Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:08 am
Fotos del libro “Todo
ha sido soñar”
Habitamos un espacio geográfico, y quizás
sentimentalmente somos habitados por una memoria de un espacio y su tiempo, memoria
en cuyo interior vivimos.
José Saramago
Leemos a este insigne
escritor, el poeta José Barroeta, o “Pepe” como se le conocía, con una inmensa trayectoria
en las letras venezolanas, y su carisma de hombre de letras. Aparece como
literato ilustre del estado Trujillo; la misma tierra que ha dado vida a un centenar
de hombres y mujeres lúcidas de la palabra creadora.
Allí también nos
encontramos con grandes de nuestras letras nacionales como Ramón Palomares, Adriano
González León, Víctor “Chino” Valera Mora, Orlando Araujo (quien nació cerca de
un río entre Barinas y Trujillo), Ana Enriqueta Terán, o Argimiro Gabaldon, solo
por nombrar algunos. Así, esta crónica memorable le dedica su espacio a un amigo
y poeta que fue ensayista, abogado y profesor universitario que tuvo un lugar
preponderante en la poesía venezolana y latinoamericana.
José María Barroeta Paolini fue un poeta cuya
efusividad, en su tono gracial y cordial, vivía su escritura como una ruptura
serena de expectativas, como un canto de palabras y versos. Se desempeñó como
profesor de literatura hispanoamericana y venezolana en la escuela de Letras de
la Universidad de los Andes. Fue miembro de los grupos literarios “Tabla
Redonda”, “En Haa”, “Trópico Uno”, “La Pandilla de Lautréamont”, “Sol Cuello
Corto”, “Techo de la Ballena” entre otros. El poeta Pepe Barroeta supo ser la
voz y el sentido de la alegría de la poesía en Mérida, porque fue retrato de altísima
categoría de la palabra.
También nos dice Rafael
José Alfonso sobre este escritor excelso: “Y observamos cómo ese pampanito, a
veces gris, otras veces sacudido por la algarabía de sus habitantes,
desfigurado, lanzado al abandono, a la desidia, en la poesía de Pepe se hace
resonancia de un universo plural, magnético donde deambulan vivos y muertos,
enlutados y sonrientes, apacibles y violentos, borrachos y abstemios, santos y
endemoniados.”
Barroeta egresó como
abogado de la Universidad de Carabobo, y así pasó a ser uno de los fundadores
de la revista Poesía de esta misma
casa de estudios. Nació el 24 de septiembre de 1942 en Pampanito, estado Trujillo.
Se destacó como director de publicaciones y director de cultura en la misma
Universidad de Carabobo; en la revista Poesía
dejó una imborrable huella junto a otras figuras destacadas de las letras
venezolanas como Eugenio Montejo, J.M. Villarroel, Teófilo Tortolero y Reynaldo
Pérez Só, todos ellos también fundadores de la prestigiosa revista, hoy en
formato digital.
Su paso por Caracas fue
único, ya que allí fundó junto a otros poetas “La República del Este” con el
gran Caupolicán Ovalles, Adriano González León, Víctor (Chino) Valera Mora, y otros seres de
fuego sagrado. Después de esta etapa, se va a residenciar en la ciudad de los Caballeros,
y se hizo director de la escuela de Letras de la Universidad de los Andes. Cuando
leíamos a estos grandes escritores como Pepe Barroeta, Ana Enriqueta Terán, Víctor
(Chino) Valera Mora, Ramón Palomares, Adriano González León, supimos que
indudablemente estos escritores transmitían una atmósfera de misteriosa magia
en esas palabras vitales para crear en el espíritu del lector una vibración tan
singular.
En el libro homenaje a
Pepe Barroeta titulado “Todo ha sido soñar”, el acto de recordar al poeta de
pampanito se inicia con unos textos de Adriano González León titulados “Arte de
Anochecer”, en el que se lee una cita de Pepe: “Digo casi todos porque poseo
algunas palabras que juegan a la vida, con un exceso de respiración fragante,
propias para una visita de parranda y de fiesta a nuestra tierra natal…”
Me acostumbré a la idea
de saberlos callados
bajo la tierra
Al comienzo me pareció
duro entender
que mi abuela no trae
canastos de higo
y se aburre debajo del
mármol.
Prosigue Adriano
González León aseverando que la poesía de Pepe Barroeta es un mensaje de
dolencias y lamentos. Y ahora “¿Quién dará testimonios entonces de otras
tristuras, de otros llantos y otras muertes? A vos te corresponde ser eterno.
Como trujillano ya sabés la fórmula. Y la has cumplido a cabalidad, porque vos
mismo estás allí: En el bosque amarillo donde me crié, en el azul nervioso de los cerros”.
Eduardo Moga, nos dice que
el poeta José Pepe Barroeta muere cuatro días antes de que apareciera la
edición del libro Todos han muerto,
el cual recoge su poesía completa, título que se debe al libro de 1971, que fue
su primera publicación, y que rememora un pueblo donde todos han fallecido, y la
ausencia va dibujando sobre él en uno de los poemas del cual escribe:
Todos han muerto
la última vez que
visité el pueblo
Eglé me consolaba
y estaba segura, como
yo
de que habían muerto
todos.
Me acostumbré a la idea
de saberlos callados
bajo la tierra.
El poeta va a andar de
lápida en lápida en esa ausencia en la que su valentía y epitafios van
construyendo todo lo que padece, y en el que describe su enfermedad. Es quizás
su último libro, y así casi lo dice en Elegías
y olvidos:
En mi pared bronquial
con arquitectura
parcialmente alterada
por neoplasia maligna
epitelial
las células se disponen
en nidos y cestos
fragmentando el sonoro
tejido de la noche.
Una escritura que va
delatando sus quebrantos y obsesiones de su vida, Pepe Barroeta se sentencia
con esos poemas en los que él mismo reafirma “Mi vida es un cadáver”.
Entre sus otros libros se conocen: Obra
poética 1971-1996 (Ediciones El Otro, El mismo, 2001) y Presencia Lírica completa, que recoge
los libros Todos han muerto (1971), Cartas a la extraña (1972), Arte de anochecer (1975) y Culpas de juglar (1996).
El lunes 5 de junio de
2006 se despidió de lo terrenal nuestro gran poeta José Pepe Barroeta a los 64
años. Un cáncer cerebral acabó con este escritor, quien nos dejó para siempre
su promesa de que Todo es soñar como parece
emular a Calderón de la Barca, y en aquel texto suyo que recuerda momentos de
aquel Canto a mí mismo:
“Yo era el mejor poeta
de mi tierra
y de toda la tierra.
Adentro de mí llovía y
relampagueaba y sentía siempre unas inmensas ganas de llorar.
Yo me reía de las
frutas que caen en los tinglados y asustan el silencio
y hablaba con los
muertos y con los animales
que pasaban por la
miseria vestidos de capitales largos.
Fuerza lacerante que
caracterizaba a este poeta de Pampanito. Su voz es todavía un río suelto de
palabras y sueños con una embriaguez permanente en su vida. Tanta luz y
estrellas, y esa búsqueda de certezas en Pepe Barroeta, nos llevan a su vida
sensible que nos enfrenta a la dureza de la vida misma.
Y me enamoraba de mí y
de ti y de todas las miradas
que vienen desde
lejanos pueblos a la imaginada mesa del ecuador
a buscar estrellas y
panes de cobre para maldecir hombres
en el centro del mundo.
Vivió la vida agitada
de la cual no escaparon los que provenían de esa camada de literatos como El
Chino Valera Mora, Carlos Contramaestre, Ramón Palomares, Alfredo Silva Estrada,
Gabriel Jiménez Emán, Enrique Hernández de Jesús, Humberto Harris Duque,
Salvador Garmendia, Tito Núñez, Edmundo Aray, Los Hermanos Miliani, Pedro
Paraima y Luis Brito García. Muchos de ellos construyeron y organizaron en 1970
El Congreso de Cabimas, y anduvieron
en aquel país soñado de soñadores y rebeldes de los años sesenta.
Rindo esta humilde
crónica -sin pretensiones ni polémicas- porque la poesía siempre ha soñado
transformar –o aligerar- este vivir doloroso que sufren los solitarios y los
más desposeídos. Por esto vale la pena escribir con poesía y sin miedo. Por
eso, evocamos un canto de palabras en homenaje a Pepe Barroeta.