Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:20 am
Aquí vamos, por fin amasando una tierra llena de espera.
He aquí la historia de una pasión hecha vida. Carne,
mundo y experiencia creadora. Intentaremos contar la historia de un poeta que
fue sumándole otros oficios al ser, y sin embargo todo le ha llevado al
mismo rumbo: al canto florido a la sequía, a las memorias de infancia, y al
permanente recordatorio de que su tierra ocupa un lugar protagónico en la
historia de Venezuela.
Estamos hablando de Orlando Oberto Urbina, o simplemente
Orlando Urbina para sus paisanos. Nació en El Vínculo, estado Falcón, en
1961. El poeta dice, a secas, que su primer apellido es prestado. No obstante, éste
sostiene la identidad del periodista que ha sido durante más de treinta años: incisivo
al preguntar, combativo en el decir, y diáfano en el ofrecimiento de propuestas
que puedan transformar y hacer posible la justicia social.
Volvamos con Urbina, como también le dicen los más
allegados. Fue testigo de otra historia larga y vertiginosa a la que dieron
orden y conciliación la vida universitaria, la reivindicación de los derechos
propios de la democracia, y su temprana vocación política que lo llevaría a convertirse
en dirigente estudiantil. Urbina, que ya había participado en varias obras de
teatro, y había sido miembro fundador del grupo literario Cráter, fue
coordinador de varios espacios y suplementos literarios, y editor de la página Andrómeda
y la revista Luciérnaga. También obtuvo el premio de poesía Casa de
la Cultura “Alonso Gamero” del Instituto Tecnológico de Coro, IUTAG. Después,
ganó la mención honorífica en el II concurso anual de literatura de Ediciones
El Cerro en 1989, y luego otra mención en el III concurso regional de poesía
“Día Nacional del Técnico Superior”. También fue miembro de la Asociación de
Escritores del Estado Falcón. De estos certámenes vino su primer libro Pájaro
de remoto plumaje, publicado por la Imprenta Universitaria de la UCV en
1992.
En este libro, he aquí el hombre enfrente de la huella
familiar y la tierra árida, como herida y como identidad:
A
CÁNDIDA ROSA
Llámame
en lo más seco
este
verano es puro rencor
Aún
guardo tu bendición
en
lo más lejano del camino
Todo
queda después
de
tu nombre
Mirándola
siento
su
dolor
como
si fuera eterno.
Paúl González Palencia, amigo y poeta que escribe su
prólogo, afirma: “Orlando Urbina logra articular el patetismo gráfico de afuera
con el lacerante canto de los huesos. Sequía, pájaros de ficción y animales
domésticos padecidos de asombro parecen mostrarse entre la realidad y el sueño
para hostigar tanta soledad. Todo puede ocurrir cuando las ráfagas de marina
procedencia inventan el poema”. Así inicia el joven poeta su punto en el mapa
en la poesía venezolana:
He
descrito tantas veces
la
imagen de una circunstancia
redonda
de gris tormento
que
todavía no aprendo a localizar
a
saber si está en mí
o
dejó de existir.
Son ineludibles sus textos A Candelaria Urbina, A
Guillermo de León Calles, y A Antonio José Urbina, entre otros
poemas. Son universo peninsular de lo más amado por el poeta de
añoranzas crecidas entre chivos y cardonales, bendecidas a lo lejos por el mar.
Pero otro destino todavía esperaba a Orlando Oberto
Urbina, o simplemente Oberto para los merideños que le conocieron luego. La
persecución política de los jóvenes dirigentes no se hizo esperar; y Orlando,
por supuesto, no fue la excepción. Un panfleto anónimo difundido por el IUTAG
decía: “Por el Rescate del I.U.T.A.G. fuera los ultrosos que tú conoces. Por un
nuevo rumbo, expulsión ya para los ultrosos”.
Eso no fue todo. El acoso político lo llevó a él y a
muchos de sus compañeros a no conseguir trabajo en ningún lado. Y el colmo de
males sucedió el 27 de febrero de 1989 -el día más nefasto de la Venezuela del
siglo XX-, cuando Orlando y cinco dirigentes más fueron apresados en Coro por
la DISIP, y fueron llevados a Caracas contra su voluntad “por orden del
Ministerio de Relaciones Exteriores por posesión de armas”: Orlando Urbina, Eddy
Timaure, Argenis Marcano, Hernán Marín, y Alfredo Marín. Sus compañeros
utilizaron la prensa escrita para dar a conocer esta desaparición de
estudiantes. Fueron liberados una semana después. Sin embargo, muchos más
fueron encarcelados en todo el país, torturados y desaparecidos. Se estima que
en el Caracazo murieron más de 3000 personas; y todavía no se conoce, en
verdad, los nombres y las cifras oficiales de los asesinados. No sabemos, hasta
hoy, el verdadero alcance de aquella desgracia nacional.
Estas y otras contrariedades llevaron a Orlando Urbina a
Mérida. El ejercicio del periodismo, que ya había traído de lejos a través de
la experiencia radial, se consolidó en Mérida a partir de 1995 en la
televisión, las páginas literarias, y la prensa escrita. No sólo el poeta trajo
de la tierra añorada su poesía, sino también sus aportes al Colegio Nacional de
Periodistas (CNP) seccional Mérida. Aquí forjó el camino para desempeñarse a
partir del 2002 como profesor universitario (actualmente jubilado) en el
Instituto Universitario Técnico de Ejido, antiguo IUTE, hoy Universidad
Politécnica Territorial del Estado Mérida “Kléber Ramírez”, o UPTMKR.
Fue corresponsal por Mérida de Las Verdades de Miguel;
también fue corresponsal del diario Últimas Noticias, luego trabajó en el
diario Frontera, y en Cambio de Siglo. Inició su trabajo radial en Mérida en
las emisoras Radio 1560 AM, Radio Cumbre, 1040 AM, la 100.9 FM, y la 102.7 FM,
entre otras más.
El poeta -cuyo oficio actual sucede en una ciudad
completamente distinta, cargada de lluvias, neblinas, y montañas- se trajo en
la maleta lo más que pudo de la Península de Paraguaná: la incandescencia de
las cumaraguas, la eterna espera del hombre humilde por el agua, la soledad del
cují, los recuerdos entrañables, el gofio canario [un dulce tradicional
de Falcón], y la predilección por conservar las costumbres de su tierra.
Llegó a esta ciudad para quedarse.
Durante aquella época, llegó a ser jurado del concurso de
poesía de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de los Andes.
Todavía otro libro estaba por escribirse: Cortejo en
el desierto, publicado en 2008 por el Fondo Editorial Ipasme -del que fue
presidente por algún tiempo-, y las ediciones Caminos de Altair. Leamos:
En
cada una de tus viejas calles
volveré
a citarme
con
la querencia
de
tus casas
Vivo
siempre
en
otra lejanía
Nadie
me
acompaña
pasar
el abismo.
El dolor del poeta no solo viene del trazo personal: del
despecho, la añoranza de otros tiempos, o la sensación de sentirse extraño en
otro pueblo. Puede llegar a ser también un testamento, una acusación, un rasgo
de identidad o herencia colectiva. Ese dolor representa la voz de muchos que
-en la historia del mundo- se negaron a sucumbir. Resistieron doliendo. Son
historia dolida, pero presente. Como el desierto, no solo de la propia
tierra de origen, sino de cualquier otra tierra que sufre sin fin, y por
cualquier absurda razón:
En
la orilla del desierto
han
ido cayendo
mis
hermanos
déjenme
oírlos
porque
no sé
a
qué distancia
se
encuentra el abismo
que
separa
su
dolor del mundo.
Como
florece la luz
en
los amaneceres
de
sus ojos indigestados
cuando
despiertan
como
arañas del delirio
con
la Rendición de su vida de insomne
Ellos
están sembrados
en
un largo silencio
de
escombros que germinan
entre
el mármol y las flores
secas
de las aceitunas
que
reverberan las inútiles protestas de las manzanas endémicas.
El mundo natural del poeta se mira desde fuera.
Rodolfo Quintero-Noguera, su editor, señala: “Orlando
Oberto Urbina (…) recurre una vez más al filo de las palabras para ofrecernos
este libro de vientos estivales, de ausencias y horas detenidas en un reloj de
arena… como si se tratara de una coartada contra el silencio, de un argumento
contra el olvido”.
Más adelante, acerca de su estilo poético, también dice:
“Estamos ante una poesía resuelta con sencillez, concisa, sin ademanes inútiles
que entorpezcan la imagen ni la pulcritud del verso (…) Cortejo en el
desierto es una noche antigua donde el poeta se juega su suerte, una noche
bajo la incandescencia de un sol velado… en el desamparo árido de un amor
proscrito y anhelado (…) así esta mirada y así este soltar amarras de palabras
como nubes en el desierto”.
[Al
poeta Rafael José Álvarez, amigo de los amigos]
Sentado
en un taburete
recita
con voz de trueno
y
en su mirada
descubre
duendes
en
la serranía de su escritura,
y
en una nube
pasa
una tormenta de cabras
sigilosamente
fragmentadas
por
las grietas
de
su resequedad
que
intenta abrirle el camino
a
los duendes que hablan
de
sus postigos
asomados
en la ventana
de
su mirada
que
está en un largo corredor
de
la casa que extraña su aposento.
Reseñas de su obra ya aparecen en Quiénes escriben en
Venezuela, y en el Diccionario de escritores del Estado Falcón. Orlando
Oberto Urbina ha recibido numerosos reconocimientos, y ha sido tallerista
literario. Recientemente, poemas suyos aparecieron en la Antología de Poetas de
Ejido Panelario, publicado en el 2024 por Catajarria Literaria.
Actualmente, el poeta -que aún tiene algunos poemarios
inéditos-continúa sus proyectos de divulgación cultural a través del canal de
Youtube La Esfera Pública, en la página semanal Crónicas Memorables a
través del diario Frontera digital, y en su reciente canal de Whatsapp Andes
News, con los cuales prosigue su profesión.
Este es parte de un extendido sentir que todavía no
termina. Como tampoco han terminado las luchas de su tiempo, ni las esperanzas
de su pueblo. El hombre de la urupagua que calma la sed de los ancestros sigue
haciendo lo suyo: mientras trashuma, va escribiendo.