
semejanza de Dios y que se le ofreciera la posibilidad de participar de la vida
divina, un privilegio que él mismo rechazó.
2. La envidia del diablo como
causa de la caída de la humanidad:
La seducción mentirosa: El
diablo, impulsado por su envidia, ansía destruir a la humanidad. Utiliza la
seducción y la mentira para inducir al hombre a desobedecer a Dios, como se
narra en el relato de Adán y Eva en el Génesis. El diablo busca que la
humanidad caiga en el mismo pecado de orgullo y desobediencia en el que él
cayó.
La entrada de la muerte en
el mundo: Un pasaje clave que establece esta conexión de forma explícita se
encuentra en el Libro de la Sabiduría (2,24): "Sin embargo, por la envidia
del diablo entró la muerte en el mundo, y la sufren los que del diablo
son". Esto significa que la envidia del diablo no solo causó su propia
ruina, sino que también introdujo el pecado y la muerte en la historia humana, rompiendo
la armonía original con Dios.
3. La envidia en la
humanidad como reflejo del mal diabólico:
Un pecado capital: La
Iglesia Católica considera la envidia como un pecado capital, una tristeza o
resentimiento ante el bien del prójimo y un deseo desordenado de poseerlo. Es
un rechazo de la caridad y, con frecuencia, una manifestación del orgullo.
La envidia como fuente de
otros males: De la envidia humana nacen otros pecados graves como el odio, la
calumnia, la alegría ante el mal ajeno y la tristeza ante la prosperidad del
prójimo. Es una de las raíces de la desunión y la destrucción. El Papa
Francisco ha señalado que la envidia es lo que lleva a las
"habladurías" que "matan", y la ha comparado con la envidia
que llevó a Caín a destruir a su hermano Abel.
La relación envidia, diablo
y humanidad, es cíclica y destructiva y se sintetiza así: El diablo es un ángel
caído por su envidia hacia el plan salvífico de Dios para la humanidad. A
través de su envidia, introdujo, tentando al hombre, el pecado y la muerte en
la historia de la humanidad. La envidia se convirtió por eso en un pecado que
la humanidad padece, imitando la propia caída diabólica y siendo una de las
principales armas del mal para generar división y destrucción. Dios con
nosotros.