Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:47 am
Los
últimos sucesos de la relación Universidades – Gobierno Federal de EEUU genera
-cuando menos- un “déjà vu”, esa sensación de “ya lo he visto” que
inquieta a la mente humana, generándole un leve estrés, por no saber cuándo,
cómo, o en qué concluye esa imagen conocida. El caso es, que tal situación
sobrepasa la condición mental de la aparición breve y fugaz de situaciones
familiares, simplemente porque “ya lo he vivido”, esto es el recuerdo que evoca
la memoria de un suceso que pasó y cuyos efectos están en pleno desarrollo.
Antes
y ahora, el centro del conflicto está en la autonomía universitaria, pues, aunque
los propósitos de cada parte invocan objetivos, aparentemente respetables, porque,
una, alega defender la seguridad de la Nación y, la otra, la libertad para
intercambiar ideas y opiniones desde una amplia gama de puntos de vista, la
fuerza del poder impone condiciones y amenaza con restricciones presupuestarias
o sanciones a las universidades que rechacen su mandato, todo lo cual, impacta sobre
el valor del régimen de libertades consagrado en la Primera Enmienda de la
Constitución de los EE.UU.
La cuestión
es, según el Profesor Herencia (2025) de la Universidad de Ottawa, que está en
curso “un ataque sistemático a la libertad académica, al pensamiento crítico, a
la investigación independiente y a la autonomía universitaria en todas las américas,
incluida Canadá”, como una especie de movimiento en contra de la misión de la
Universidad. Indudablemente, lo que viven hoy las universidades norteamericanas
genera reacción en el mundo académico, en el que, no pocos dejan de referirse a
la desafortunada experiencia de las universidades venezolanas.
Lo
que pasa allá, nos pasó acá y, probablemente, cuando pasó acá muchos de allá no
pensaron posible que les pasaría, porque la percepción de que los problemas de
otros son distantes o fuera de nuestro alcance -aunque nos guarda de algunos sufrimientos-
no impide que los toque en algún momento. Nadie escapa de las luchas de poder
que se manifiestan en cada sociedad, por tanto, es previsible que tales luchas
se desborden y se lleven por delante a las instituciones, como las
universidades. Entonces, Universidades del mundo, este déjꞻ vu recuerda la
vulnerabilidad de las instituciones educativas frente a la interferencia
política y los abusos del poder.
Hay
demandas elementales para el ser humano, como las que defienden las libertades
de desarrollo personal, de pensamiento, de expresión, de asociación, de
manifestar pacíficamente, de defender el estado de Derecho, la democracia, y en
general, las que protegen los DDHH, las cuales justamente, han de manifestarse
en el recinto universitario sin temor a la censura o a la represalia. Claro
que, dentro de los límites del equilibrio, la justicia y los valores democráticos
que la misma Universidad defiende.
Ojalá
podamos consolidar la fuerza de una mente colectiva universitaria mundial para
atender esta coyuntura de defender la autonomía universitaria y, sumar
esfuerzos para atender los riesgos que pueden presentarse en el futuro para la
humanidad.