La
historia como realidad o como ciencia es la expresión del acontecer del hombre
en sociedad, en un tiempo y espacio determinados. Quehacer y hacer de los seres
humanos registrados en las más variadas formas de escritura, así como también en
manifestaciones audiovisuales y artísticas de la más variada naturaleza. Es
decir, documentos ediciones de libros, artículos en
publicaciones periódicas, estudios monográficos, biografías, bibliografías, compilaciones
documentales, ponencias de congresos, ensayos, discursos, poesías, novelas,
cuentos, canciones, himnos, obras de teatro, esculturas, monumentos arquitectónicos,
pinturas, retratos, toponimia, imaginería popular, películas, documentales,
distintas manifestaciones folclóricas, programas radiales, televisivos, etc.;
y, más recientemente, en distintos formatos de las redes sociales. Entre las expresiones
artísticas, la caricatura ha sido una
de las maneras mediante la cual su autor deja a la posteridad su interpretación
de una situación en un momento determinado del acontecer social, en sus más
diversas acciones. Distintas han sido las formas editoriales de la caricatura,
pero por lo general han sido las revistas y los periódicos los medios impresos
a través de los cuales ha quedado registrado ese acontecer que, desde nuestro
punto de vista, también puede ser considerada un testimonio para el estudio de
la historia de hechos y personajes de una sociedad determinada.
En Venezuela ha existido una extendida tradición de incluir en
publicaciones periódicas caricaturas cargadas de humor y sarcasmos que expresan
los puntos de vista de sus autores sobre situaciones de relevancia y
trascendencia de una coyuntura concreta. Interpretaciones mayormente de
carácter político, independientemente del asunto que gráficamente exponen, la
mayoría de las veces con textos que orientan al lector o sin ellos para que
éste conjeture de manera particular el hecho en cuestión. Son ejemplo de ello
publicaciones específicas como, entre otras, Fantoches. Semanario humorístico y de interés general de Leoncio
Martínez, LEO (1888-1941); El Morrocoy
Azul de Miguel Otero Silva, Kotepa Delgado y Carlos Irazabal (1941-1948); El Gallo Pelón con participación de
dibujantes como Luis Muñoz Tébar (Lumute) y Manuel Graterol (Graterolacho),
1953-1970; Martín Garabato de Sancho (1958), La Pava
Macha de Kotepa Delgado (1962); Coromotico (1973) y El Sádico
Ilustrado ambos dirigidos por Pedro León Zapata (1978-1980) y El Especulador Precoz. El periódico que
especula pero no da empleo, cuyo director fue Roberto Malaver (2011-2023). Destacaron también caricaturistas en los
diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Mundo
como Pedro León Zapata, Roberto Wheil, Rayma Suprani y Eduardo Sanabria (EDO).
Algunas de esas publicaciones y caricaturistas han sido objeto de
investigaciones históricas e incluidos en estudios sobre el humorismo
venezolano en general y del gráfico en particular. (Al respecto remitimos al
artículo de Ildemaro Torres: “Humorismo” en Diccionario
de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 1997, Tomo 2, pp.
720-730).
La
Universidad
de Los Andes, que ha contando con un extenso volumen de documentos, de estudios
monográficos, artículos de publicaciones periódicas y discursos que han dado
cuenta de su acontecer histórico, también fue tomada en cuenta por el
caricaturista y periodista Carlos Páez Ortiz para dar a conocer en sus
denominadas Paezadas y en El Ratón de los Domingo, su
interpretación de la cotidianidad de esta institución universitaria, de Mérida,
de la región los Andes, de Venezuela y del mundo a través de caricaturas incluidas diariamente desde
1978 en el periódico merideño Frontera.
El valor que conferimos a esta fuente documental visual determinó que en las
Memorias de Grado de estudiantes de la Escuela de Historia de la Universidad de Los
Andes, referidas a este instituto universitario en tan prestigioso medio de
comunicación escrita, propusimos que se incluyera en las mismas un Capítulo con
el título de “Las Paezadas de la
ULA”. Para ello consideramos que el humor gráfico de Carlos
Páez debía ser reconocido e incluido en investigaciones orientadas al registro del
diario acontecer de la universidad andina, como una fuente distinta al
documento o a la historiografía que tradicionalmente habían sido utilizadas
para el análisis y la interpretación del devenir histórico del Alma Mater
fundada el 21 de septiembre de 1810.
En
total fueron cinco trabajos de grados, bajo nuestra tutoría, para la obtención
del título de Licenciados en Historia presentados entre 1989 y 2015 con el
título general de La Universidad de Los Andes en el diario Frontera: Laury
Calderón y María Ravelo (1978-1988), María
Parra y Sergio Tolosa (1989-1993), Kemish Arturo Vergara (1994-1998), Carmen Saturna Terán de Contreras (2000-2004),
Ana Quintero y Sandra Rojas
(2005-2009), José Peña y Solimar Uzcátegui (2010-2012), Marcos S. Carrillo y
Darylin C. Jiménez (2013-2015). Estas Memorias comprenden estudios
acerca del periódico y de la institución universitaria en los señalados años,
acompañados de extensos inventarios cronológicos de minutas de las noticias,
artículos y demás formas de información registrada entre 1978 y 2015, acerca de
los más variados asuntos del acontecer universitario. Además de otras Memorias de Grado que utilizaron algunas de esas
investigaciones: Yubeima Ramírez: La Universidad de Los Andes durante el rectorado del Dr.
José Mendoza Angulo a través de los diarios El Vigilante y Frontera (1979-1984); Fernando Merchán y William: El Vicerrectorado Académico de la Universidad de Los
Andes (1975-2015). Cuarenta años de historia en la prensa merideña. De
igual manera, el profesor Gilberto Ramón Quintero Lugo, partiendo de algunos de
esos trabajos, dirigió las siguientes Memorias
de Grado: Yelitza A. Moreno Guillén:
Las elecciones estudiantiles de la Universidad de Los Andes de los años 2006 y 2007
vistas a través de los diarios Frontera y Pico Bolívar; y
Yarelis C. Labrador R. y Agabrient O. Vera V.: Las elecciones de la Universidad de Los
Andes en el diario Frontera (2005-2009). Todas esas Memorias
pueden ser consultadas en Internet, en la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y
Educación y la
Biblioteca Tulio Febres Cordero, en el Edificio
Administrativo de la ULA.
Una
muestra de las caricaturas de Carlos Páez Ortiz fue publicada con el título de Paezadas (Mérida, Laboratorios Valmorca,
2012, 161 p.). La “Introducción” y la “Presentación” de este libro nos eximen
de hacer comentarios adicionales, por la precisión que se hace de su autor y de
su contenido. En la “Introducción”, que suponemos escrita por el compilador de
las caricaturas, José Manuel Quintero Straus (mejor conocido en la ciudad como
Chachá Quintero) se señala que los “…Laboratorios VALMORCA presenta una
recopilación de lo que…simboliza el invalorable aporte al periodismo del
caricaturista merideño Carlos Páez Ortiz. Un armonioso trabajo expresado por
cerca de trescientas caricaturas recientes que abarcan los campos de la
política, lo económico, lo universitario, lo social y el quehacer diario de una
sociedad en su continuo movimiento y progreso y que el inigualable trazo del
humorista-periodista plasma con verdadera destreza. Cada dibujo nos transporta a
un hecho concreto que bien pudiera significar toda una crónica. Es la gracia y
la imaginación de un ilustrado y sencillo caricaturista que, con más de treinta
años de permanente servicio a la colectividad merideña a través de sus diarias
“paezadas” logra captar la forma fehaciente, general y oportuna un hecho
trascendente para el colectivo, bien regional, bien nacional. Nos hemos
propuesto titular cada una de las caricaturas que se incluyen en este libro,
aunque convencidos estamos que el lector tiene también el derecho de acrecentar
su propia imaginación en búsqueda del sentido propio de cada una de ellas. Es
como una sustracción al derecho de autoría del dibujante, pues la intención de
éste es comprometer al lector en la búsqueda y causalidad del porque de cada
uno de los gráficos. Cada uno de ellos envuelve en forma acertada y jocosa,
pertinente y con increíble perfección la diaria tarea de la noticia
trascendente y su oportuno momento.” (p. 3).
Por
su parte, Rafael Gallego Ortiz, primer Director del diario Frontera, en “¿Quién Presenta a Quién?” (pp. 5-7), en un texto
escrito en Mérida a finales del siglo XX de presentación de un folleto titulado
Caricaturas de Carlos Páez, después
de comentar su primer encuentro con Carlos Páez Ortiz en los inicios de este
periódico, afirma que no era un “caricaturista del odio”. Por el contrario, era
“el periodista que escribe con el laurel en la mano. Y que dice la verdad, pero
la sabe decir, sin vanidades escoteras. Podríamos señalar que sus caricaturas
son poemas para la afirmación. Son como cantos virgilianos en los callejones de
una tierra, que quiere seguir soñando con los maizales dorados, la chicha de
maíz, la mistela, las alpargatas y el abanico de las palomas torcaces, los
bubuquetes y los caballitos del diablo. Carlos ama entrañablemente los Andes.
Con la sencillez de sus palabras hilvana una estupenda biografía.” El propio
Carlos confiesa a Gallegos Ortiz, con la jocosidad que le caracteriza, que
había nacido “…cuando Medina. Aprendí a hacer muñecos en las paredes de mi
casa. Nací en Caracas [en 1941] porque la cigüeña era muy floja y tuvo pereza de traerme a los
Andes…Un día fundé un diario semanal que aparecía quincenalmente una vez al año
y se llamaba la Trucha…”
Agregando el escritor tovareño que “…Este personaje excepcional, quien hace
tiempo se escapó del montón y es uno de los mejores caricaturistas que ha dado
Venezuela, trabaja con cartones y lápices desde 1969. Ah, y hasta escribe
canciones, con cuchara de buen artesano, que amontonan ternura y esperanzas.”
(p. 6).
No
se equivocan Quintero Straus y Gallegos Ortiz en los calificativos
profesionales y humanos que emiten de este singular periodista del humorismo
gráfico, a quien tuvimos la oportunidad de conocer en un grato momento musical
de diciembre de 1979, cuando tuvo lugar el I Festival de la Voz Profesoral de la Universidad de Los
Andes, al preguntarnos sobre el autor de una canción que interpretamos en esa
actividad organizada por la
APULA, y quien cada vez que visitamos el Aeropuerto Alberto
Carnevali nos inquiría por noticias referidas a la institución, dedicándonos en
dos momentos sendas caricaturas sobre el debate, sin solución de continuidad en
el tiempo, originado dentro y fuera de la Universidad acerca de
su verdadera fundación en 1810 y no en 1785. Así nació una prolongada amistad,
desde entonces hasta nuestros días, siendo la música y la ULA los elementos de simpatía
y empatía mutua compartida con la calidez humana que caracteriza a este
profesional de la caricatura como arte, a la vez que evidencia y denuncia de
las múltiples situaciones registradas particularmente en sus Paezadas. Llama la atención que en el citado
libro, el compilador solamente incluyera catorce caricaturas sobre la Universidad de Los
Andes, cuando los mencionados trabajos de estudiantes de la Escuela de Historia
registran, en las más de tres décadas que abarcan sus investigaciones, de más
de un centenar de imágenes con sus respectivos textos que dan cuenta de hechos
y personajes de la Universidad.
Unas sobre asuntos internos de la ULA; otras de su incidencia en
Mérida y otros espacios de su dinámica funcional; sin dejar de incluir las
relaciones de este instituto de educación superior con el Estado venezolano y
enfrentamientos en distintos momentos de miembros de su comunidad universitaria
con los gobiernos del país desde 1978. Las caricaturas escogidas para el libro Paezadas evidencian la interpretación de
su autor sobre la situación de la Universidad, Mérida y Venezuela en la primera
década del gobierno de Hugo Chávez Frías, así como la intención y la conocida
posición política del compilador.
Nada
de lo que acontecía con notoriedad en la
ULA se escapaba de una Paezada
o de El Ratón de los Domingos de Carlos
Páez. Bien por ser noticia criminis registrada en Frontera u otros periódicos de la ciudad. Bien por informantes que
se acercaban a su centro de trabajo, el Aeropuerto de Mérida, antes de que
partiera a Ejido a llevar la respectiva caricatura, para informar sobre hechos
que por su naturaleza no eran dados a conocer por la propia institución. Los
retratos de autoridades, profesores y estudiantiles o dirigentes gremiales
causaban sorpresa a los lectores universitarios del periódico por el gran
parecido y la manera como se presentaban e identificaban con rasgos que los
hacían inmediatamente identificables. Rara la caricatura que no era acompañada
de un texto breve que refería lo que acontecía, y cuando no, la misma imagen
expresaba lo acontecido o la interpretación que Carlos hacía del hecho o del
personaje en cuestión. En su mayoría eran mensajes aceptados, sobre todo si era
obvio, público y notorio, lo que se estaba mostrando. Algunas molestias
llegaron a causar las caricaturas, cuando los aludidos, protagonistas de lo que
se evidenciaba, rechazaban la manera como el caricaturista notificaba a la
comunidad universitaria y a la merideña un asunto que consideraba le afectaba
moral o institucionalmente. Lo cierto es que los registros del acontecer de la ULA en las caricaturas incluidas
en el diario Frontera, sin duda
alguna, pueden ser utilizadas como fuente para su conocimiento, o al menos
sirven para orientar al investigador a la búsqueda de otras fuentes para
certificar lo que su autor nos presentaba de manera amena, en ciertos momentos
con sarcasmos e ironías propias del humorismo venezolano. Presentamos a
continuación una muestra de caricaturas sobre hechos y personajes de la Universidad de Los
Andes, con el señalamiento de que actualmente se trabaja en una recopilación
completa de las publicadas en un tiempo en que esta institución universitaria
era uno de los temas de preferencia de Carlos Páez Ortiz para sus Paezadas y El Ratón de los Domingos.

(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los
Andes. Doctor en Historia. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia de la Universidad de Los
Andes. Premio Nacional de Historia “Francisco González Guinán” (1989). Premio
Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).