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Los diputados golilla por Rafael Augusto López

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Por Rafael Augusto López


En la época en la que vivimos en democracia (1958-1988) en algún momento en que se convocó a elecciones generales, para elegir presidente de la república, senadores y diputados al Congreso Nacional, diputados a las asambleas legislativas y concejales, se filtró a los medios de comunicación la información de que había algunos diputados que habían llegado de golilla, es decir, no porque los votos fueran suficientes, sino porque los partidos se habían puesto de acuerdo y les habían regalado la curul, porque era necesaria su presencia en el parlamento. Existía la representación proporcional de las minorías a través del método D’Hont, que consistía en que un partido que no había logrado los votos necesarios para obtener un senador o diputado de manera directa, se sumaban todos los votos que esa tarjeta había sacado en cada estado del país y si esa sumatoria era igual o superior al promedio ponderado, entonces el senador o diputado que hubiera sacado la mayor votación de su partido, quedaba electo por cociente. Pero, lo que reseñaron los medios en aquel momento fue que a varios diputados que los números no les daban, simplemente les estiraron los votos para que el cociente les diera. Hay que destacar que no fue producto de un pacto previo entre los partidos, sino que, una vez producido el resultado, no valía la pena que determinado nombre quedara fuera del parlamento. ¿Por qué les llamaron «diputados golilla»? Simplemente porque se trataba de un regalo, en esa época, cuando algo era muy fácil de lograr, o se obtenía sin ningún esfuerzo, se decía: «qué golilla».

Este recordatorio es indispensable para poder abordar la denuncia que formula en ese extraordinario portal de La Gran Aldea, la periodista @franciasanchez79   quien afirma que muchos años después se ha repetido la historia, de nuevo Venezuela tiene «diputados golilla»; por supuesto, que hay varias diferencias entre lo que pasó hace unos cuantos años y lo ocurrido en 2025:

  1. En la democracia el país creía plenamente en el Consejo Supremo Electoral (CSE) es decir, había confianza en las instituciones. Hoy nadie cree, ni en el Consejo Nacional Electoral (CNE) ni en ninguna de las instituciones, porque todos sabemos que se encuentran secuestradas por la casta que concentra el poder. Basta con preguntarle a cualquier ciudadano que haya votado por Nicolás Maduro, quién ganó las elecciones el 28 de julio de 2024 y le responden que Edmundo González Urrutia.
  2. Los «diputados golilla» de la democracia no fueron producto de una negociación previa, que condicionara la actuación parlamentaria de ninguno de los beneficiados, pues su presencia coadyuvaba a la estabilidad política, es decir, a la vigencia de la democracia.

Lo ocurrido esta semana, se venía comentando entre bastidores, antes de las elecciones primarias de la oposición en las que arrasó María Corina Machado, se hablaba de unos candidatos y algunos líderes de partidos de «oposición» que eran marionetas del régimen, lo cual se ha confirmado con ese tremendo trabajo de investigación adelantado por la licenciada @franciasanchez79. Les recomiendo a quienes no lo hayan disfrutado, ingresen en Instagram a La Gran Aldea, allí lo encontrarán.  De acuerdo con su reseña podemos inferir que no nos equivocamos al titular nuestro artículo del sábado pasado aquí en El Nacional como «Las 24 servilletas», en otras palabras, ya los números estaban asignados por Jorge Rodríguez, quien juega con ellos como más le convenga al oficialismo, y en el CNE, el paisano Carlos Quintero que es el mago, junto a Elvis Amoroso que es el payaso del circo, arreglan todo de acuerdo con lo que ordene su majestad. De tal manera, que para llegar a ser titular (no electo) de un cargo público, usted no necesita tener votos, sino la aprobación del trío de la muerte (Nicolás, Diosdado y Jorge). Los acuerdos y negociaciones en el mundo de la política son normales, siempre y cuando el fondo sea político, pero son deleznables cuando como se dice en este caso, el fondo es dólares por un lado y por el otro el mutuo silencio cómplice. ¿Quién perdió los reales?

Hace muchos años, en Ejido, a un comerciante le robaron un carro nuevecito, la inmensa mayoría de los habitantes susurraban el nombre de quien lo había hurtado, la sospecha se hizo más evidente porque el incriminado desapareció del pueblo. Unos años más tarde el comerciante falleció sin dejar ningún familiar, y a los meses el sospechoso se apareció en Ejido con el automóvil, confirmando lo que todos sospechaban; cada vez que se desplazaba por alguna vía la gente decía ahí va X con el carro que le robó a Don Pancho. Así le va a ocurrir a los «diputados golilla», que son la mayoría de acuerdo con lo reseñado por la licenciada @franciasanchez79 cada vez que vean a uno de estos personajes le dirán ahí viene el «diputado golilla» que no logró los votos, pero le regalaron el cargo, y seguramente no sentirá ninguna vergüenza porque sabe que es verdad, y está seguro de que se ganó la lotería de los animalitos. Pero, del otro lado, los que eran candidatos del PSUV y tuvieron que cederles la curul a los «diputados golilla» están indecisos si decir la verdad y que estalle el escándalo, aún corriendo el riesgo de que lo encarcelen por terrorista, o pasar agachado y a lo mejor lo postulan para alcalde o concejal, ¡agarrando, aunque sea fallo!

Pero no puedo cerrar esta columna sin hacer mención a la manera cínica e hipócrita en que los disfrazados de «opositores», adelantaron su campaña electoral basada en la recuperación del valor del voto y en no ceder los espacios al oficialismo, ninguna de las dos cosas logró. Por un lado, no hubo ningún interés por el sufragio a tal punto que ninguno le ha exigido al CNE que publique cuantos votos logró, ¿será que les da pena quedar en evidencia que no fueron capaces de conquistar ni 5% del electorado? Y por otra parte ¿dónde están los espacios que iban a defender? Al final queda en evidencia que la promesa que le habían hecho al gobierno de abarrotar los centros de votación fue tremenda estafa. Por eso, Nicolás Maduro los está amenazando que tienen que participar en las elecciones de alcaldes y concejales el 27 de julio. Y si no cumplen, tal vez se expongan a que Superbigote los obligue a devolver los verdes, o tal vez les anulen la adjudicación de su curul. Lamento que terminen su carrera política confesando que se sienten conformes con la tragedia que hoy vivimos los venezolanos. De lo que sí estoy seguro es de que si se atreven a buscar votos en su comunidad, sentirán el rigor del desprecio.

rafael.tuto@gmail.com 

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