Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:17 pm
Prensa
OVV Mérida
Es
probable que para los familiares de Gerson Cacique Uzcátegui, el propietario de
un restaurante en El Vigía asesinado en abril de 2024 por los disparos de un
par de violentos delincuentes, la noción de que viven en el estado más seguro
del país sea una apreciación difícil de comprender.
Pero,
para efectos estadísticos, la violencia es un concepto complejo en el que se
asoman distintas expresiones delictivas. Al final, no es un caso aislado, sino
la suma de esas realidades numéricas y la comparación con otros escenarios, lo
que construye el concepto de seguridad o violencia en términos sociales.
Precisamente,
apoyándose en los registros delictivos que se van cimentando a lo largo de todo
un año – a partir de diferentes fuentes – el Observatorio Venezolano de
Violencia en Mérida (OVV Mérida) estableció que el año 2024, recientemente
finalizado, mostró que este estado andino fue el menos violento, en comparación
con lo que aconteció en el resto de las 23 entidades que conforman al país.
Según
lo recogido por el OVV en su manejo estadístico, del 2017 al 2020 Mérida se
mantuvo en el ranking nacional como una de las entidades con menor tasa de
muertes violentas de Venezuela, oscilando entre el puesto 23 y 24 con valores
entre 18 y 31 muertes violentas por cada 100 mil habitantes (MV100m/h).
Más
adelante, en el año 2021, esa privilegiada ubicación de entidad menos violenta,
fue trastocada cuando Mérida subió al puesto 18, propensión que se observó
también en 2022 al ubicarse en el puesto 14. A pesar de ello, en 2023 bajó
posiciones y se ubicó en el puesto 19.
Esa
tendencia a alejarse de los puestos altos de la violencia, se consolidó el
pasado año 2024, ya que nuevamente Mérida bajó puestos y se ubicó otra vez en
el último lugar como la entidad menos violenta del país con una tasa de 11,6
MV100m/h, lo que significa una disminución de 35,1% en comparación con 2023
(17,9 MV100m/h).
Varias tasas para la suma
Es
necesario aclarar que esa tasa de 11,6 muertes violentas por cada 100m/h se
obtiene de la sumatoria de otro conjunto de tasas estimadas por cada 100 mil
habitantes, es decir: tasa de homicidios, tasa de muertes por intervenciones
policiales y tasa de muertes en averiguación.
En
lo que respecta a la tasa de homicidios, los investigadores del OVV Mérida
explican que después de varios años continuos (2017-2023) cayendo en sus
valores, esta tasa exhibió un cierto repunte en 2024.
Por
su parte, la tasa referida a muertes por intervención policial luego de 2021 se
mantuvo en valores muy bajos (por debajo de 1), siendo que en 2024 solo se
registró un caso de muerte violenta a manos de funcionarios policiales en
operativos legales de seguridad ciudadana. Entre tanto, la propensión de la
tasa de muertes en averiguación ha sido a la baja posterior a 2022, después de
haber sido la responsable del ascenso de Mérida en el ranking nacional de
muertes violentas durante 2021 y 2022 debido a que aquella tuvo incrementos
importantes para esos años.
Al
hablar de un 2024 con una baja tasa de muertes violentas, por supuesto que pudiera
causar extrañeza el ya mencionado aumento experimentado en Mérida en el renglón
de homicidios. Al respecto, como una posible explicación, el OVV conjetura que
esto puede ser consecuencia de “un mayor registro de este delito en contextos
de violencia intrafamiliar, de género, y contra niños, niñas y adolescentes, y
como resultado fatal de conflictos interpersonales (riñas, venganza por viejas
rencillas)”. Esta hipótesis toma fuerza cuando se hace la revisión de los datos
derivados del monitoreo de los medios de comunicación, estableciendo el cruce
entre los tipos de delitos y los tipos de violencia que se lograron
identificar. Solo el 8,3% de los homicidios intencionales reportados en esta
fuente acontecieron a manos de la delincuencia, el resto están vinculados a los
contextos de violencia anteriormente mencionados.
Colocando
más la lupa en el impacto de la violencia intrafamiliar en la generación de
homicidios, el OVV estima que la aparición cada vez más frecuente de familias
disfuncionales donde predomina el modelo patriarcal, la violencia contra la
mujer, la crianza de niños, niñas y adolescentes con violencia e irrespeto
(como modelo válido y normalizado de crianza), y en donde diferentes
situaciones se resuelven recurriendo a la violencia y empleando diferentes
armas (objetos cortantes o punzantes, armas de fuego y fuerza física);
combinado con circunstancias adversas derivadas de la actual crisis
económico-social y político-institucional que persiste en el país, la cual
invade a la inmensa mayoría de los hogares venezolanos; podría explicar en
parte aquel aumento de desenlaces fatales.
Otras fuentes de la criminalidad
Por
otro lado, las muertes violentas como consecuencia de riñas y/o viejas
rencillas entre individuos, en un número importante de casos son ocasionadas
por las condiciones actuales en las que vive la mayoría de los venezolanos, las
cuales han dado pie para que la intolerancia se pose en los hogares y que se
desencadenen en muchas situaciones: conflictos, enfrentamientos y hasta
desenlaces fatales dentro y fuera de los mismos.
Sumado
a estos causales, para el OVV Mérida la crisis humanitaria es, sin duda, un
detonante a destacar, pues esa presión producto de las circunstancias adversas
económicas, sociales, de salud, entre otras, como consecuencia de dicha crisis,
genera además mucho estrés en las personas. “Es fácil, entonces, trasladar
todas esas emociones a circunstancias que parecerían ser sencillas de dirimir
en muchos casos (entre familiares o entre amigos o conocidos), sin embargo, está
claro que ningún tipo de acción violenta es justificable para la resolución de
cualquier conflicto interpersonal”, señala el informe del OVV.
Otros argumentos para el descenso
En
el informe del OVV Mérida también se indica que los homicidios intencionales,
relacionados con contextos delincuenciales, siguen en descenso. Al igual que en
años anteriores, las evidencias encontradas indican que este retroceso continuo
sigue siendo el resultado de la combinación de varios factores: migración al
exterior de victimarios y de potenciales víctimas, disminución en el uso de
armas de fuego en la consumación de homicidios y otros delitos, el
significativo registro de muertes en averiguación y la disminución de bandas
delincuenciales operando en la entidad (desmanteladas por los cuerpos de
seguridad del Estado).
En
lo referente al descenso de la tasa de muertes en averiguación, los
investigadores del OVV plantean dos hipótesis: la primera es que se dio una
mejora en los registros policiales (por intervención de diferentes factores),
lo que se traduce en menos muertes en incógnita según su intencionalidad. La
segunda, la menor ocurrencia de muertes violentas a ser esclarecidas por la
policía (muertes en averiguación) significó menos casos en estudio forense para
los funcionarios, y eso condujo a una mayor efectividad en el esclarecimiento
de muertes violentas como homicidios, suicidios o por otras causas.
“Es
posible que la segunda conjetura sea la que más se acerque a la realidad. Esto
debido a que, en Mérida, después de 2022, el número de casos estimados de
muertes en averiguación ha venido cayendo de forma notoria”, consideran los
investigadores. Este particular descenso -que entre 2022-2024 resultó ser de
67,2%- podría deberse a la caída de las muertes por suicidio en la entidad:
41,4% entre 2021-2024. De hecho, en esta entidad andina los casos de suicidios
superan a los de homicidio, además, en la mayoría de los años de registros
estadísticos de Corposalud (2001-2021), las muertes de intención no determinada
cuyo proceder o método empleado se relacionan más con probables suicidios
(ahorcamiento y envenenamiento) también superan a los vinculados con homicidio
(armas de fuego y objetos cortantes o punzantes). / AS / CNP: 8965 / Prensa OVV
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