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Víctor Hugo Bolívar Graterol en la península de los dioses por Orlando Oberto Urbina

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Por Orlando Oberto Urbina


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En nuestra península de Paraguaná, residen escritores e intelectuales para quienes se ha hecho compromiso la palabra y su difusión en cuanto a la literatura, al canto, y a la pintura en nuestra gran Comarca. Paraguaná no es solamente el conjunto de aquellas refinerías que fueron muy importantes para la economía del país. Desde la inmensa tierra de certezas, de lunas inmensas, de su mar de sed y de otras amenazas, Paraguaná sigue en la vanguardia de la poesía, de la narrativa, la imaginación que tanto abordó Víctor Hugo: un soñador de palabras tejidas en los vientos y cantos que abrazamos en la tierra salobre con alma pura de sueños y esperanza. De eso nos nutrió el gran Víctor Hugo Bolívar.

Abogado y poeta, Víctor Hugo Bolívar Graterol perteneció a una familia que hizo historia en Falcón, pasando por la literatura, la política, y la historia de toda una generación que dejó un legado en pro del derecho de los vecinos. Se destacó en su vida política y en el ejercicio del derecho, poniendo sus conocimientos al servicio de las organizaciones vecinales en la ciudad de Punto Fijo.  En lo que respecta a la literatura, fue fundador con otros escritores del sello editorial “Ediciones del Cerro”, en el que se publicaron excelentes obras y antologías, y del cual fue su primer presidente. Dejó varias obras publicadas como Cuadernos de cuento uno (Colegio de Abogados del estado Falcón, delegación Paraguaná, 1985); Cuadernos de cuentos dos, El paso de los años (1991), y coautor de Cronicario de Sueños (1992). Además de ser coautor y recopilador de otras obras literarias, entre ellas: La luna tiene seis noches, El sudor de los pájaros, y Reunidos, entre otros.

Este poeta paraguanero nació el 11 de mayo de 1949, y cursó estudios en la escuela “Nuestra Señora de Coromoto”, la cual fue fundada por la maestra Conchita de Casares. La escuela está ubicada en la calle Libertad de Punto Fijo. Nuestro Víctor Hugo Bolívar fue un hombre que ejerció su profesión como gran amigo y respetado abogado. Fue una persona que se preocupó por la divulgación intelectual de hombres y mujeres en sus creaciones literarias. Fue fundador, junto con otros seis escritores de la Península de Paraguaná, de Ediciones del Cerro en 1985, reunidos en aquella taberna en que se reunían escritores y hacedores de la cultura paraguanera. Dicho local nocturno era “Las Turas”, cercano al Ateneo de Punto Fijo.

Esta editorial ha publicado más de cuarenta y ocho libros. Además de su trayectoria literaria y jurídica, también fue un hombre de librar luchas sociales y reivindicativas; se preocupó por los trabajadores, y llegó a publicar en su momento un texto titulado “Lo que el trabajador debe saber del bono compensatorio”. Fue merecedor por unanimidad de los premios municipales de literatura mención narrativa en los tres municipios de Paraguaná: Falcón, Carirubana y Los Taques.

Se destacó en la vida estudiantil y literaria en los pasillos del Liceo “Cecilio Acosta” en Coro, donde va a culminar los estudios de bachillerato. Va a intervenir en grupos literarios, y es cofundador del grupo literario Kasega, en el que van a confluir excelentes poetas falconianos, quienes fueron asesorados por los profesores de la escuela de letras de la Universidad del Zulia, Enrique Arenas Capiello y Lidda Franco Farias. Kasega fue un grupo literario contestatario que fue fundado por varios estudiantes a finales de los años sesenta. Habían tomado a Coro por asalto, que era una ciudad conservadora. Este grupo va a mover las simientes de la cultura no oficial. Entre ellos están los escritores: Rafael Alfonso, Edgar Bracho, Pedro Cuartín, Pedro Bracho, Diobis Rodríguez y Víctor Hugo Bolívar. Luego se van a incorporar al grupo Kasega Jesús Oduber, Claudio Beurim, Paúl González Palencia y Ramón Miranda.

El poeta nos entregó sus textos con aroma al mar, a la tierra seca, y al amor que se canta en la belleza de su tierra. Entregaba sus textos publicados y nos decía: “para que hablen en mi representación”. Nos dejó las enseñanzas, la querencia por la tierra. Víctor Hugo en su poesía nos traslada al sentimiento de los adentros como este texto:

Mi casa era un rio de aguas mansas, dedicado a Licho.

Cuando vivías, /mi casa era un rio de aguas mansas/ Y no conocíamos el vacío. /Créeme/

que las tardes ya no son como antes. / Tampoco las parrandas/ni los cumpleaños/En las noches te pensamos/y respiramos tu olor en las almohadas.

Nos lleva a un recuerdo del ancestro de su origen, va soltando en cada uno de sus poemas, la nostalgia en cada canto, a Víctor Hugo lo acompaña ese sentido de pertenencia, al origen y nos va llevando en cada palabra sus lunas, sus amaneceres. En mis antiguos Conciertos dedicado a Chichi y Marilyn: Mi guitarra/ ya no suena, /tampoco el piano de cola/ni el acordeón de mi orquesta. /Los violines/quedaron sin fuerza, /la flauta/no deja circular el viento, / y las trompetas/ resulta inútiles.

Con respecto a su libro bifronte Yodo Radiactivo/ Urbe Propia, comienzo primero a pedir disculpa porque el poeta me había pedido el prólogo, y nunca supimos si se extravió en la imprenta, o una mano peluda desvió tal presentación. Fue de mal gusto para mí, que asumí el compromiso de hacerle el prólogo, ya que fue un honor escribir sobre este libro de mi amigo. Este hombre de letras -para el tiempo en que se publicó Yodo radiactivo- ya estaba convaleciente de salud, pero nunca dejó de escribir, siempre fue lúcido en su pluma, y del libro siempre recuerdo este texto poético: Ella/ siempre me acosa/ y persigue. /Esa señora/ la muerte/ es implacable/ y tenaz.

El poeta va a transitar una poesía que se hace valiente. El poeta esta convaleciente y siente que la poesía le ayuda a vivir, a tener mayor fuerza para superar su situación de salud. Expone en su interior esa palabra mágica: Estas palabras/me cansan/ y perturban: /Oncólogo, endocrinólogo, /yodo radiactivo…/ ¿hasta cuándo? Vuelve a su molestia, a ese cansancio, sin dejar de ser el poeta, aún afectado por su enfermedad. Nos dice en este poema: Mi tránsito/ por esta resolana, / ha comenzado /a fatigarse.

En sus otros textos de Urbe Propia, nos va adentrar en esa narrativa poética. Trance/ Yo supongo. /Imagino a lo sumo, / que este atontamiento, incorporamiento espiritual, / trance vivido por los poetas antes de escribir/ el poema o cuando se lee verdadera poesía, / es parecido a los momentos /de oración del sacerdote/ intentando inútilmente comunicarse con Dios.

Su escritura va adquiriendo su vivencia. Lo terrenal presiente su final: es un hombre que en toda su reflexión nos enseña el valor de la existencia, su camino andado. Nos traslada en esa flor que nunca dejó que se secara; siempre le va a transmitir ese sentido de la existencia en este texto: En la habitación N. 208 / no pudieron los somníferos/ ni la anestesia/borrar mis recuerdos.

Este creador falconiano se dedicó a la creación literaria hasta el final de sus días. Este amigo y excelente ser humano era hijo de Didalco Bolívar Peraza y Doña Lola Graterol de Bolívar, quienes, en su casa de Coro, conocida como “El Pilón”, en la urbanización Cooviobrenco, lugar de reencuentros familiares y de amigos. Es necesario decir que la suya es una familia grande de ilustres hombres y mujeres muy reconocidos en la tierra caquetía. Casi todos son escritores, poetas y hombres de política; sus hermanos y sus primos en esa cofradía de poetas.

Conocí a su tío León Graterol, poeta que recitaba y que era un gran conversador.

Víctor Hugo Bolívar egresó como abogado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y nunca dejó de escribir, aun en sus labores jurídicas; además de ser un hombre preocupado por el quehacer social y político, así como por la labor cultural.

Falleció el 10 de febrero de 2018, aquejado de salud. Fue al encuentro celestial de su hija, que también era escritora a pesar de su corta edad.





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