Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:39 am
La importancia
económica de las Cadenas Globales de Valor (CGV) sigue siendo alta, entre otras
razones, porque la fragmentación del proceso de producción con participación de
actores ubicados en distintos lugares del mundo sigue siendo más eficiente que
su concentración en un lugar geográfico específico del planeta. El gran desafío
para su consolidación y desarrollo es cómo en un mundo fragmentado por disputas
políticas y comerciales, los encadenamientos productivos eficientes no sufren
el mismo destino.
Dicha
preocupación surge debido a que la rivalidad geopolítica imperante entre algunas
naciones está intensificándose, se acrecienta y hasta parece plausible en la
medida que se mantiene la disputa por el liderazgo mundial. Sin embargo, esto
no implica que la economía mundial debe reconfigurar las CGV o volver a la
producción doméstica de mercancías como consecuencia de la inestabilidad
política mundial.
Esto debido a
que el acontecer geopolítico en la actualidad es extremadamente incierto. Lo
que complica el análisis del impacto de las políticas motivadas por razones geográficas,
ya que no es posible medir estos fenómenos como variables independientes
claras, como ocurre con el aumento de aranceles o los cambios regulatorios
tradicionales.
Además, esta falta
de certeza es particularmente problemática al analizar el impacto de la
geopolítica en las CGV. Así, para comprender los actos geopolíticos se requiere
identificar ciertos motivos, como la toma de decisiones basada en la posición
relativa de una nación, que pueden entrar en conflicto con otros objetivos al
momento de tomar una decisión de política pública. De igual manera, determinar
empíricamente si una política específica responde exclusivamente a motivos
geopolíticos introduce dudas sobre su clasificación.
Por otra
parte, el análisis de las CGV también se ve obstaculizado por la falta de datos
completos. A pesar de los esfuerzos desarrollado por organismos multilaterales
-Cepal, BID, BPI, BM, OMC, entre otros-, no existen conjuntos de datos
exhaustivos sobre las múltiples capas de proveedores con las que operan las
empresas internacionales. Los datos detallados sobre las transacciones, fuentes
de insumos y comportamiento de los compradores son escasos, ya que las cadenas
de suministro suelen ser una ventaja competitiva estratégica.
De igual
manera, la ocurrencia de eventos disruptivos, cuyo inicio puede remontarse a la
crisis financiera global de 2008, luego la pandemia del coronavirus, los
conflictos bélicos más recientes o la aparición de una nueva tecnología complican
aún más el análisis. No todos estos eventos tienen raíces geopolíticas, aunque
algunos han conllevado respuestas de este tipo. En este orden, el término polycrisis
refleja precisamente una acumulación de perturbaciones que, para estudiar
empíricamente el impacto de la geopolítica en las CGV, resulta necesario
controlar estos y otros eventos disruptivos por ocurrir.
Finalmente, es
fundamental insistir que, aunque la rivalidad geopolítica está indudablemente
influyendo en las dinámicas globales, atribuir todos los cambios recientes en
las CGV exclusivamente a este factor sin evidencia sólida puede llevar a
interpretaciones erróneas. Es necesario un enfoque más matizado y riguroso que
tenga en cuenta la complejidad de los factores involucrados, así como las
limitaciones de datos y metodológicas. Este ajuste es crucial para evitar
sobre-generalizaciones y garantizar que las políticas públicas, además de las
estrategias empresariales, se sustenten en el entendimiento realista de las
interacciones entre geopolítica y comercio internacional.
@ajhurtadob