Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 07:19 pm
ZABALA DE LA SERNA
Diario EL MUNDO de Madrid
A ultimísima hora de la tormentosa tarde, ya fría noche, como punto final al brutalismo de la corrida de Pedraza, la afición de Madrid vivió con entusiasmo desbocado la lidia de un gigante de 667 kilos -Brigadier-, su exhibición de bravura en el caballo y el milagro contra las leyes de la física y la lógica de su buen estilo en la muleta del diminuto Isaac Fonseca. Como a la lógica le pasa como a la gravedad, que cae por su propio peso, el buen Brigadier no duró hasta el final después de su demostración en el peto, fue toro de una sola mano, series cortas y se afligió en la hora definitiva, buscando refugio en las tablas. Al hilo de ellas lo despenó Fonseca, que vio recompensada su generosidad y su entrega con una oreja un minuto antes de que la primera plaza del mundo enloqueciese y concediese una ridícula vuelta al ruedo cargada de demagogia. ¡Con la de toros mucho más completos que se han arrastrado en este ruedo sin premio!
La corrida de Pedraza había sumado 3.732 kilos en la báscula, promedió 622, empezó vibrante, desapareció como el Guadiana en su mitad y reflotó en la hora última. Interesante tarde bajo la tempestad con Román y Colombo recompensados con sendas vueltas al ruedo. Se dieron curiosidades: no sólo la repetición de nombres, sino que los enlotaron juntos. Bello (1º) y Bello (4º); Holandero (2º) y Holandero (5º). El primer Bello anunció la bestialidad que se sospechaba de la corrida. No eran sólo los kilos: la alzada, la longitud, el tamaño. Y todo eso puesto en movimiento con una preparación atlética. Asustaba Bello lanzándose sobre las posiciones de un firmísimo Román Collado. Menos mal que colocaba bien la cara abajo. Y se soltaba. Como ya había apuntado en el caballo (apenas sangrado). Román se dobló con él -el desarme fue como si le quitara la muleta un tren-, reinició la faena igual y pronto le propuso la izquierda con extraordinario arrojo. Y le robaba los naturales entre fugas. Hasta que sobre la derecha se la dejó siempre puesta y el encastado manso se comía la muleta: se armó la tremolina, sin solución de continuidad. Si lo llega a matar, le corta una oreja con fuerza. Acabó con el descabello en la deriva de querencias marcada -ya en el "4"- y paseó una exigida vuelta al ruedo.
Cuando agarró las banderillas Jesús Enrique Colombo, tronó el cielo, oscurecido de nubes negras, y se desencadenó la tormenta. Fue bravo este pedraza de otras hechuras en el caballo -fenomenalmente picado por Israel de Pedro-, pero gastó entonces -y en el siguiente y explosivo tercio- su fondo. Alcanzó la muleta con su buena condición mermada. A todo -también a los quites- vino a sumarse un espadazo colosal del cañón de Venezuela. Asomaron pañuelos bajo los paraguas y terminó por dar otra vuelta al anillo.
Fue manso y correoso el hondo tercero, uno de los dos que bajaba de los 600 kilos: 597. Isaac Fonseca brindó por la libertad taurina en su México natal y se metió en una valerosa y farragosa faena, con el bruto siempre encima -terriblemente recto por el derecho-, sin salirse nunca de la suerte. Añadan la lluvia y el viento. Meritísimo Fonseca.
Román no pudo redondear su actuación con un toro -el otro Bello-, más armonizado, en esa línea nueva de Pedraza que ya se sintió la temporada pasada. Un tío de cualquiera de los modos. Careció de maldad pero también de todo lo demás: ni empuje, ni entrega, ni clase. Se aburrió en la muleta, y el valenciano se alargó, cumplidor, y se eternizó con la espada (ver ficha). La plaza se había despoblado de gente a estas alturas. Y también de emociones.
De perfil el quinto provocaba pavor, con ese tobogán, esa alzada, aquella bodega de buque, una cuesta arriba infinita: el brutalismo no sólo es un estilo arquitectónico. Hubo cierta bronca porque querían verlo una tercera vez en el caballo después de que en el anterior encuentro se defendiera, quitándose el palo, con la cara por la montura. Aquella bestia de Altamira se movió como apuntaba, poniendo los pitones por las axilas -en banderillas y la muleta- de Colombo. Que brindó a Roberto Piles, su apoderado francés en esta tarde de Naciones Unidas. Fue infumable el pedraza: por donde se la pusieras se frenaba y derrotaba por arriba. Oficio, redaños y piernas del venezolano.
La divisa del último -¡667
kilos!- ondeaba por encima de las tablas, pero sin embargo colocó la cara abajo
en el peto y empujó con entrega en los tres puyazos de Borja Lorente que
entusiasmaron a la afición. La cuadrilla de Isaac Fonseca también lo bordó con
las banderillas: Juan Carlos Rey y Tito a los palos y Raúl Ruiz con el capote.
Madrid, que es mi pueblo, se puso en pie. Lo de Fonseca y este inmenso
Brigadier fue algo contra todas las leyes de la física y la lógica. El gigante
humillaba con buen estilo y el torero diminuto lo toreaba encajado, con la
muleta a rastras. Series breves en faena exacta, pues el toro demasiado ya.
Mejor por el derecho. Se afligió en los finales y hubo de matarlo al hilo de
las tablas. Un pinchazo accidentado y una estocada. De ley la oreja para IF; la
vuelta al ruedo para Brigadier, de cachondeo.
FICHA DEL FESTEJO
Toros de Pedraza de Yeltes, un cinqueño (3º); muy serios y pesadores, diferentes hechuras en su grandeza; bravo en el caballo y bueno en la muleta el 6º, de afligido final en tablas; vibrante el encastado manso 2º; de buena condición pero sin gastado el 3º; infumable el 5º; el 4º sin maldad y sin empuje.
Román, de azafata y oro. Pinchazo bajo, estocada atravesada y dos descabellos. Aviso (vuelta); cuatro pinchazos, media estocada y cinco descabellos. Aviso (silencio).
Jesús Enrique Colombo, de caldero y oro. Estocada. Aviso (petición y vuelta); estocada (silencio).
Isaac Fonseca, turquesa y oro. Estocada baja (silencio); pinchazo y estocada. Aviso (oreja).
Monumental de las Ventas. Miércoles, 14 de mayo de 2025. Quinta de feria. 17.000 espectadores.