Estos graduandos representan la resiliencia y el compromiso en un país donde estudiar ya es un desafío, y combinarlo con el trabajo y la lejanía familiar lo convierte en una verdadera odisea.
La travesía de estos futuros profesionales no ha sido fácil. Superaron la falta de profesores, las interrupciones en los servicios públicos y las complejidades de la situación nacional.
Su dedicación es admirable; a pesar de incontables obstáculos y la tentación de rendirse, persistieron.
Guiados por la fe, el apoyo incondicional de sus padres y familiares, y la invaluable enseñanza de sus profesores, estos jóvenes dedicaron innumerables horas al estudio, al trasnocho, y a sus prácticas como internos.
Hoy, la ULA festeja no solo el cierre de un ciclo académico, sino el inicio de una carrera profesional prometedora para 118 individuos comprometidos con el bienestar de su nación.
Esta nueva generación de médicos cirujanos emerge como un faro de esperanza, lista para enfrentar los retos de la salud en Venezuela con la fortaleza y la ética que los caracterizan.
No olviden el castillo gris, testigo de alegrías, llantos, aprendizajes y un sinfin de situaciones que atravesaron durante estos años de actividad académica.
Cada hospital, ambulatorio, cada servicio por el que rotaron, donde vivieron de cerca su contacto con la medicina, tampoco a sus profesores, y mucho menos a sus pacientes.
Recuerden siempre, persistir, resistir y nunca desistir.
La travesía apenas comienza, y su profesionalización es un paso crucial hacia un futuro más saludable para todos. JQ, CNP 23.851.