Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 12:34 am
En la
actualidad se percibe con incertidumbre el presente y el futuro de la economía
internacional. Nuevas decisiones políticas, económicas, militares, entre otras,
están cambiando los incentivos para participar del comercio y las finanzas
internacionales bajo las reglas del libre mercado. En su lugar, el
resurgimiento del proteccionismo refleja un cambio hacia políticas que buscan
fortalecer sectores críticos dentro de las economías nacionales para mejorar su
seguridad económica.
Por ejemplo, la
decisión del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de aumentar los
aranceles a las importaciones de Canadá, China y México, así como a todas las
importaciones de aluminio y acero, ha generado que el planeta se prepare para
importantes controversias comerciales, interrupciones en cadenas de suministro
y distribución, y para una mayor incertidumbre económica. Además, este
retroceso del libre comercio tiene implicaciones más profundas, especialmente
en la lucha contra el cambio climático.
Y dentro del
actual contexto global marcado por la urgencia de combatir el calentamiento
global, una tendencia emergente es el reconocimiento creciente de la necesidad
de fomentar industrias locales amigables con el medioambiente. Esta necesidad
climática debe cumplir dos objetivos en simultaneo: 1) evitar un mayor aumento
de las temperaturas y, al mismo tiempo, 2) impulsar el crecimiento económico y
la generación de empleo. Metas en las cuales puede contribuir el comercio
internacional y sus nuevas tendencias, en especial, el comercio electrónico
—analizado en esta columna la semana pasada—, y el comercio verde.
El comercio
verde es el intercambio comercial internacional de bienes y servicios en áreas
como energías renovables, transporte ecológico, eficiencia energética, gestión
de residuos, agricultura sostenible, además de soluciones basadas en la
naturaleza y servicios profesionales ambientales. Una actividad clave para
garantizar la sostenibilidad de la vida en el planeta, en la medida que el
intercambio sin restricciones de bienes, servicios y tecnologías verdes entre
naciones facilita la descarbonización de la economía y la protección del
medioambiente a bajo costo.
Al respecto,
para alcanzar un libre comercio internacional verde, es fundamental un acuerdo
general a favor de la reducción de aranceles y barreras no arancelarias en una
lista cuidadosamente seleccionada de bienes y servicios verdes que aporten tanto
beneficios ambientales como climáticos. Pero siendo consciente, implementar una
política de comercio verde a escala global es un desafío, debido, entre otras
razones, a que una o dos naciones pueden bloquear un acuerdo complejo. Sin
embargo, podría construirse sobre las bases de acuerdos comerciales regionales
existentes entre una coalición de voluntades a favor del cambio de paradigma
dentro del comercio internacional.
Para avanzar
en dicha dirección, regiones como América Latina, Europa o el Este de Asia
pueden iniciar el debate acerca de los bienes y servicios verdes que deben
formar parte de la lista de productos libre de aranceles. Además, se deben
incorporar incentivos para la inversión extranjera directa verde y la
transferencia de tecnología, como un entorno político más estable, mayor
protección para inversionistas y derechos de propiedad intelectual.
Finalmente, las
barreras no arancelarias, más allá de los aranceles, también deben reducirse.
En muchos acuerdos de libre comercio, estas barreras —como cuotas de
importación/exportación, requisitos de contenido nacional, procesos de aduanas,
requisitos de trazabilidad, financiamiento comercial, seguros de crédito a la
exportación, entre otros—, son obstáculos aún más significativos que los
aranceles. De esta forma, se requiere de un análisis exhaustivo de estas
barreras y del diseño de medidas para reducirlas, entre las cuales se pueden
considerar la armonización de estándares de productos verdes y la disminución
de los costos de financiamiento comercial mediante instrumentos de financiación
verde.
Así, para enfrentar
las tensiones comerciales globales y reducir el riesgo de nuevas medidas
proteccionistas, el comercio verde emerge como una herramienta poderosa para
construir confianza mutua y abordar simultáneamente los desafíos climáticos,
económicos, políticos y sociales que enfrenta el mundo. El mayor desafío es
facilitar las condiciones para su desarrollo y consolidación como actividad
propia de la economía internacional.
@ajhurtadob