Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 04:14 am
El 12 de octubre de 2023, mientras Israel y sus aliados se recuperaban de la matanza perpetrada pocos días antes por militantes de Hamás en el sur de Israel, se le preguntó al entonces jefe del Pentágono si Washington impondría alguna condición a la ayuda de seguridad ampliamente incrementada que prestaba a su aliado en Medio Oriente.
La respuesta de Lloyd Austin a los periodistas fue un rotundo "no", basándose en la suposición de que el Ejército israelí "haría lo correcto" en su guerra contra la milicia respaldada por Teherán.
Veinte meses después, Israel ha arrasado Gaza, bombardeado amplias zonas del Líbano, se ha apoderado de más territorio en Siria y ahora ha lanzado un ataque directo contra Irán, en lo que describe como una lucha "existencial" contra la República Islámica y sus aliados en la región.
A lo largo de los combates, sus líderes ultranacionalistas han desestimado las crecientes pruebas de crímenes de guerra cometidos en Gaza, lo que llevó a la Corte Penal Internacional a emitir una orden de arresto contra el primer ministro, Benjamin Netanyahu, en noviembre de 2024.
Altos miembros del gabinete han defendido abiertamente el desplazamiento forzoso de la población de Gaza, lo que equivaldría a un crimen de genocidio, y el desmembramiento de Siria. El propio Netanyahu ha discutido la posibilidad de asesinar al jefe de Estado de Irán y precipitar un "cambio de régimen" en la República Islámica en entrevistas con medios de comunicación estadounidenses.
Irónicamente, esta postura acerca a Israel a la retórica incendiaria típica de su archienemigo Irán, con la importante diferencia de que Israel posee armas nucleares y un ejército capaz de respaldar sus declaraciones cada vez más provocadoras.
Esta extraordinaria escalada es una "consecuencia natural de la impunidad que ha prevalecido en la región durante los últimos dos años", afirma H. A. Hellyer, investigador senior del 'Royal United Services Institute for Defence and Security Studies' (RUSI) de Londres.
"El hecho de que Israel no haya sufrido ninguna consecuencia por infringir repetidamente el Derecho Internacional envía una señal muy clara: que si decide hacer más, puede hacerlo", explica. "Y puede contar con que los actores más poderosos de la comunidad internacional simplemente no harán gran cosa o, de hecho, lo empoderarán y envalentonarán".
La consecuencia más inmediata de la impunidad israelí en Medio Oriente es el inmenso sufrimiento infligido a la población civil, sobre todo en Gaza, donde la campaña militar en curso de Israel ha causado la muerte de más de 55.000 personas, según las autoridades sanitarias locales, y ha dejado la estrecha franja de tierra prácticamente inhabitable.
Otra consecuencia, con implicaciones de mayor alcance, es la erosión del orden basado en normas vigente desde la Segunda Guerra Mundial, afirma Karim Emile Bitar, experto en Medio Oriente de la Universidad Saint-Joseph de Beirut y profesor visitante en Sciences-Po Paris.
"Los acontecimientos recientes han dado el golpe de gracia al Derecho Internacional y a lo que se ha denominado el orden internacional liberal", afirma.
"El mensaje que se envía al mundo es que, si tienes el poder de tu lado, puedes romper todas las reglas, pisotear el Derecho Internacional y todas las normas que han estado vigentes desde 1945, y no tendrás que rendir cuentas a nadie".
Netanyahu ha descrito las acciones de Israel como el inicio de un "nuevo Medio Oriente", una frase que ha perseguido a la región al menos desde la guerra de Irak de 2003, cuando Estados Unidos y sus aliados intentaron remodelarla, con consecuencias catastróficas.
"Ha habido mucho júbilo (entre los críticos de Irán), imaginando que se trata de los 'dolores de parto' de algún tipo de nuevo Medio Oriente. Por el contrario, se trata de una espiral de violencia, fomentada por un entorno de impunidad que permite que se lleven a cabo acciones de justicia por mano propia sin repercusiones", afirma Hellyer.
"No hace falta ser partidario del régimen iraní, ni de Hezbolá ni de Hamás, para darse cuenta de que esta actividad es increíblemente desestabilizadora para el orden y la seguridad regionales", añade. "También tiene repercusiones enormes para el orden y la seguridad internacionales, porque significa que no existe ningún orden basado en normas. Se convierte en la ley de la selva. Y eso debería preocuparnos a todos".
Bitar señala que pocas personas en el mundo árabe suní "derramarán una lágrima" por el régimen iraní, "y con razón, dada la perturbación y el sufrimiento causados por los representantes regionales de Teherán".
Sin embargo, añade, "también les preocupa un Israel cada vez más desenfrenado, que, a diferencia de Irán, tiene los medios para arrasar ciudades enteras y cuyos ministros de alto rango ahora defienden abiertamente la limpieza étnica en Gaza".
Es probable que una consecuencia inmediata sea una carrera armamentística regional para intentar reducir la brecha con Israel. En el caso de Irán, los analistas señalan la probabilidad de un nuevo impulso para desarrollar armas nucleares, con lo que se lograría exactamente lo contrario del objetivo declarado de la operación militar de Israel.
"El ataque de Israel está haciendo que Irán se sienta muy vulnerable. Su disuasión convencional ha fracasado, y creo que vamos a ver cada vez más llamamientos desde dentro del país para desarrollar armas nucleares", afirma Daryl Kimball, de la Asociación para el Control de Armas, con sede en Estados Unidos, señalando que, contrariamente a lo que afirma Israel, las evaluaciones de los servicios de inteligencia occidentales han concluido hasta ahora que Teherán no está impulsando actualmente la militarización de su programa nuclear.
Kimball afirma que ya hay voces en Irán que piden que el país se retire del Tratado de No Proliferación Nuclear, que prohíbe a los Estados que no poseen armas nucleares procurarlas.
"Bombardear (Irán) solo garantiza que lo intentarán cien veces más, porque considerarán que no existe un orden basado en normas, sino simplemente la amenaza de la fuerza y la destrucción mutua asegurada", añade Hellyer.
La frase "los dolores de parto de un nuevo Medio Oriente" fue utilizada de forma célebre por la ex secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice para referirse a la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá, uno de los muchos conflictos que tuvieron su origen en la agitación regional provocada por la invasión estadounidense de Irak.
"En aquel entonces, al menos se declaraba abiertamente el objetivo de promover la democracia y los Derechos Humanos en la región, aunque en gran medida se tratara de una cortina de humo", afirma Bitar. "Ahora ya no existe tal pretensión. Hemos vuelto a la política de poder bismarckiana, en la que la fuerza prevalece sobre el derecho, y a un mundo gobernado por líderes autoritarios nacionalistas del estilo de Putin y Trump".
En el clima actual, añade, "las cada vez menos personas que hablan del respeto al Derecho Internacional son consideradas idealistas sin esperanza, desconectadas de la realidad".
Aunque el ataque de Israel a Irán ha suscitado condenas en todo el mundo, los mensajes de los líderes occidentales han sido mucho más ambiguos, y las referencias al "derecho de Israel a defenderse" han prevalecido a menudo sobre las alusiones al Derecho Internacional.
Horas después de que Israel lanzara la primera oleada de ataques, el presidente francés Emmanuel Macron, cuya cumbre prevista sobre una solución de dos Estados al conflicto israeli-palestino se vio frustrada por el estallido de la guerra, culpó directamente a Irán y dijo que Francia estaba dispuesta a defender a Israel si fuera necesario.
El canciller alemán Friedrich Merz fue un paso más allá, argumentando que Israel estaba "haciendo el trabajo sucio por todos" al enfrentarse al régimen iraní, lo que provocó una oleada de protestas en un país donde normalmente se hace hincapié en la distensión.
En un artículo de opinión publicado por 'The Guardian', el profesor de Derecho Internacional Ben Saul, desde Sídney, argumentó que el apoyo al "derecho a la autodefensa" de Israel no tenía fundamento jurídico en el conflicto actual y sentaba un peligroso precedente.
Describió el ataque israelí a Irán como "parte de un patrón de violencia ilegal 'preventiva' contra otros países", junto con su reciente destrucción de bases y equipos militares sirios, a pesar de "la ausencia de cualquier ataque por parte de las nuevas autoridades sirias contra Israel".
"El riesgo de abuso de la autodefensa 'preventiva' es simplemente demasiado grande y demasiado peligroso para que el mundo lo tolere", escribió Saul, señalando que Rusia afirmó invadir Ucrania "en parte porque temía especulativamente la expansión de la OTAN". Añadió: "Muchos países tienen relaciones hostiles con otros países. Permitir que cada país decida unilateralmente cuándo desea degradar el ejército de otro país, incluso cuando no ha sido atacado, es una receta para el caos global y para la muerte injustificada de muchas personas inocentes".
En una entrevista con 'Middle East Eye', Sir Richard Dalton, exembajador británico en Teherán, señaló que las anteriores administraciones estadounidenses se habían negado a tolerar un ataque israelí a gran escala contra Irán, pero que Netanyahu "ha obtenido más influencia sobre Estados Unidos (desde el regreso al poder de Donald Trump) e Israel es más una ley en sí mismo".
Dalton afirmó que otros países occidentales habían sido "increíblemente laxos al no exigir responsabilidades a Israel" por su conducta durante los últimos 20 meses, una postura que atribuyó en parte a su creciente desprecio por el Derecho Internacional.
"No tienen en cuenta la cuestión jurídica. No tienen en cuenta las circunstancias del Derecho Internacional en las que un ataque preventivo contra un enemigo potencial es legal y cuándo no lo es", afirmó. "El ataque de Israel fue una agresión ilegal. Pero estamos dispuestos a hablar con franqueza en esos términos sobre Rusia, pero no sobre Israel".
Aunque las potencias occidentales no han logrado frenar la violencia, las instituciones que ayudaron a fundar hace décadas para defender el orden basado en normas no se han quedado de brazos cruzados.
Desde el inicio de la guerra de Gaza, tanto la Corte Penal Internacional como la Corte Internacional de Justicia (CIJ) han actuado con urgencia y esta última emitió sucesivas sentencias el año pasado para advertir del riesgo de genocidio en Gaza y ordenar el fin de las operaciones militares de Israel en el sur del enclave. Sin embargo, ninguno de los dos tribunales tiene capacidad para hacer cumplir el Derecho Internacional si las potencias mundiales se niegan a acatarlo.
Cuando la CPI dictó la orden de detención contra Netanyahu, en 2024, el entonces presidente estadounidense, Joe Biden, calificó la medida de "indignante". Su sucesor en la Casa Blanca ha ido un paso más allá y en enero emitió un decreto ejecutivo para autorizar sanciones contra el tribunal por sus acciones "ilegítimas" contra Estados Unidos y su "estrecho aliado Israel".
La Administración de Trump también ha retirado a Estados Unidos de varios organismos de la ONU y ha recortado la financiación de la organización, creando una situación en la que "un pilar del orden de posguerra está atacando a otro", según Brian Brivati, profesor visitante de Historia Contemporánea y Derechos Humanos en la Universidad de Kingston.
"El principal fundador de la ONU está ahora socavando la institución desde dentro, ejerciendo su veto en el Consejo de Seguridad para bloquear cualquier acción y, al mismo tiempo, privando a la organización de recursos", escribió Brivati en 'The Conversation' a principios de esta semana.
"La combinación de un Estado poderoso que actúa con impunidad y una superpotencia que inutiliza los mecanismos de rendición de cuentas marca un punto de inflexión global", añadió. "Otras potencias mundiales, como Rusia y China, están aprovechando esta oportunidad para ir más allá del sistema occidental basado en normas".
El colapso del sistema podría tener consecuencias catastróficas para la estabilidad mundial, advierte Hellyer, del RUSI, señalando la necesidad de normas y cooperación internacionales para hacer frente a una serie de retos globales.
"Siempre habrá nuevas crisis y conflictos, entre los que destaca la emergencia climática", afirma. "Y necesitamos el Derecho Internacional y el orden basado en normas para, al menos, mitigar sus consecuencias". /F24