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En la conmemoración del Centenario del Natalicio del Expresidente de la Repùblica

Luis Herrera Campins por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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Luis Herrera Campins por Carlos Guillermo Cárdenas D.


Mi agradecimiento al comité organizador de la Conmemoración del Centenario del Natalicio del expresidente Luis Herrera Campins en su memoria, ciudadano de nobles y altas virtudes que ganó alto puesto en la historia de la república. El peregrino del diálogo como se autocalificó en la campaña electoral presidencial que lo llevó a la presidencia en 1979.

Desde la instalación del sistema democrático en Venezuela, el 3 de diciembre de 1978, significó la quinta elección presidencial. Diez candidatos por distintas organizaciones y partidos políticos fueron postulados. El candidato socialcristiano Herrera Campins obtuvo el triunfo con el apoyo del sociacristianismo  venezolano COPEI, Unión Republicana Democrática URD, Frente Democrático Popular FDP y OPINA. Herrera Campins obtuvo el 46%, Luis Piñerua el 43%, José Vicente Rangel el 5%, Diego Arrias el 1%, Luis Beltrán Prieto Figueroa 1%, Américo Martí el 0.9%, Héctor Mujica el 0.5% y Leonardo Montiel Ortega el 0.2%.

El 12 de marzo de 1979 Luis Herrera se juramentó como Presidente de la República para el periodo 1979-1984 a la edad de 54 años. En el discurso ante el Congreso Nacional expuso el programa de gobierno, priorizando el desarrollo de la agricultura y de la industria, el concepto de Estado Promotor, el programa educativo como una prioridad nacional desde la educación primaria hasta la científica y tecnológica, la implementación de una política de gran proyección en el campo de la salud y de los hospitales, ofreció disciplinar el gasto público, enfrentar el despilfarro consumista y la corrupción administrativa y sincerar la situación económica del país.

Nombró a los principales ministros de Cordiplan, Fondo de Inversiones de Venezuela, la Cultura, Ciencia y Tecnología, Desarrollo de la Inteligencia, Asesoría Parlamentaria, Relaciones con el Oriente y ministerio para la Participación de la Mujer.

Durante su gestión se realizaron las Elecciones Municipales separadas de las presidenciales el 3 de junio de 1979, se implementó el Ciclo Básico Común de 9 años. Se planteó en 1980 el debate parlamentario sobre el barco Sierra Nevada. El 27 de julio de 1980 se promulgó la nueva Ley de Educación, el 30 de diciembre de 1980 la Ley tutelar de Menores, la Ley de Contratación del Metro de Caracas, la Ley del Instituto Autónomo de Ferrocarriles de Venezuela. Aconteció en la ciudad de Nueva York el fallecimiento del expresidente Rómulo Betancourt el 28 de septiembre de 1980, la promulgación del nuevo Código Civil el 27 de agosto de 1982, el mismo año se inaugura el primer tramo del Metro de Caracas entre las estaciones de Pro Patria y Chacaíto, el Complejo Cultural Teresa Carreño de Caracas en el marco de las celebraciones del segundo centenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar. El cuatro de diciembre de 1983 se realizaron las sextas elecciones presidenciales de la era democrática con el triunfo de Jaime Lusinchi.

Se ha desglosado tal vez lo más resaltante del periodo presidencial que presidió el presidente Herrera. Mencionar todas las obras centrales y de las regiones durante su mandato, escapa al propósito de las presentes palabras de este homenaje en su memoria.

Luis Herrera fue un hombre de su país y de su tiempo expresa acertadamente su biógrafo y estrecho colaborador Ramón Guillermo Aveledo.

En los tiempos presentes el ex presidente es un desconocido para la mayoría de los venezolanos. Su figura quedó retraída en los anaqueles de los historiadores, más mencionado por la propaganda que por la historia. Su gobierno ha sido evaluado insuficiente e incompletamente en lo que se refiere a la obra de gobierno, en lo que logró y no pudo lograr. La historia está en deuda con este hombre que con rectitud y honestidad manejó la hacienda pública como presidente.

Le correspondió nacer bajo los signos de la dictadura de Juan Vicente Gómez y murió bajo los signos de otro sistema que no termina de definirse ideológicamente.

Le correspondió vivir en una Venezuela que cambió en todos los sentidos. La Venezuela que dejó el campo cuando el petróleo nos inundó. Una Venezuela que nos intoxicó con el oro negro que no se supo aprovechar en muchos sentidos. Que no se supo sembrar como lo propuso el gran merideño Alberto Adriani y lo repitió insistentemente el escritor y político Arturo Uslar Pietri.

Por décadas la economía nacional creció dentro de un proceso que sustituyó las importaciones y permitió implementar la reforma agraria que en sus etapas iniciales tuvo la sana intención de cambiar la fisonomía del campo pero que después degeneró en un rotundo fracaso que no permitió mejorar la calidad de vida del campesino.

Se falló en la educación, el campesino no pudo sembrar el surco de la tierra que había recibido de la reforma agraria, el baño de las viviendas lo convirtió en almacén de los utensilios para la agricultura y las condiciones de salubridad desmejoraron.

A pesar de los esfuerzos más de individualidades que de políticas sanas de los gobernantes, el modelo rentista fracasó como se evidenció en febrero de 1983. A Luis Herrera le correspondió afrontar el colapso de la economía que se manifestó en el dramático Viernes Negro.

Había recibido un país hipotecado y la caída de los precios del petróleo precipitaron la crisis.

Los intentos de corregir la dirección de la economía fueron fallidos, muchos parlamentarios no asimilaron o no entendieron las medidas económicas que era necesario implementar. La robustez de la economía que había tenido el país en los primeros 15 años de democracia, sucumbieron, lo que originó consecuencias que en los últimos 25 años se han acentuado, para colocar la economía del país en las peores del siglo XXI.

 Acarigua, hijo del llano

Aprendió desde niño la música de la llanura. La novela por antonomasia Doña Bárbara, tenía cinco años cuando dio a luz la novela del gran Rómulo Gallegos, novela llanera de quintaesencia aunque el autor era un caraqueño. Andrés Eloy Blanco el gran poeta venezolano que con sus versos llegó al común del pueblo. El segundo himno Alma Llanera, primero una zarzuela y luego el himno del llano y de los venezolanos. Luis Herrera aprendió desde niño a degustar la carne de parrilla, el plato de las celebraciones familiares.

Le correspondió vivir su juventud en las sabanas del llano, extensas tanto como cuando el sol se oculta en el atardecer. Las llanuras de Apure y Barinas en el occidente hasta las llanuras de Monagas, pasando por Portuguesa, Cojedes y Guárico, el sur de Aragua y Carabobo, Anzoátegui y Monagas.

Con Luis Herrera cuatro llaneros ocuparon el solio Presidencial de Cristóbal Mendoza. José Antonio Páez de Curpa, vecina población de Acarigua, Raimundo Andueza Palacios, guanareño, Joaquín Crespo nacido en el sur de Aragua y Luis Herrera, acarigueño, con padre de San Carlos y madre de Ospino. Llanero por los cuatro costados.

Un breve paréntesis para invocar la figura del general Joaquín Crespo, su vida llanera y guerrera marcó un hito en la historia republicana. Nacido en San Francisco de Cara, Aragua, con formación en el hato guariqueño de Parapara Cojedes. Héroe del deber cumplido lo llamó el congreso de la república, esposo fiel a misia Jacinta, jefe supremo del gran partido Liberal Amarillo y presidente dos veces, 1884-86 y 1894-98.

Referirse a Páez el héroe de las batallas de Apure y Barinas, que reconoció el liderazgo de Bolívar en momentos que parecía peligrar la independencia de Venezuela, es rendirle tributo a quien, con errores y aciertos, luchó por definir la nación como República. Un mérito de Páez, reconoció que se mantuvo en el poder más de lo que debió permanecer. Más tarde en su autobiografía exclamó que terminaba la historia de su vida donde debió haber acabado la historia de su carrera pública.

Y llegamos a la historia de una vida fascinante, un hombre peculiar, un venezolano del mundo llano, paciente, familiar, tolerante, de aguda inteligencia, desapegado del reloj y del apuro. Ramón Guillermo Aveledo lo llamó al Llanero solitario.

Cuando Luís Herrera ganó la presidencia para unos tenía la seducción de la promesa y para otros la desconfianza del enigma, expresó su biógrafo Aveledo.

A José Antonio Páez lo admiró como puede apreciarse de algunos de sus discursos. Era su paisano llanero, lo recordó en las cercanías carabobeñas donde Páez libró una de sus hazañas más heroicas que marcaron la independencia de la República.

En algún momento el presidente Herrera expresó sobre Bolívar como la encarnación de la idea que andaba en busca del pueblo y de Páez la encarnación del pueblo que andaba en busca de la idea.

Mas tarde expresó que una persona puede considerarse culta cuando puede leer a Quevedo sin diccionario. El gran Francisco Quevedo, 1580-1645, que cultivó todos los géneros literarios de su época. Se dedicó a la poesía muy joven, escribió sonetos satíricos y burlescos además de grandes poemas en los que expuso su pensamiento típico de la época barroca.  

En otra oportunidad finalizó un discurso citando a la carta al Greco de Niko Kasantzakis y exclamó a los venezolanos, ayúdenme a llegar hasta donde no pueda.

Luego en su último mensaje al parlamento recordó a Borges en Religio Medici -1634-, defiéndeme señor, del impaciente, apetito de ser mármol y olvido, defiéndeme de ser el que ya se ha ido.

Su padre Luis Antonio Herrera Muñoz se casó con Rosalía Campíns Zamora, una muchacha de Ospino de mirada vivaz, con quien procreó tres hijos, Pablo el mayor, estudió medicina, fue gobernador de Portuguesa y senador por Acción Democrática al que perteneció siempre como fiel militante, María Esperanza que estudió farmacia y ejerció en su pueblo natal y Luis Antonio Ramón Porfirio que llegaría a Presidente de la República. 

 Un hijo del general José Rafael Gabaldón y la joven dama tocuyana Romelia Tamayo será su compañero en el Colegio La Salle de Barquisimeto. Este hijo luego criado por el matrimonio portugueseño Luis Horacio Ugarte y Hercilia Pelayo se llamó Alirio Ugarte Pelayo, destacado dirigente político del partido URD, candidato presidencial, que terminó su vida de manera trágica.

Luis Antonio vivió los primeros diez años en su Acarigua natal. Trepó árboles, hizo excursiones, pero nunca nadó porque tampoco aprendió a nadar. Cabalgó con palos de escoba, jugó béisbol con guantes cosidos, bates de madera de guayabo y pelotas caseras, pues tuvo predilección por el deporte de la pelota pequeña.

Por influencia de su madre doña Rosalía, fue católico muy devoto desde niño. Su compañero de infancia y adolescencia Ignacio Velasco García le expresaba que Luís Antonio sería cura, a lo que respondía, el cura serás tú. Ignacio Velazco luego fue salesiano, educador de espíritu misionero, Juan Pablo II lo hizo Vicario de Puerto Ayacucho, Arzobispo de Caracas y Cardenal de la Iglesia Católica.

En 1935 la familia Herrera Campins se muda para la capital del estado Lara, Barquisimeto. Los varones estudian en el Colegio La Salle, colegio de cierta categoría académica que garantizaba una educación propicia para preparase a futuro.

Jóvenes mayores que fueron alumnos del instituto La Sallista, Gonzálo Barrios acarigueño, Víctor Jiménez Landinez yaracuyano, Eligio Anzola Anzola larense. Contemporáneos con Luís Herrera, Alirio Ugarte Pelayo portugueseño, Ramón Escobar Salón barqusimetano y Carlos Zapata médico de Ospino. Mas jóvenes, José Vicente Rangel portugueseño, Felipe Montilla y Rafael Montes de Oca gobernador y ministro.

El año de 1940 en el contexto de la Gran Exposición de Barquisimeto conoció al ya renombrado aún joven conductor de la Unión Nacional Estudiantil –UNE, Rafael Caldera.

La UNE había sido fundada el 8 de mayo de 1936, consecuencia de la división de la Federación de Estudiantes de Venezuela –FEV. La FEV jugó un rol de unidad estudiantil posterior a los acontecimientos de 1928, sus líderes juveniles venían de las organizaciones marxistas. Mientras que los estudiantes que provenían de los colegios católicos, los colegios jesuitas, los colegios lasallitas y los colegios salesianos no comulgaban con el pensamiento marxista. Dada las circunstancias anteriores, se publica el comunicado suscrito por más de dos centenares de estudiantes encabezados por Rafael Caldera Rodríguez, yaracuyano de origen y estudiante de Ciencias Jurídicas, vinculado a las organizaciones católicas estudiantiles, se funda la Unión Nacional de Estudiantes- UNE.

El joven  Caldera venía del Congreso de la Juventud Católica Estudiantil celebrado en Roma, donde conoció al también líder estudiantil chileno Eduardo Frei, con quien mantuvo una relación cercana que se prolongó el resto de sus vidas. Caldera después presidió la organización Acción Electoral en 1942 y en un viaje a los EEUU conoció al gran filósofo cristiano Jaques Maritain. Maritain fue partidario de una sociedad abierta y plural, inspirado en principios de cooperación entre los diferentes, defensor de los sistemas democráticos con base en la participación popular, la libertad ideológica y de culto y los derechos humanos. Sostenía la prevalencia de la persona sobre el mercado y el destino universal de los bienes. Exaltó el bien común como un concepto fundamental de la filosofía política.  Luis Herrera le profesó admiración y respeto a Jacques Maritain, filósofo francés que vivió en la primera mitad del pasado siglo XX.

Como lo decía Francois Perroux y lo confirmaba Louis Joseph Lebret, el hombre no sólo tiene una mandíbula para comer y un cerebro para pensar, sino un corazón para sentir. Aquí está la clave del sentimiento para la acción política. Los políticos no pueden sólo pensar en las estadísticas económicas, el PBI y el Banco Mundial. La felicidad humana que al final es lo que se persigue, es más compleja y más sensible. Pero el tema que nos ocupa esta hermosa mañana Vigidense no es la felicidad humana ni la dignidad humana, sino la obra y vida del Presidente Luis Herrera. Volvamos a ella.

En un editorial del periódico UNE, en septiembre de 1936, el editorial expresa: “Este es hoy el mal venezolano, desde Carujo hasta Gómez, lo que hoy se llama gomecismo no es más que la personificación del mal venezolano. Y Carujo, los Monagas, Castro y Gómez no son más que la concretización del mal venezolano en sus personas y ellos indican nuestra regresión progresiva”.

El 12 de febrero de 1946, en acto público celebrado en la ciudad de Barquisimeto, uno de sus compañeros expresó sobre que “aquellos jóvenes en el disciplinado seno de nuestras aulas aprendemos el culto a la patria y nos gestamos para cumplir cabalmente el compromiso de darnos a ella por entero”.

Luego concluido los estudios de secundaria, Luis Herrera viaja a la capital para continuar los estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, en la Casona de San Francisco a Sociedad, frente al capitolio nacional.   

La admiración por la capital fue motivo de especial atención como años más tarde lo expresaría, “a la Caracas hay que hacerle obras importantes para que no solo los caraqueños se acuerden de las obras de la dictadura”. Con esa especial admiración a la capital, le dejó obras que la embellecieron y la resaltaron como el primer tramo del Metro de Caracas al que le dedicó todo el tiempo y los recursos necesarios para concluir el primer tramo. El Complejo Cultural Teresa Carreño del que siempre se sintió orgulloso de su construcción. El Complejo Deportivo Parque Naciones Unidas. Las obras especiales para los Juegos Panamericanos de 1983. Los Bulevares de Sabana Grande y Catia. El Foro Libertador con las sedes de la Corte Suprema de Justicia y la Biblioteca Nacional.

En 1941 fallece su padre en la ciudad de Barquisimeto. De los hijos, fue el que más vivió con su padre. De él tuvo tal influencia que desde que falleció el padre, siempre uso la corbata negra.

En 1946, con motivo de la fundación del PSCC anotaría “El mas joven entre los viejos y el más viejo entre los jóvenes”.  Ejerció un liderazgo dentro de su partido hasta el final de sus días. Diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Portuguesa a los 22 años.  No concluyó sus estudios en Caracas porque fue objeto de una medida de expulsión del país, Colombia fue el destino. Luego Santiago de Compostela, Londres, Roma, Munich, para retornar a la patria en febrero de 1958. En la vieja Europa aprovecha para seguir sus estudios de Derecho, estudiar otros idiomas, conocer lugares de interés, relacionarse con otros desterrados de la dictadura y adquiere una visión más amplia del mundo.

En diciembre de 1958 el pueblo de Lara lo elige diputado al Congreso Nacional. En las siguientes elecciones de 1963 repite como diputado. En 1968 ocupó la primera candidatura por el Estado Lara a la Cámara de Diputados.  En 1973 senador y en 1978 presidente de la República. Aspiró dos veces a la presidencia, en el primero -1973- perdió la candidatura frente al candidato Lorenzo Fernández.

Gobernó siempre lo que dijo y puso todo su empeño en demostrarlo, para todos los venezolanos, fundamentalmente para los pobres.

Luis Herrera fue un católico de práctica diaria. Devoto de la Patrona la Divina Pastora, a cuyas procesiones asistió con religiosa regularidad y constancia. Aveledo, su principal biógrafo expresa que nunca se le vio tan emocionado espiritualmente en un acto de vida pública como cuando condecoró a la madre Teresa de Calcuta con la orden Libertador en primera clase.

Se casó con Betty Urdaneta Campins, a quien le llevaba 11 años de diferencia, era hija de una parienta. Marido y padre ejemplar, con doña Betty tuvo cinco hijos, formó un hogar armonioso. Su sencillez y bonhomía le permitieron vivir en paz consigo mismo.

Como dirigente parlamentario siempre los temas internacionales fueron prioritarios en su gestión en el Congreso Nacional. Esto le permitió una visión amplia del mundo que aprovechó positivamente cuando ejerció la primera magistratura.

Se le consideraba un hombre zamarro, entendida la palabra como hombre astuto. Sabia escuchar con paciencia para lo que achicaba los ojos, para luego expresar su opinión con propiedad y tino. Supo esperar su tiempo. Fue un hombre constante, virtud fundamental en el político. Recuerdo la frase del exgobernador y exsenador por Mérida, el siempre recordado German Briceño Ferrigni, siempre hay que saber esperar y ser constante en la lucha, constancia y más constancia, perseverancia y más perseverancia.

Fue un hombre de austeridad probada, excepto cuando estaba sentado frente a la mesa. Comía con generosidad sin abusar de ella. Se le atribuyó especial gusto por el chocolate con avellana, el Toronto, afirmación que nos negó en una oportunidad en casa del profesor universitario David Delgado Iturriza, presente en ese acto.

Un paréntesis para una anécdota con el presidente Herrera. Por aquellos años de l998, siendo quien les habla Vicerrector Académico de la Universidad de Los Andes, se celebró en la casa de David Delgado Iturriza un desayuno. Ya después de haber degustado el esquisito manjar como desayuno, preparado por nuestra muy apreciada amiga Nelly Contreas de Delgado Iturriza, en un amplio sofá compartimos con el presidente, Léster Rodriguez Herrera a la sazón Secretario de la Universidad de Los Andes y el suscrito. El presidente Herrera sacó del bolsillo lo que nosotros creíamos que sería un Toronto, pero era una Pepa de Zamuro. Me la entregó a mi con el compromiso que después que fuese rector de la ULA pues así pensaba él que sería, yo se la entregaría a Léster que me sucedería en el cargo. La pepa la guardé celosamente durante un tiempo. Pero resulta que en las siguientes elecciones, ni Léster ni el suscrito ganamos las elecciones. Pasaron cuatro años, Léster aspiro de nuevo al rectorado, ganando con muy buena votación del Claustro Universitario. La Pepa de Zamuro se la entregué el día que asumió el rectorado de la Universidad.

Además del apetito por la comida criolla y la comida italiana, consumió cigarrillo hasta entrados los sesenta años. Abandonó el hábito tabáquico sin nostalgia ni ansiedad.  Era terco sin llegar a la soberbia. Escuchaba aunque no hiciera caso a lo que escuchaba. Aceptaba la crítica sin molestarse. Comenzaba el día en horas muy tempranas. Su día laboral concluía a altas horas de la noche. Acostumbraba a dormir una corta siesta después de almuerzo. No le interesaba la avaricia aunque jugaba el cuadrito de 5 y 6 semanalmente.

“La intervención estatal –escribía en 1961- se justifica en la mayor parte de los casos porque viene a suplir la ausencia de conciencia social en quienes se supondría tenerla en buena lógica”.

La envidia le era ajena. Le era fácil ponderar las virtudes de otros. Y reconocer los méritos y bondades de quienes fueron sus competidores.

Sólo quien sabe callar rectamente sabe hablar rectamente.

Cuando dejo el poder afirmó: “A los presidentes no se les puede estar presionando constantemente. El presidente escucha y su respuesta es la decisión que tome. Esto muchas veces no se entiende”.

La copla llanera y el verso, tanto culto como popular fueron la sal y pimienta de sus discursos y declaraciones.

“No te remontes tal alto

Prenda de tanto valor

Que al árbol que más se eleva

Le tumba el viento la flor”.

Gozaba de buena prosa escrita y hablada. Se destacó como conferencista y en la entrevista periodística.

Para él, el tiempo era el único recurso natural verdaderamente no renovable. Era liberal con el tiempo. Sabia esperar pero también sabía hacer esperar.

Un paréntesis para otra anécdota. En la campaña presidencial del 78 en la gira por Mérida, se le programó en la casa habitación del doctor José de Jesus Avendaño, recordado pediatra y nuestro profesor, la cena con el sector universitario para las 8 pm. El candidato se apreció después de las 11 pm, llegó tan agotado de la gira que se quedó dormido en el sofá, a lo que el doctor Avendaño exclamó, ahora si la pusimos, el candidato aparte de llegar tarde, dormido se quedó.

Hablar de la familia de Luis Herrera constituye una faceta fascinante de su vida. La soltería se extendió hasta los 35 años, que para aquellos años era inusual. Para estos tiempos es lo común. La soltería se doblegó ante la bella muchacha trujillana de fina y frágil apariencia, de firmeza en su personalidad y en sus convicciones, llamada Betty Urdaneta Campins. Se conocieron en 1958 durante un viaje de la campaña electoral a Trujillo. Luis Herrera visitó la casa de su parienta Josefina Campins Alvarado, nieta del sabio Lisandro Alvarado y casada con Manuel Urdaneta Briceño. El político debió quedar impresionado por la parienta porque después del 29 de enero de 1959, ya concluido el ajetreo de la campaña electoral y antes de juramentarse como diputado al Congreso Nacional, le envió las obras escogidas del Indio Tagore con la siguiente dedicatoria

“Betty, espero que este libro de poeta excelso, pulse la mas afinada cuerda sensible de tu espíritu. Libro para dar forma de sueños al anhelo y color de ensueño al sueño. Y si acaso horas de soledad y tristeza se ciernen alguna vez sobre tu vida, ¡alégrate!, porque si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas brillar”.

Ella había egresado del Colegio Santa Ana de la ciudad de Trujillo. La relación de ellos comenzó como una cordial amistad que pronto se transformó en romance. Los viajes mutuos se hicieron frecuentes, tanto de él a Trujillo como de ella a la capital. El dos de septiembre de 1960 se casaron por la Iglesia en la Catedral de Trujillo. El padre de la novia no ocultaba su nerviosismo, mientras la novia segura estaba que no la dejarían plantada.

Así se formó la pareja Herrera Urdaneta que convivió durante 50 años.

A los años de casados adquirieron la vivienda La Herrereña en la urbanización Sebucán. De aquí se mudó para la Casona, residencia oficlal de los presidentes de la República, y de la Casona regresó a la Herrereña al concluir el periodo presidencial.

Usó su clásico automóvil Studebaecker durante varios años, hasta que los amigos más allegados hicieron una “vaca” para obsequiarle uno más moderno y cómodo, un Mercedes Benz que comenzó a usarlo con chofer.

Retornemos al Luis Herrera y su formación. Por aquellos años de vida escolar, al obispo Enrique María Dubuc le comentaron del talento de un jovencito Herrera Campins. Dado ese talento y la formación cristiana católica que el niño traía de su hogar, le insinuaron que siguiera los estudios sacerdotales. El año 1935-36 lo cursó en el seminario. Conocido con el apodo de “acariguita”. Vistió la sotana y recorrió las calles de la capital del estado, acompañado de la mano de su padre Don Antonio Luís, quien se mostraba orgulloso de su hijo.

El colegio La Salle de Barquisimeto fue de las primeras Escuelas Cristianas en formarse de Venezuela por aquellos años de 1913. 

A sus maestros, los hermanos de La Salle los recuerdaba a todos con muchísimo fervor, como hombres de grandes inquietudes sociales, profundas inquietudes por el acontecer del país, capacidad apostólica y abnegación. Orientaban a los muchachos hacia las ciencias sociales.

Era enemigo que lo fotografiaran en prácticas religiosas como la confesión o la comunión. Admitía ciertas concesiones a la superstición como acompañarse siempre de la Pepa de Zamuro en el bolsillo y mostrarla en los programas televisivos. Ya les comenté cuando el presidente Herrera me hizo entrega de la Pepa de Zamuro para que me trajera suerte en caso que ejerciera el rectorado de la ULA.

Cuando ya se había trasladado a la capital, además de proseguir su formación, promueve la de sus compañeros, algunos mas jóvenes como Rodolfo José Cárdenas, que recordaba que fue Luís Herrera quien promovió el primer cursillo de Formación Social con la participación del gran formador de voluntades juveniles Manuel Aguirre Elorriaga. El padre Aguirre tuvo el inmenso mérito de inspirar a los grupos juveniles en la doctrina social de la iglesia. De esas preocupaciones intelectuales del padre Aguirre, surgió años más tarde el Centro Gumilla que aún existe y funciona en Venezuela.

De inspiración cristiana, el Centro Gumilla acompañó procesos de organización cooperativista con campesinos cafetaleros en el estado Lara en la década de los años 1960 y posteriormente trabajó junto a organizaciones sociales de base, combinando el trabajo social con la reflexión política sobre el país. Aún mantenía nexos con el sector campesino, pero en las últimas décadas trabajó activamente con sectores suburbanos en las principales capitales del país. El centro acogió la edición de la Revista SIC que es la revista activa más longeva del país (se publica desde 1938).

Durante su estadía en distintos países por el exilio que lo aventó lejos, aprovecha para continuar su formación doctrinaria e ideológica, conoce líderes del viejo mundo. Le da prioridad a la formación y capacitación social que tanto le ayudaría en su carrera política como dirigente social cristiano.

Lee el Personalismo de Emmanuel Mounier, la relación entre la Economía y Humanismo de Louis Joseph Lebret y Francois Perroux y el profundo pensamiento filosófico del gran pensador jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, cuyo pensamiento tuvo profunda influencia en documentos de Concilio Vaticano II.

En 1961 el presidente LHC relataría: “Las encíclicas papales recogen y señalan los principios, no son teorías económicas ni sociales, ni políticas. Conceden amplitud porque son áreas de acción, son orientaciones en lugar de dogmas. Cada Encíclica debe estudiársele y analizársele a la luz de los tiempos que apareció. Es la única manera de enfocárseles con acierto y de juzgarlas con sensatez”.

El presidente Herrera viajó por el viejo mundo, tuvo oportunidad de conocer y escuchar de cerca al gran líder de la Democracia Italiana Alcides De Gáspéri. Admira en Alemania a Konrad Adenauer y la recién constituida Unión Demócrata Alemana. En Munich donde residía Kudwig Erhard, padre del llamado milagro alemán.

Así trascurren los años de destierro del expresidente Luis Herrera Campins, recorriendo y conociendo ciudades europeas, aprendiendo idiomas, estudiando realidades políticas de los países europeos. Contactos epistolares con connotados dirigentes nacionales desterrados y con líderes de la democracia cristiana europea.

Pero al regresar a la vida política del expresidente. Su presencia es incuestionable, activa y perseverante. Militó desde la fundación del PSCC. Aunque no asistió el 13 de enero de 1946 al acto en el Edificio Ugarte de La Candelaria. Así nace la organización contraponiendo su peso al partido Acción Democrática. La democracia no podría funcionar con un solo partido político.

Su presencia en el mitin del Nuevo Circo da inicio a su participación activa, fue de los organizadores del mismo. Su presencia militante se prolongó hasta su muerte. De la casa nacional salió el cortejo fúnebre hacia el Cementerio del Este donde bajó al sepulcro.

Una vida entera dedicada al servicio público, a la entrega absoluta al servicio social. Un desprendimiento que le permitió con generosidad extender la mano amiga al más necesitado. Esa vocación de servicio lo caracterizó desde los primeros años de su vida, que luego se cristalizó con el ejercicio del poder.

Pocas veces un político ha encarnado cabalmente a la nación, como Luis Herrera. En su apogeo fue el hombre país. Se apartó de la vida cuando el país mas lo requería para mediar los ventarrones que agobiaron a los venezolanos.

Sobre el expresidente se ha escrito buenas biografías para que las generaciones del presente conozcan su personalidad, su obra y su grandeza.

Cuando con el ex rector Felipe Pachano Rivera y Milton Granados Pomenta lo visitamos en la Herrereña, lo encontramos rebosante de optimismo que era su propela. Sus  análisis sobre la vida nacional eran ponderados y a la postre de esperanza. Seguía siendo el hombre modesto, sencillo y ponderado.

El optimismo de Luís Herrera era testimonio permanente de su personalidad. Una personalidad sana, directa y generosa como para creer en la bondad ajena.

Quienes lo conocieron desde cerca afirman que había en él una actitud diferente cuando estaba frente al campesino más humilde de  la comunidad Orará de la lejana aldea de Quirorá de Los Pueblos del Sur Merideño o cuando hablaba con personalidades del mundo empresarial o académico.

Se observaba como un magistrado. Que no le perturbaban los ataques por inclemente que fueran, ni lo envanecían los elogios que él no podía controlar.

El expresidente Herrera fue un hombre de muchas aristas y de consistente personalidad. La vida que llevó y la obra que pude desarrollar dan para muchas líneas y páginas. Los hombres como él merecen la proyección más de su tiempo.

Luis Herrera se ocupó con esmero de los detalles de la vida comunitaria y de los casos individuales con una vocación paternal que le reconocían. No fue ni demagogo, ni dominador, ni caudillo. De ello cuidó su imagen y reputación.

Fue un verdadero líder de sueños posibles y de utopías realizables. Un capitán y conductor de acciones de grandeza.

Se retiró sin molestar a nadie. Sin remordimientos de conciencia porque siempre le acompaño el bien al prójimo.

Cuando a él volteaban con preocupación y angustia las miradas de su pueblo, en la ondulada palpitación de la política que engrandeció con su gestión. Fue un hombre de probada y atildada conciencia de Estado. Era una reserva moral de la nación.

Su presencia evocaba incuestionablemente una etapa recordada y valorada de la historia nacional.

Tal vez estas palabras significaran una sensible reflexión de la pérdida de valores democráticos y republicanos en tiempos que se pensaba que el imperio de la Ley era el respeto de todos.

Luis Herrera hizo del honor la inalterable ley de su conducta.

Desde la primera mitad de su vida hasta poco antes de su muerte, Luis Herrera fue parte de la vida política del país. Parlamentario veinteañero en los cuerpos deliberantes regionales y nacionales. En la cámara del senado descolló como insigne orador. Su voz fue respetada por la cámara en pleno. La bancada socialcristiana lo eligió su líder parlamentario. Los grupos opuestos lo miraban con el respeto del conductor serio y talentoso. 

Cuando apenas rezaba los treinta fue despojado de lo más valioso para el ser humano, la patria. Aventado sin familia ni dinero, aprovechó tiempo en otras latitudes para el estudio y su formación profesional e ideológica. De vuelta al país en el amanecer de las banderas de la democracia, su presencia no pasó desapercibida.

Me complace en los más profundo de mis entrañas la oportunidad que el comité regional socialcristiano bajo la acertada dirección de Arquimedes Fajardo y Jorge Calleja y el comité pro celebración del centenario del expresidente Herrera de El Vigía, de pronunciar estas palabras que las he escrito consultando los textos publicados hasta ahora, es decir la biografía escrita, pero fundamentalmente lo que sale del corazón como el sentimiento más prístino que a los hombres nos acompañan cuando el corazón se expresa.

Muchas gracias a todos ustedes.

Mérida, 29 de marzo de 2025




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