Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:02 pm
ZABALA DE LA SERNA
Diario EL MUNDO de Madrid
A las 21.09 asomaban los dos
pañuelos en el palco de Las Ventas para entregarle a Borja Jiménez una
apoteósica Puerta Grande; un minuto después el pañuelo azul premiaba con la
vuelta al ruedo en el arrastre a «Milhijas», un victorino de ensueño para
colocar el broche de oro a la corrida in memoriam del inolvidado ganadero de
Galapagar: don Victorino Martín Andrés. La cosa entre el motivo y el emotivo
final acabó con Victorino hijo también a hombros, como su padre en 1976, 1982 y
1984. Y así BJ y VM atravesaron la arcada de la gloria de la calle de Alcalá.
Esa riada de gente llevaba al recuerdo no solo al recuerdo del viejo Victorino,
sino también al de Victoriano del Río, que en esta feria ha echado cuatro toros
de consagración, con una sola consumación y de aquel modo -Alejandro Talavante
en el primera tarde de la feria- y ningún premio ni para el inalcanzable «Frenoso»,
ni «Misterio», ni «Alabardero», ni «Bocinero». Pero hay más pueblo y leyenda en
Victorino que en Victoriano. Y el pueblo, al final, ayer como hoy, imbuido por
la misma sugestión del 76, 82 y 84, es el que manda.
La faena del torero de
Espartinas, en sus máximos, a «Milhijas» contó con la conexión inmediata de una
primera tanda de naturales que electrificaron los tendidos. Y desde ese momento
-aun muy cerrado en tablas- lo entendió muy bien, toreando en sus líneas
paralelas -a este encaste es lo que le va-, hasta cuajar una última ronda al
natural de nuevo en la curvatura de la que abrió faena: sensacional. Esa misma
intensidad desprendió el final genuflexo. Llegada la temida hora de matar,
Borja Jiménez se entregó con todo para enterrar una estocada tendida pero
suficiente. La muerte lenta del excelente «Milhijas», con esa manera de
humillar, repetir y tanta calidad, puso todo lo demás. Los dos blancos y el
azul. Era la tercera Puerta Grande de la carrera de Borja Jiménez. Quedarán el
número y el nombre del toro unidos: «Milhijas».
La corrida de Victorino, Lázaro,
saltó tremenda, exigente y dura, nada triunfal, pero con una guinda que fue la
sublimación de la bravura: Milhijas. Y yo pensaba en ti, Fernando, que bastante
más terribles que ésta te has tumbado un puñado de ellas, con diferentes
hierros en distintas plazas de tu cuerpo. Y así durante 30 años de linfomas y
cánceres. No conocí en mi vida un tipo con un ánimo más entero, de una sola
pieza, tan irreductible el espíritu, irrenunciable la sonrisa ante la
adversidad. De la integridad del periodista ya han escrito de modo inmejorable,
por eso lo hago sobre la integridad del hombre ante la enfermedad, sobre esa
solidez indoblegable que tanto admiraba. Compartimos la memoria de la
quimioterapia, las médulas vagas y los viejos códigos de España. Como sabes,
por tanto, la muerte no es el final. O, como escribió el padre Martín Descalzo,
morir también se acaba.
La corrida in memoriam de
Victorino Martín, te contaba, por su aniversario de presentación en Madrid
-aunque en verdad en solitario fue en 1968-, saltó fuerte, en la línea antigua
de la casa, asaltillada, las caras de mula, cinqueña entera. Asustaba. Lo que
hoy es normal, el toro de cinco, en los años 60 fue excepcional. Del utrero al
cinqueño, ese salto vendió Victorino precisamente en el año en el que se aprobó
el guarismo, la obligatoriedad del cuatreño, por ley. Desde entonces la
historia de Victorino fue indisociable de Madrid, la plaza donde edificó su
leyenda: Las Ventas lucía este domingo engalanada de retratos del ganadero, el
hierro de la A coronada, la divisa roja y azul. Un escenario propicio al
clímax. Un minuto de silencio inauguró la tarde.
A las 20.44 Emilio de Justo se
cobró una estocada bíblica, de libro, formidable. Cumplió la máxima antigua que
decía, Fernando, que espadazos así, por sí solos, valían una oreja. Eso decantó
la balanza de una faena que por sí misma no lo era y que pasó por diferentes
fases de un toro -«Milhebras», otro de las famila Mil que vino a sumar- de
totémica cabeza, veleto, casi cornipaso, que también se dio con distintos
registros. Cuando más y mejor, al natural, todavía temprana la faena. Después
se dormía, o no se entregaba igual, vendiendo caro su viaje ante un torero
honesto y tragalón.
Ureña se enfrentó en los albores
con un toro noble de contado empuje y poder, pero con un pitón izquierdo de más
largo recorrido. Y que a la postre cotizaría al alza. El lorquino no apostó por
esa mano hasta la cuarta serie, cuando unificó también ritmo y trato en esas
dos tandas de naturales, las de mayor nota. Volvió a cambiar el pitón (¿?)
antes de cerrar genuflexo en un buen broche con la zurda. Media perpendicular y
caída, saludos desde el tercio. Volvió a hallar en su izquierda la veta de la
siguiente faena ante un cuarto que, por alzada, subía muchísimo las hechuras:
un caballón. Y como un mulote se movió, tan limitada la humillación como su
entrega y transmisión. Paco Ureña lo pasaba queriéndole poner lo que le
faltaba. Con la espada, repitió de manera calcada la suerte (más un
descabello).
A Emilio de Justo le supuso un
trago un tal «Sarduño», tan afiladas las puntas como el genio. Se movió con
violentas sacudidas, suelta la cara, sin la humillación de la casa. Lo vi
siempre por dentro, desde el quite por delantales de Borja Jiménez.
Que en su toro también sufrió,
con el agravante de que el victorino enseñó menos las complejidades, teniéndolas.
BJ guerreó atendiendo las órdenes de Guerra, que si pasa el pitón, que si el
toque abajo. Poco agradecido también el cárdeno de la A coronada. Al contrario
que EdJ, lo mató con un sablazo infame. Eso lo corrigió con «Milhijas»,
afortunadamente. Y sobre la excelencia de Milhijas salieron a hombros todos,
torero y ganadero.
FICHA DEL FESTEJO
Toros de VICTORINO MARTÍN,
todos cinqueños; muy serios en sus diferentes hechuras; extraordinario el 6º;
premiado con la vuelta; complejos y desagradecidos 2º y 3º; noble el 1º; un
mulo el 4º; cambiante el 5º.
PACO UREÑA, de rosa y oro.
Media caída y perpendicular (saludos); media caída y perpendicular y descabello
(silencio).
EMILIO DE JUSTO, de blanco
y oro. Estocada pasada (silencio); gran estocada (oreja).
BORJA JIMÉNEZ, de visón y
plata. Bajonazo tenaz (silencio); estocada tendida. Aviso (dos orejas). Salió a
hombros junto con Victorino por la Puerta Grande.
MONUMENTAL DE LAS VENTAS.
Domingo, 15 de junio de 2025. Corrida in memoriam. Lleno de "no hay
billetes".