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El culto excesivo a la personalidad por Rafael Augusto López

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Por Rafael Augusto López


En la política, en el entretenimiento e incluso en el ámbito empresarial, ciertas figuras alcanzan un nivel de veneración que trasciende lo racional. Este fenómeno conocido, como culto a la personalidad, no es nuevo, pero en la era de las redes sociales y la polarización, sus consecuencias son más graves que nunca.

¿Qué es el culto a la personalidad? Se trata de la exaltación desmedida de un líder o figura pública, donde su imagen se idealiza hasta convertirse en un símbolo incuestionable.

Cuáles son sus características:

  • Deshumanización: El individuo es percibido como infalible, casi divino
  • Pensamiento único: Quienes critican son tachados de ¨traidores¨ o ¨enemigos¨
  • Narrativa controlada: Su historia se edita para omitir fallos y exagerar logros.
  • Sus seguidores atacan a cualquiera que ose cuestionarlos.

Cuáles son las consecuencias:

  1. Erosión del pensamiento crítico: La devoción ciega, anula el debate saludable.
  2. Abuso de poder: Los lideres idolatrados suelen escalar hacia conductas autoritarias.
  3. División social:  Los ¨fieles¨ y los ¨herejes¨ se enfrentan, fracturando comunidades
  4. Desastre cuando caen: cuando el ídolo que generalmente tiene pies de barro (por escándalos familiares, complot político o hechos de corrupción) el daño colectivo es enorme

¿Por qué se genera este fenómeno?

  • Las sociedades necesitan héroes y certezas en tiempos de incertidumbre.
  • Los algoritmos de las redes sociales promueven contenido emocional y polarizante.

¿Cómo contrarrestarlo?

  • Educación mediática: Enseñar a analizar figuras públicas con escepticismo saludable.
  • Celebrar logros, no personas: valorar ideas y acciones, no la idolatría a un nombre.
  • Fomentar voces diversas: Evitar cámaras de eco donde solo se repiten consignas.

Ya en contexto, tenemos que concluir sin ningún tipo de sesgo que efectivamente en Venezuela se ha incurrido varias veces en esta práctica. En la época conocida como el guzmancismo, el gomecismo, el perezjimenismo y el chavo-madurismo.

Cuando revisamos lo ocurrido desde 1999 hasta el día de hoy, tenemos que concluir que el culto a la personalidad ha sido el fundamento, el propósito y la principal herramienta de la mal llamada "revolución". Recordemos cómo Hugo Chávez se creía infalible, le encantaba que lo trataran como si fuera un ser divino. Basta conversar con algunos de los oficiales que fundaron el MBR-200 y que participaron en el fracasado intento de golpe de Estado, quienes coinciden que el poder transformó a Hugo Chávez. Las reuniones en las que todos opinaban se convirtieron en monólogos y quien manifestaba su desacuerdo con la propuesta del comandante era calificado como "traidor o enemigo". Se pretendió borrar parte de la historia de nuestra gesta independentista para hacer creer que la misma solo había sido obra de Simón Bolívar y colocar a Hugo Chávez en la misma posición del Libertador, dejando a un lado a Miranda, Sucre, Páez, Bermúdez, Campo Elías, Rivas Dávila, Urdaneta, Soublette, Petión, y tantos que, sin la participación de ellos, Simón Bolívar sólo hubiera quedado en el intento. Tal fue el empeño de sembrar en el imaginario del venezolano, que violaron su sarcófago en el Panteón Nacional para luego elaborar una iconografía que facilitara la fantasía de cuánto se parecían Chávez y Bolívar. Se pretendió con la omisión de muchos de quienes tenían que denunciarlo, hacer creer que Venezuela había comenzado en 1999. Se utilizaron todos los medios posibles para dividir a los venezolanos entre buenos (los revolucionarios) y malos (los demócratas), impulsando a los buenos a enfrentar y de ser posible agredir a los malos (escuálidos), ya no eran hermanos venezolanos, sino enemigos o traidores.

Hoy vemos cómo en todas las edificaciones públicas, incluidos los cuarteles, hay una foto de Hugo Chávez y una de Nicolás Maduro. En cada estado resalta la foto o el nombre del gobernador o gobernadora junto con la de Maduro, lo mismo ocurre en cada municipio, pero seguramente usted habrá observado alguna ambulancia, camión, maquinaria pesada, hasta los camiones que recogen y trasladan los desechos, exhibiendo el rostro o el nombre del alcalde. Seguramente cada gobernador recién llegado y ocurrirá con los nuevos alcaldes, ordenarán cambiar la foto del anterior por la suya y el respectivo nombre; y eso representa un gasto presupuestario importante e imprevisto.

El último gesto de culto excesivo a la personalidad lo protagonizó el recién estrenado gobernador de Mérida, Arnaldo Sánchez, al pretender que la gente creyera que la lluvia que caía en gran parte del estado el martes 24 de junio, Día de San Juan, Día del Ejército y aniversario de la Batalla de Carabobo, no solo era bendita, sino que la enviaba el muerto que más daño le ha causado a Venezuela.

Debemos hacer esfuerzos por desterrar en lo posible esta práctica tan dañina para la sociedad. Esto no solo es monopolio de quienes respaldan la tiranía, desafortunadamente en quienes creen en la democracia también habita esta desviación. Por eso mi llamado a quienes formamos parte de la inmensa mayoría que persigue un cambio en el país, recordarles que el 22 de octubre de 2023, nuestro pueblo sabiamente, eligió una líder, no una emperatriz y debemos protegerla impidiendo en convertirla en un mesías, muchas veces a través del disentimiento respetuoso le damos más apoyo que diciéndole sí a todo.

rafael.tuto@gmail.com

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