Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:49 am
La catástrofe política en el país es de grandes
dimensiones. Todos los sectores que hacen vida en el país sufren los rigores de
las prácticas del modelo socialistas del siglo XXI y de la degradación
forzada y absoluta de la ya inexistente democracia, devastada
por la violentada e inaplicable constitución y la desaparición funcional del
estado que se transformó en una estructura de partido, una
ideología y una idolatría al desastre.
En estos momentos los venezolanos vivimos una
etapa muy difícil, crucial pero determinante, donde el pueblo venezolano
se expresó contundentemente por la vía electoral, pacífica y constitucional,
plasmando su voluntad de cambiar esta realidad mientras quienes
desgastadamente ostentan el poder, pretenden desconocerla, aplicando sus
estrategias con todos los medios a su alcance, para evitar su
impostergable salida del poder ejecutivo nacional.
Su base de sustento son las permanentemente
cuestionadas instituciones, por años al servicio de un partido político, de una
revolución y sus máximos exponentes, que sobre el sufrimiento y
empobrecimiento de la sociedad venezolana persiguen y luchan infructuosamente
para darle continuidad a su agonía, producto del fracaso de todas sus
políticas y el deterioro visible, tangible e innegable de todo lo que
representaron y representan hoy para el país y el mundo.
El resultado electoral del 28 de julio permitió
determinar, en primer lugar la inclinación del país al cambio, pero
puso a la vista de todos, la implosión y debilitamiento del sector
político oficialista y el ascenso vertiginoso del poder ciudadano,
acertadamente sustentado en la unidad nacional como consigna oportuna y
necesaria. Pese a las condiciones desventajosas y aberrantes en que
se participó no existe manera de ocultar un resultado que todas las partes
participantes y observadores conocieron y que hoy la mayoría del país
defiende.
El análisis numérico responsable, realizado en base
a las actas de escrutinio de todos los centros electorales del país y del
mundo, suministrados por los testigos de mesa y otros actores del proceso
refrendados por miles o millones de videos grabados en los centros electorales
de todas las regiones del país, en presencia de todos los miembros de mesa,
testigos de partidos y votantes de cada centro, plan república y otras
autoridades, que aún no han sido publicados por el desnaturalizado,
desacertado, irresponsable y deslegitimado poder electoral ,
arrojaron un resultado sorprendente más allá de la derrota de Nicolás Maduro y
es la desaparición del cacareado polo patriótico y la derrota de
gobernadores, alcaldes , parlamentarios nacionales , regionales,
concejales y estructuras partidistas que pese a sus esfuerzos y grandes inversiones
quedaron marcados como una minoría y los resultados en cada región pone al
oficialismo sin posibilidad alguna de permanecer en sus puestos o curules en el
futuro y para complicarles más el panorama, el centralismo perverso acorralado
por sus acciones fallidas y posiciones asumidas sin ningún
sustento, instruyo desarrollar una gesta masiva y en otros casos
selectiva inquisidora de amedrentamiento, persecución y terror , que debe
aplicarse sobre sus potenciales futuros electores que evidentemente se
deslindan con más ímpetu de las garras lacerantes e inhumanas del
frenético, cruel y disociado socialismo.
Para los venezolanos se despeja y alumbra el
camino, pese a las adversidades y dificultades aún por vencer, caso contrario
el sendero de oscuridad, escabroso, violento, ilegal , abusivo e
inconstitucional fue el escogido por los revolucionarios que de ofrecerle
bienestar y amor al pueblo venezolano ahora por la fuerza pretende someterlo
,controlarlo y despojarlo de sus derechos y privarlo de la soberanía que ejerce
intransferiblemente por encima de los poderes constituidos y más en este caso
que se convirtieron en obstáculo y contrarios a los máximos intereses de
la nación.
El oficialismo finalmente, secuestró, arrastro,
compró, chantajeó, convenció o asoció a casi toda la clase política del
país llevándola al barranco más profundo, que los condujo
al desempeño imperdonable que resalta los antivalores. El
parto de una nueva nación traerá consigo la desaparición del esquema político
tradicional que se ha negado a reinventarse y mucho menos renovarse, que
persiste en mantenerse por las vías antagónicas a la legalidad, la sana
competencia y convivencia, la ética y la moral.
Conscientemente todos de las actuaciones del poder
electoral, demandamos una pronta y oportuna compensación al pueblo
venezolano, que no es otra que la renuncia de sus rectores por impericia,
incapacidad y desapego al orden legal vigente. El haber declinado sus
competencias marca un hito en la historia electoral del país, imposible de
justificar que los hace acreedores del rechazo, descalificación y
desconfianza de la ciudadanía.
La olla muy mal montada por el inobservante,
complaciente e irresponsable ex contralor general de la república y hoy
presidente del CNE, visibiliza la crisis institucional generada por manos y
mentes inescrupulosas que asociadas se confabulan contra el pueblo venezolano
ávido de libertad, justicia y bienestar.
Juristas expertos en materia electoral
vaticinan el advenimiento de un adefesio jurídico, insostenible en
el tiempo, en caso que el máximo tribunal de justicia busque lavarle la
cara a los poderes ya comprometidos. Este escenario construido para dilatar y
tratar de ocultar la realidad solo correría la arruga e impulsaría a momentos
de mayor confrontación, discrepancia, diatriba y cuestionamiento entre la
mayoría del país y quienes mal conducen el poder, por cierto dado por quienes
hoy son apresados, reprimidos, desconocidos, ignorados y maltratados por sus
autoridades, que todo lo contrario, deben protegerlos y garantizar sus derechos
y hacer valer la constitución.
Un escenario favorable se observa y se fortalece
cada hora que pasa, un pueblo moralizado, lleno de expectativas y dispuesto a
hacer valer su decisión, traducida en un resultado electoral ya
cuantificado, bajo los parámetros idóneos e instrumentos de verificación
confiables e inobjetables creados tecnológicamente por el organismo rector que
hoy los oculta, confía en su dirigencia actual, en el peso de la opinión de los
expertos, los pronunciamientos de decenas de autoridades de otros
países y en lo más importante, en lo que se pudo ver, vivir y
demostrar el día 28 de julio en cada mesa electoral que consolidó la victoria
de Edmundo González Urrutia. Difícilmente podrá existir otra decisión final que
provenga de la legalidad y la verdad.
Un torbellino de desatinos e incongruencias atrapan a quienes fabrican y fomentan la anarquía en el país, un gobierno en las condiciones precarias y sin proyecto futuro, desacertado abruptamente en la última década como modelo impositivo, controlador y esclavista, consolidando la pobreza, está imposibilitado para imponerse por la vía que escogió. La institucionalidad volverá a su curso y razón de ser y servir, también movida por las circunstancias poco favorables que se les viene encima y que son de carácter poco manipulables. Venezuela por las buenas, pronto será libre, próspera y nuevamente democrática.
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