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"Baltazar Cardenal" por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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"Baltazar Cardenal" por Carlos Guillermo Cárdenas D.


¿Qué entendemos por merideñidad ¿Un término abstracto? ¿Algo absorto? ¿Un capricho de escritores merideños? ¿Cómo podría definirse?.
 
Escritores jóvenes de nuestra Mérida actual, los académicos Ricardo Gil Otaiza y Luis Ricardo Dávila Peña se refieren al concepto como la cualidad o la manera de ser de la población nacida en estos linderos de la ciudad o del estado Mérida. Merideñidad es la Idiosincrasia del merideño, cualquiera sea el lugar que habite, labore o sueñe, dentro se esos linderos que la definen como Mérida. 
 
Don Mariano Picón Salas en su obra escrita ya en la madurez, "Viaje al Amanecer", dejó testimonio de esa merideñidad, "Por más que anduve por muchos mundos no perdí la costumbre de ser merideño entrañable".
 
Merideños son todos ustedes, los nacidos en estos linderos o los que llegaron de tierras lejanas para avecindarse o aposentarse en estos valles y montañas.
 
Esa Mérida que vivió tiempos inmortales para acobijar a escritores tan geniales como el mismo Picón Salas, Don Tulio, historiadores como Eduardo Picón Lares con "El Bolívar de todos", Caracciolo Parra Pérez con las "Ideas políticas del Libertador", Chalbaud Cardona, obispos como Ramos de Lora, Quintero Parra, Chacón Guerra, nuestro actual Cardenal, sociologos como Julio César Salas, ensayistas políticos escritores como Domingo Alberto Rangel, Consalvi, Henriquez Vera, Chalbaud Zerpa, Briceño Ferrigni, Rondón Nucete, Celis Parra, cada uno de ellos forman parte de la historia pasada más remota o más reciente que realzaron el concepto de merideñidad.
 
Baltazar
 
Sería por aquellos años idos de mil novecientos ochenta y tanto cuando fuimos electos autoridades universitarias que nos encontramos con el obispo auxiliar, Baltazar. Un joven eclesiástico distinto, representaba la nueva sangre de la jerarquía eclesiástica, carismástico, culto, talentoso, escritor y académico. Traía obra escrita. El "Chamo Porras" que alquien tuvo la osadía de llamar. 
 
Se vinculó con la Universidad de Los Andes. El trayecto del edificio de El Rectorado al Palacio Arzobispal, su cercania, una cuadra de la plaza mayor, facilitó el nexo. Nos visitaba o nosotros caminábamos hacia el Palacio. 
 
Su presencia en las bibliotecas de la universidad, la facultad de Humanidades y Educación. La actividad de investigador que tendría su cosecha buena y generosa. 
 
No sólo la Universidad fueron sus vínculos y motivaciones. Se vinculó con las comunidades. Visitas pastorales a los lugares más recónditos de la geografía regional. No hubo aldea en la que no estuviese presente compartiendo el calor de la estufa y el caldo hervido con la leña de la montaña. Allí estuvo con el mensaje evangélico, el mensaje de Cristo. Dando el alimento espiritual a una comunidad cristiana y católica como ninguna en la geografía nacional. Razón tuvo el presidente Caldera cuando afirmó que "Los Andes representaba la expresión más genuina del cristianismo latinoamericano". 
 
Le correspondió la inmensa tarea, como Obispo y luego como Arzobispo, continuar la obra de los arzobispos de la talla de monseñor Antonio Ramón Silva, Acacio Chacón Guerra "el gran constructor", José Rafael Pulido Méndez, Miguel Ángel Pérez Cisneros y Miguel Antonio Salas. Tarea nada fácil, pero la asumió con entereza y reciedumbre. El futuro dará el jucio de la historia sobre su obra. En lo personal pienso que la obra de Baltazar está en lo mas profundo de nuestras entrañas, su identidad con el merideño ha sido un vínculo indisoluble.  
 
La relación con los merideños. La Academia de Mérida, su nicho natural que alimentaría la ansiedad de sapiencia e intelecto. Su presencia la honró como institución. Apenas ayer miércoles 2 de octubre se presentaron obras de su mejor cosecha editorial. El Obispo ocupando el Sillón de Número como Académico y Arzobispo, más tarde como Cardenal de la Iglesia Católica. 
 
Se vinculó con el común que no es académico ni letrado, aquel que camina a diario por nuestras largas avenidas y estrechas calles a las que tanto le dedicó el mas grande escritor de estos linderos como ensayista, Mariano Picón Salas.
 
En vida de nuestro recordado arzobispo Miguel Antonio Salas, caminamos desde el Palacio Arzobispal hasta el auditorium de Merenap; fuí testigo como el común se acercaba con especial devoción a los obispos, buscando la bendición y la palabra de aliento y esperanza. 
 
Luego acrecentó sus vínculos con la merideñidad. Los nacidos en estas tierras no tan calentanas, y los no nacidos en la meseta pero que sus años de convivencia hicieron de ellos tan merideños como los primeros. 
 
Traigo a colación lo que me comentó Belisa Suarez de Briceño, cuando estaba recién llegado el obispo Baltazar a la serrana ciudad. El finado Alfredo Briceño Paredes y su esposa Belisa se acercaron para juntos, con otros merideños, darle la bienvenida y brindarle el calor tan propio del merideño. Aquello fue el inició de una relación que se ha mantenido en el tiempo. La presente reunión es la mejor expresión de ese vínculo.
 
Cuando se develaba la estatua de bronce del escritor Picón Salas a la entrada norte de la ciudad, aquel domingo a temprana hora, se esperaba la presencia de la primera autoridad ejecutiva regional, llegó la noticia que Baltazar había sido elevado a la púrpura cardenalicia. Fortunato González Cruz y Alvaro Sandia Briceño eran los portadores de la noticia. Una alegría contagiante embargó a los presentes. La demora injustificable de la primera autoridad regional fue compensada por la noticia del Vaticano.
 
Siempre cordial y jovial, con la sonrisa a flor de labios testimonio que los hombres más grandes son sencillos. Baltazar llegó como cuarto Cardenal de la Iglesia Católica Universal en Venezuela. Los merideños exclamábamos, se nos va el Cardenal pero queda en el sentimiento de todos el amigo del afecto, Baltazar el obispo. 
 
Regresa a su tierra. Retorna con los mismos aperos y hierros como el campesino del páramo, que nunca lo desampara. El mismo que se fue hace más de un lustro. 
 
El mismo que me invitó un día para que lo acompañara a montar bicicleta en la madrugada por las avenidas de la ciudad. Mi respuesta fue, tengamos cuidado porque a mi no me conocen pero a usted lo conocen propios y extraños y ciudado con un piachi que desde un matorral, nos da un zarpazo y nos saca de circulación. Nunca supe si aceptó mi conseja. 
 
El mismo que le dio vida y altura colocando los estandares de la Iglesia Católica en lo más alto de nuestra cordillera andina, el Bolívar. Es el mismo que organizó el mejor museo arqudiocésano del pais. El que impulsó como ninguno al Seminario Arquidiocesano donde se forma la sangre nueva de los pastores de la iglesia.
 
El mismo Arzobispo Cardenal con la prolija obra editorial con investigación originaria que ha marcado un hito en la Ciudad de Libros en palabras del Académico ex vicerrector Humberto Ruiz Calderón.
 
El mismo guía espiritual de decenas de miles de feligreses que colman nuestra iglesia merideña. El mismo que queremos que continúe en esta ciudad que no está escondida, que la abrazan los ríos cantarinos como exclamara el indio Garcilaso.
 
El obispo cardenal de nuestra querencia y afecto que nos ha acobijado con el manto purpúreo de la Santísima Madre Mariana, a quien profesa la mayor devoción y Fe.
 
Ya camino al otoño de la vida, siempre lo observé como un gigante de la iglesia, como una mole de aquellas que el gran artista florentino supo esculpir con su milagroso cincel y martillo. Siempre lo vi así, sin mirar los achaques imperdonables de los años, pero sin olvidar que el espiritu y la sabiduría de los grandes hombres no se acongoja.
 
Es posible que las palabras que he pronunciado, fluidas de lo más intimo de mis entrañas, hayan quedado cortas y famélicas ante este hombre, caraqueño de nacimiento, merideño de convivencia, venezolano de nacionalidad y cardenal de la Santa Iglesia Apostólica. Una vida de casi medio siglo dedicada a los linderos de esta siempre emeritense ciudad. 
 
Levanto la copa para exclamar "Viva nuestro Baltazar Cardenal". 
 
Casona de la Hacienda San José de la ciudad de Mérida
Jueves 03 de octubre de 2024




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