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Mérida: guerrera y entusiasta siempre por José Antonio Rivas Leone

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Por José Antonio Rivas Leone


La tragedia que ha golpeado al estado Mérida, tanto hacia al eje de la Panamericana como fundamentalmente hacia el páramo, no tiene antecedentes en términos de la magnitud de lo ocurrido. Las precipitaciones registradas la última semana del mes de junio no tienen parangón con ningún período o etapa anterior.

Lo primero que hay que señalar es que dicha calamidad ocurrió de día y eso explica en buena medida que no tengamos que lamentar la pérdida de vidas humanas como consecuencia de la embestida brutal que causó básicamente el río Chama, sobre todo en el páramo merideño. 

Lo segundo que hay que destacar es que la naturaleza tarde o temprano cobra cuando talamos árboles, cuando afectamos los cauces de nuestros ríos y quebradas, incluyendo la construcción en zonas no aptas con o sin la debida permisología, precisamente por ser áreas no recomendadas para el desarrollo de edificaciones por el tipo de terreno, fallas geológicas, cercanía a ríos, etc., etc.  

Lo tercero en ese orden de ideas tiene que ver con la falta de mantenimiento de nuestros viaductos, puentes, troncales, pasos, más todavía si son rutas altamente demandadas o usadas como ocurre con la Autopista Rafael Caldera, troncal 007, que comunica la ciudad de Mérida con El Vigía, o la troncal 001 que comunica al páramo andino con el estado Barinas. 

En cuarto lugar, no sólo se registraron daños a la infraestructura en el estado Mérida sino, además, en la propia Autopista General José Antonio Páez que atraviesa todo el llano venezolano, lo que revela que grandes obras de infraestructura no están siendo debidamente mantenidas y vienen deteriorándose paulatinamente. 

En quinto lugar, los estragos causados por las lluvias en todo el páramo merideño, desde Tabay, La Mucuy, Cacute, Mucuchíes, Apartaderos, San Rafael, La Venta, Cruz Chiquita, Chachopo y Timotes son incalculables en términos de casas destruidas, escuelas, sembradíos, sistemas de riego, vialidad, acueductos, puentes, capa vegetal, servicios básicos y otros, daños que requieren un esfuerzo inmenso del gobierno nacional para la recuperación de parte de lo afectado o destruido. Las labores que se requieren no se limitan a limpiar drenajes o parar un poste de luz o reparar una línea de la Cantv, sino más bien un trabajo profundo de ingeniería y reingeniería, incluso de paisajismo de todo el páramo merideño.

En sexto lugar, la tragedia y el dolor de nuestros paisanos ha sido usada para proselitismo de muchos, nadie se ha salvado, videos, fotos, audios, podcasts, selfies; pero debemos reconocer que la respuesta de los venezolanos -sociedad civil, instituciones públicas y privadas, religiosas y demás- ha sido masiva en la procura de medicinas, alimentos no perecederos, enseres domésticos, cobijas, colchones, ropa. Lo más importante en un país donde reina la cultura del mientras tanto, los puentes de emergencia o los albergues improvisados, es que no se nos olvide que tratamos con seres humanos, no cosas.

En séptimo lugar, recuperar todo el páramo merideño requiere tiempo, inversión, compromiso, visión, sensibilidad, disciplina y recursos financieros por parte del gobierno, del sector privado y de otros, que tienen la mirada puesta en no sólo recuperar sino en mejorar lo destruido. No olvidemos la vocación mixta de nuestro estado Mérida: turismo, industria agropecuaria, la impronta de la Iglesia y la Universidad de los Andes, lo que lleva a que la Cámara de Industria y Comercio, la Cámara del Turismo y otros sectores deban trabajar codo a codo junto con los diversos niveles de gobierno en función de metas comunes. Ya nuestros campos estaban muy afectados por una multiplicidad de factores y esta tragedia terminó sin dudas de castigar de manera inclemente a los merideños. 

El merideño es un hombre laborioso y trabajador en líneas generales y esa vocación o rasgo se multiplica en los habitantes del páramo. Al parameño no se le muere el muchacho en la barriga, metafóricamente hablando. Mérida ha sido cuna de letrados, agricultores, religiosos, poetas, universitarios y gente guerrera, luchadora y entusiasta. Que Dios bendiga a nuestra Mérida,que hoy vive momentos muy complejos. 

rivasleone@gmail.com   





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