Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 02:46 am
Ha circulado, más en redes que en medios
tradicionales, la noticia de que el sacerdote Matteo Balzano de apenas 35 años
de edad, murió el pasado 5 de julio, en lo que hasta los momentos se presume
que es un suicidio.
Dado que es sacerdote, causa aún más
conmoción, porque la Iglesia es, por naturaleza, contraria a esta clase de
actos.
Anteriormente dediqué unos cinco artículos al
tema del suicidio, aún así, hablaré de nuevo sobre él, porque no se trata solo
del padre Matteo, sino del hecho de que he conocido personas que tienen a
alguien que se ha suicidado, y quieren que profundice sobre la parte de la
condenación, en especial si es un suicidio deliberado:
Lo primero que hay que decir, a manera de
respuesta corta, es que la Iglesia no condena automáticamente al infierno a
quien se suicida, por el contrario, ell suicidio es, para ella como Madre y
Maestra, un tema muy delicado y doloroso que aborda con profunda compasión y
entendimiento.
La enseñanza de la Iglesia refleja que Dios
ama a cada persona, y el suicidio es considerado un acto que va en contra del
valor de la vida que Él nos ha dado.
“Ayudar al suicida a quitarse la vida es, por
tanto, una ofensa objetiva contra la dignidad de la persona que lo pide, aunque
con ello se cumpliese su deseo: ´debemos acompañar a la muerte, pero no
provocar la muerte o ayudar cualquier forma de suicidio´” (Dignitas Infinita).
La Iglesia también reconoce que muchas veces
quienes contemplan esta acción se encuentran en estados de angustia o
desesperación.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC
2280-2283) enseña que:
- La vida es un don sagrado, y toda vida es
digna de respeto y cuidado.
- Las personas que se quitan la vida pueden
actuar bajo una grave perturbación psíquica y no tienen pleno dominio de sus
acciones.
- La Iglesia invita a la esperanza y recuerda
que solo Dios puede juzgar la culpabilidad de una persona en estos casos.
No solo la Iglesia se opone al suicidio: hay
escuelas de reencarnación y otras corrientes esotéricas que sostienen que el
suicidio (y el aborto) es (o son) una oposición a los planes de Dios, o de la
entidad que ocupe su lugar, por lo tanto, en sus sistemas de creencias, hablan
de reencarnar para aprender la lección aprendida, de que el suicida ve el sufrimiento
que causa en los demás, y que instan a abandonar esta idea ya quien comete tal
acto puede llegar a quedarse atrapado eternamente en un bucle que repite y
revive infinitamente la situación o sufrimiento de la que se supone que quería
escapar.
"Nadie está a salvo del suicidio. Es una
posibilidad real para cualquiera” (Kay Redfield Jamison, psicóloga y escritora
que ha abordado el tema del suicidio y el trastorno bipolar). "El hombre
que se mata se roba a sí mismo una vida” Séneca, filósofo estoico)
En el suicidio, y en el suicida, hay un
llamado a la compasión y al apoyo a aquellos que están sufriendo. Además, la
Iglesia ofrece oraciones y apoyo pastoral a las familias que pasan por esta
experiencia.
No se sabe lo que pasó por la mente de este
padre y de cualquier otro suicida, debido a eso, la Iglesia no condena a la
desesperación eterna a quienes lo cometen, sino que, reconociendo la
complejidad de las circunstancias, confía
en la infinita misericordia de Dios, además de que subraya la
importancia de la oración y el acompañamiento para aquellos afectados.
El llamado es entonces a orar por su alma,
para que Dios, que ve los corazones (Sal 138), tenga misericordia de él y de
los demás suicidas, puesto que es el Justo Juez y quien en verdad sabe qué llevó
a cada uno de estos hijos suyos a cometer este acto tan lamentable, y quien al
final decidirá si serán partícipes de la vida eterna que Él nos reveló o no. A
nosotros nos queda hacer nuestro deber de interceder. Dios con nosotros.