Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:23 pm
El odio es un sentimiento de aversión intensa hacia una persona, grupo, idea o situación.
Esta anomalía es un veneno que destruye a individuos y sociedades. Sin embargo, a través de la educación, el diálogo, la tolerancia y la compasión, es posible transformarlo en entendimiento y paz. Como escribió Martin Luther King Jr.: «El odio no puede ser vencido por el odio; solo el amor puede vencer al odio». La elección entre alimentar el rencor o construir puentes está en nuestras manos.
Cuando echamos una mirada a nuestra historia, podemos comprobar que se han producido periodos de enfrentamientos políticos que han desembocado en la violencia. Ellos ocasionaron grandes costos sociales en nuestro país. Los procesos por medio de los cuales en la sociedad venezolana estuvieron presentes los hechos de violencia se debió a la ausencia de un orden político que posibilitara que las contradicciones entre los adversarios fueran dirimidas civilizadamente. Esa fue la causa que prolongó durante tanto tiempo que la política era de un enfrentamiento entre enemigos y no entre adversarios.
Esa fue la obra transformadora de quienes constituyeron el proyecto democrático en Venezuela: hacer de la política un instrumento en el cual los ciudadanos se toleraran en sus mutuas diferencias. Ese estadio de desarrollo democrático, sin duda alguna, no podía surgir de la noche a la mañana. Nadie niega que en el siglo XX tuvimos, en la construcción de la democracia, algunos momentos de muy duros enfrentamientos entre los propios constructores.
En ninguna sociedad, por muy desarrollada que sea, no están exentos los enfrentamientos políticos. El debate político es acalorado y la praxis democrática, a partir de 1958, comenzó a marchar por carriles diferentes, en esencia el Pacto de Puntofijo estableció la premisa de que solo en democracia, con pluralismo, con tolerancia, con el respeto al adversario podíamos crear un nuevo orden existencial y político en Venezuela. Ese fue el manto de roca sobre el cual se construyó en Venezuela un nuevo modo de hacer política. Desgraciadamente esa praxis, ha sido interrumpida a partir del establecimiento de un gobierno que al asumir el poder mediante elecciones libres comenzó a destruir lo que habíamos establecido como la plataforma de civilidad y de respeto al adversario en la confrontación política.
Es a partir de la llegada de Hugo Chávez al poder, cuando se convierte al odio en una herramienta de segregación política, al desaparecer el competidor, contrincante, oponente, o adversario, y convertirlo en el enemigo, es decir, se sembró el rencor en la población, se inoculó una alta dosis de veneno, que generó divisiones, enfrentamientos y fracturas entre familias, vecinos, compañeros de trabajo. Fue tan bien planificada que la ponzoña ha corroído tanto a quienes respaldan a la tiranía, como a una importante cantidad de opositores que lo que desean es la liquidación del contrario.
Recuerdo que cuando la Fuerza Armada Nacional Bolivariana le dio el golpe de Estado a Hugo Chávez, éste se entregó en Fuerte Tiuna y puso 3 condiciones para firmar la renuncia. Cuando el general Efraín Vásquez Velazco les notificó a los generales reunidos en la correspondiente sala, la gran mayoría se opuso a que Hugo Chávez fuera trasladado a La Habana porque tenía que quedarse en Venezuela para que pagara todo lo que había hecho. Allí se hizo presente el resentimiento, en la figura de la sed de venganza. Lamentablemente, hoy todavía lo que hizo Chávez lo estamos pagando todos los venezolanos. Por eso, debemos evitar en lo posible el resentimiento. Entiendo que hay múltiples razones para que usted procure venganza, por ejemplo, a quien votó por Edmundo González Urrutia, hastiado de lo que se vive desde hace un cuarto de siglo, le quitaron la entrega de la bolsa CLAP, hubo a quien le suspendieron el pago de los bonos, a quien le suspendieron la venta de la bombona de gas, a la familia que le encarcelaron a uno de sus integrantes porque salió a protestar contra el robo de las elecciones del 28 de julio, a tantos comerciantes que los matraquean en todas las instituciones a las que debe acudir; los transportistas de distintos rubros, fundamentalmente de alimentos, que en todas las alcabalas tienen que bajarse de la mula. Quienes tienen que hacer algún tipo de trámite y si no paga coima, no verá el resultado. Y así centenares de irregularidades y abusos cometidos por funcionarios o activistas del partido de gobierno. No hay duda de que todo ese tipo de irregularidades, faltas o delitos provocan repugnancia.
Pero cuando usted escucha a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez, Iris Varela, Vladimir Padrino, Tarek William Saab y muchos más, tiene que convencerse de que están sembrando odio, tal cual lo hizo el finado. Y lo peor de todo es que aprobaron varias leyes para penalizar esta anomalía de un solo lado, es decir, si usted opina mal del gobierno, si usted publica cualquier contenido que deja en evidencia a algún funcionario o activista del partido de gobierno o denuncia algo indebido, le han metido en la mente a todos sus partidarios que eso constituye el delito de instigación al odio. Pero cuando es al revés se trata del derecho a respuesta y defensa de la revolución. Mas, no nos dejemos llevar por el encono, esperemos que la justicia en su momento haga su trabajo. No cometamos el mismo error que cometieron los generales. Sigamos la ruta hasta el final, sin detenernos en ningún momento.
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