Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 10:00 pm
En Venezuela y en el mundo entero se
han esgrimido, publicado y debatido miles de opiniones de expertos
electorales y juristas calificados, que definitivamente, con bases de
sustento solidas e inobjetables, certifican y consolidan el resultado
electoral de las elecciones presidenciales efectuadas en nuestro país, donde El
diplomático Edmundo González Urrutia obtuvo un triunfo avasallante e
incuestionable, con el 70% de los votos escrutados y transmitidos por el
sistema automatizado, siempre utilizado por el hoy cuestionado,
descalificado e incompetente Consejo Nacional electoral.
El calificar al órgano rector como incompetente se
deriva por haber declinado sus competencias como uno de los poderes (en teoría
autónomo) del estado, para que otro poder, en este caso el judicial, le
resolviera el caos creado por su negativa de publicar las actas de escrutinio y
el haber proclamado ilegal y apresuradamente al candidato Nicolás Maduro
como vencedor de la contienda quien obtuvo un poco menos del 30% de los
votos.
Los venezolanos sufragaron, cuidaron y
constataron el resultado en sus mesas y centros electorales en el país y
el mundo, documentando con videos y copias de las actas de escrutinio, la derrota
del aspirante oficialista y el ascenso vertiginoso de la oferta opositora que
se alzó con la victoria en todo el estado del país y en el exterior en todas
las regiones donde el cuestionado órgano rector permitió que votaran algunos
electores pero que privó ilegalmente a más de 4 millones de venezolanos
de ejercer su derecho al voto, por razones que todos conocemos. Estas y otras
acciones desmedidas formaron parte del dominio brutal del proceso que
ejercieron de manera alevosa y premeditada quienes fomentaron la migración y la
división del país, la sociedad y la familia venezolana.
Al hacer un balance de lo hasta hoy acontecido
podemos asegurar que el 95% del mundo desconoce, cuestiona o condiciona
los resultados oficiales, hasta ahora no sustentados y en igual
proporción, a lo interno del país, el reclamo ciudadano se mantiene firme con
toda la de la ley, esa que permanentemente se violenta, irrespeta, mal
interpreta, ignora o mal se utiliza en favor de un modelo político , que perdió
su base de sustento y que pretende suplir sus carencias, debilidades y
desgaste, con una gran sobre dosis de control social, represión ,chantaje
, persecución , manipulación y violación permanente de los derechos
constitucionales que se confiscan a conveniencia del desdibujado y poco é
tico ejercicio poder .
En esta batalla campal y asimétrica donde ya está
decretada y se defiende hasta el final una victoria opositora, que
pretende ser desvirtuada por el oficialismo disociado y abusivo, están
comprometidos todos los poderes del estado, alineados aberrantemente en
defensa del candidato oficialista que perdió por amplio margen la contienda. La
transparencia en la actuación en favor de la verdad y la legalidad está
seriamente comprometida. El equilibrio en la solución al conflicto planteado y
generado por quienes se resisten a dejar el poder, es a todas luces
inexistente.
La unidad nacional bien orientada, de manera
pacífica cumple con agotar todos los caminos y vías necesarios en estos casos,
que pese a su complejidad y atipicidad está acompañada y alumbrada
resplandecientemente por la fuerza de la verdad, adicionalmente
complementada con éxito por la fe y la fuerza espiritual de las mayorías,
indiscutiblemente fortalecida y acorazada por los resultados que
todos conocemos y tenemos en nuestras manos y que una minoría que se
adueñó del país y traiciono y empobreció a su gente , trata de tergiversar y
transgredir para infructuosamente favorecer la mentira y los designios
del oscurantismo revolucionario, que es totalmente antagónico en estos tiempos
a los deseos y esperanza del pueblo venezolano.
Todos los poderes públicos están perfectamente
evaluados por cada uno de los venezolanos. De acuerdo a sus actuaciones
tienen su grado de confiabilidad. A estas alturas y luego de más de 2 décadas
de construcción del socialismo la decadencia de este engañosos y
fallido proyecto revolucionario ha venido progresivamente perdiendo
seguidores al punto que este resultado electoral del 28 de julio, su máximo
exponente el Sr. Nicolás Maduro obtuvo un poco más de 3 millones de votos,
cifra alcanzada de manera forzada por la coacción a los vulnerables y
chantajeables empleados públicos. Lo que representa un 10% de la
población total del país o un 15% de los inscritos en el registro electoral.
Quien dice que no son una minoría, o que son una mayoría como pregonan sus
visibles dirigentes. todas las encuestas serias y pronósticos fueron
perfectamente acertados con estas cifras que ponemos a su evaluación y
consideración
Una elección bien ganada por la oposición al
régimen, con el ventajismo implementado en su máxima expresión por el
oficialismo, con la institucionalidad doblegada en unos casos y complaciente en
otros, en una ambiente de pobreza, confabulaciones, traiciones, compra de
conciencias, limitaciones y violaciones al derecho a la participación y con los
poderes en contra, El soberano con madurez y conciencia,
derrotó a la continuidad de Nicolás Maduro en el ejercicio del poder ejecutivo
y hoy se libra una batalla contra el poder electoral , el poder judicial , la
fuerza armada y el poder moral quienes deberían servirle al ciudadano y en esta
era terminaron suprimiendo sus derechos y pretendiendo controlar y
secuestrar su futuro.
Los pronósticos son positivos y llenos de optimismo ante el respaldo total obtenido en todos los niveles, con un andamiaje de fortalezas en un escenario distinto, donde se juega abiertamente, todo direccionado satisfactoriamente para que se imponga la voluntad popular, que se expresó el 28 de julio. Todos los factores involucrados deberán ir decantando supuestos y evitando dilaciones, asumiendo realidades, donde prevalezca la justicia, la constitucionalidad y la decisión tomada por el poder originario, que radica intransferiblemente en el heroico, valiente y soberano pueblo venezolano.
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