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FERIA DE SAN FERMÍN – SEXTO FESTEJO

Un feliz espejismo de orejas y toros: Roca y Rufo salen a hombros en Pamplona

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Fotos: Emilio Méndez – Mundotoro.


Se reparten un abultado botín de cinco orejas con una armada y cinqueña corrida de Fuente Ymbro, de más fondo físico que fondo bravo; Perera se hace con un trabajado trofeo y pierde otro por la espada

ZABALA DE LA SERNA

@zabaladelaserna

Diario EL MUNDO de Madrid

 

Fue un dispendio sideral el marcador de la tarde que acabó con Roca Rey y Tomás Rufo a hombros con cinco orejas, tres y dos, respectivamente. Y una más para Miguel Ángel Perera, que les pudo acompañar. Evidentemente no anula el abultado botín todos los méritos, que el amable lector multiplicará como los panes y los peces a tenor de la gigantesca bolsa. Nada resultó como cabría deducir. Y así la seria, armada y cinqueña corrida de Fuente Ymbro tampoco piense usted que respondió a la corrida del siglo: más fondo físico que verdadero fondo bravo, sobradamente preparada, pero no con la entrega de tirar hacia delante. Claro, que a Ricardo Gallardo ni a soñar que le hubieran puesto. Hubo toros obedientes que prometieron más de lo que dieron -sobre todo n la primera mitad-, y otros más costosos que ni siquiera. Pero aquello se movió, el personal lo pasó bien y la sensación de apoteosis flotó en el ambiente como etílico vapor. Presidió a caño abierto Nuria Medina Santos (PSN-PSOE), a quien los toreros sumarán en sus altares.

 

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Conviene contar que el triunfo de Roca Rey, aunque sostenga el cetro sanferminero, no se asemejó a aquellos rotundos e incontestables que marcaron Pamplona hace años como su feudo. Cosa que ya habrán puesto en claro. Y pesar de eso a las 19.13 ya había puesto la plaza a cantar «¡Peruuú, Perú, Peruuuú!». De rodillas clavado en los medios, explotaron los pases cambiados por la espalda, el toro atacando desde lejos, la emotividad a flor de piel. Cuando el peruano se levantó, sin una zapatilla, y abrochó con un pase mirando a los tendidos arrebatados, estallaron los cánticos. Aquella movilidad del toro no venía acompañada de verdaderos fondo, ritmo y entrega: salía más bien con su imponente testa por alto. Toro pasador, vivo de entrada.

 

RR le pegó pases a derechas e izquierdas con el mérito de sacarlos limpios. Por la velocidad y por el testarazo. Cuando el fuenteymbro acusó el gasto, y Roca sintió que no calaba arriba, introdujo unas luquecinas como prólogo del arrimón. Al lío, que se dice. Volteada la situación, con la plaza bebiendo los vientos por él, otra vez el Perú en los cánticos, agarró una estocada feroz, perdiendo el engaño en el embroque. El efecto lisérgico desató la doble petición y afectó a la presidencia, que concedió las orejas.

 

El dispendio continuaría luego en beneficio de Tomás Rufo, que se llevó otras dos del tirón tras enterrar el acero hasta los gavilanes, también en un volapié tan voraz como el del peruano, tropezados uno y otro por los pitones. En realidad, Rufo había dibujado un notable puñado de naturales, concentradas en dos caras series, como núcleo argumental de la faena. El toro venía con buena condición pero le faltaba vida y empuje. TR enganchó bien a la gente en principio y final de faena -de rodillas y por manoletinas correspondientemente-; se amontonó a veces con la mano derecha cuando la embestida no se salía de la muleta; y rectificó un error de terrenos cuando se dejó ir el toro cerca de la querencia de chiqueros. Que fue de donde se lo sacó para despenarlo en los medios. Como el fuenteymbro, sostuvo la intención de querer hacerlo todo bien.


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Había abierto la tarde un toro con el trapío concentrado por delante, escurrido por detrás, el más bajo de los seis (no me pareció la corrida en general tan baja como anunciaban). No le sobraba nada por dentro, preciso el poder, contada la raza. Lo anunció todo pronto, ese punto paradito; la fijeza y la bondad también. Miguel Ángel Perera interpretó a la perfección aquello. No lo castigó en el caballo, y estructuró una faena de impecable trato y administración, encelándolo pero no exigiéndole. Desde la apertura en bandera, por una y otra mano, el temple como nexo, la ligazón como viga maestra, el peso de la plomada y la largura del muletazo. La embestida decía poco, esto es cierto, pues sin apretarla faltaba el subidón. MAP lo halló al acortar la distancia y pisar el acelerador con lo suyo, el dominio en un adoquín. Todo lo apuntado se fue al garete con media estocada baja. Una verdadera pena porque hubiera significado acompañar a sus compañeros con el trofeo que se trabajó con el imponente cuarto.

 

La corrida fue otra -sumó un grado más costoso- a partir de entonces. Perera se aplicó en la difícil tarea de enjaretar aquello. Lo que alcanzó a conseguir con la mano izquierda en profusa labor. Un espadazo -atravesado pero eficaz- le entregó la oreja. Otra cayó en el esportón de Roca Rey por un contundente volapié. La faena fue muy trabada y acabó en un arrimón con un torazo de más movilidad que entrega, falto de humillación. Y por esas alturas también anduvo el último, en las antípodas del que abrió plaza, tan despegado del suelo y deslucido. Diría que el que más. Rufo no volvió la cara pero sacó poco en limpio con su tesonero afán. Se encasquilló con el acero antes de despedirse por la puerta del encierro con Roca Rey. Tan contentos como la gente. Feliz espejismo de orejas y toros.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Toros de FUENTE YMBRO; todos cinqueños; serios y muy armados; de más fondo físico que bravo; obedientes más costosos los tres últimos.

 

MIGUEL ÁNGEL PERERA, de verde esmeralda y oro. Media estocada caída (saludos); estocada. Aviso (oreja).

ROCA REY, de rioja y oro. Espadazo (dos orejas); estocada (oreja y petición).

TOMÁS RUFO, de azul marino y oro. Estocada (dos orejas); pinchazo, estocada perpendicular, estocada corta baja y dos descabellos. Aviso (silencio).

MONUMENTAL DE PAMPLONA. Miércoles, 10 de julio de 2024. Sexta de feria. Lleno de «no hay billetes».





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