Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 12:45 am
Estamos celebrando en nuestra patria los 125 años
de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento. Gratitud y compromiso
delante del Señor “Pan de Vida”, con la lucha de todos los venezolanos, el
deseo de un país en paz, unidad, justicia y fraterna convivencia.
Siguiendo el ejemplo de Mons. Juan Bautista
Castro, Arzobispo de Caracas y amante del Santísimo Sacramento, cuando aquel 2
de julio de 1899 consagró Venezuela al “Amor de los amores”, hoy más que nunca
estamos llamados, “por la misericordia de Dios a ofrecer nuestros cuerpos como hostia viva,
santa, agradable a Dios, éste es nuestro culto racional”. (Rm 12,1)
Para la época, Caracas parecía despertar del
letargo de sus tristezas y sus días críticos en todos los campos de la vida
nacional. Después de 125 años vemos que la historia de la Patria se repite, de
ahí que tenemos que volver a Dios, presente en el Santísimo Sacramento.
En el diario el Vigilante del 2 de julio de 1999,
se publica la solemne eucaristía del centenario de consagración, en palabras
del Reverendo Padre Víctor Angulo, para entonces Asesor Arquidiocesano de la
Unión de Cofradías del Santísimo Sacramento, expresaba: “Queridos hermanos, lo
que se decía ayer se dice hoy: Que la Patria no se va a curar con cambios de
hombres, de constituciones y de leyes, es la conversión del corazón para ser
ciudadanos que trabajen por el bien de la Patria, guardando la justicia y la
paz ciudadana”.
La historia de este acontecimiento está rodeada
de hechos interesantes. Para cuando Cipriano Castro toma posesión de la
presidencia en octubre, ya su predecesor había huido al extranjero. Aunado a
esto, el estado de salud del Arzobispo caraqueño Críspulo Uzcátegui, se irá
deteriorando más, hasta declararlo incapacitado mental el Cabildo Eclesiástico de
Caracas.
Así pues, ni el Presidente de la República ni tan
siquiera el Arzobispo de Caracas serán los realizadores de la significativa
Consagración.
Por los caminos del Señor surge la personalidad
visionaria de un hombre de Dios, fogueado por los avatares religiosos y políticos
que aquejan al país, monseñor Juan Bautista Castro. Había recibido la
ordenación sacerdotal en Barcelona (Edo. Aragua) de manos del arzobispo Guevara
y Lira la noche de Navidad de 1870, cuando éste se dirigía al destierro
impuesto por caprichos del autócrata civilizador Guzmán Blanco.
Para 1880 se desempeñó como Rector de la Escuela
Episcopal, un seminario camuflado al estar éstos abolidos por el Gobierno de
Guzmán Blanco. A la muerte del arzobispo José A. Ponte (1876- 1883), el Vicario
General Ilmo. Sr. Manuel Briceño, lo nombra capellán de la Santa Capilla y Director
de la Adoración Perpetua, fundada el año anterior. En mayo de 1891 establece la
Exposición diaria del Santísimo Sacramento de la Santa Capilla, que ha
perdurado hasta nuestros días. El 7 de septiembre de 1896, en aquel entonces
fiesta de San Tarsicio, orden protomártir de la Eucaristía, establece una
agrupación de siete señoritas con el nombre de Siervas del Santísimo
Sacramento: Fueron retiradas violentamente de noche por agentes del orden
público, comisionados por el Ministro de Relaciones Interiores. A los dos meses
de la caída del Ministro, Mons. Castro logra consolidar su esfuerzo con la
fundación de la Congregación religiosa de las Siervas del Santísimo, en humilde
casa de La Pastora.
En 1899 es nombrado Vicario General y en
función de tal le correspondió consagrar la República de Venezuela al Santísimo
Sacramento. Todavía en 1900 logrará del nuevo Presidente General Cipriano
Castro, la derogación del Decreto de Guzmán Blanco de extinción de los
Seminarios en territorio venezolano. El mismo asumió el Rectorado de ese centro
de formación, que llevó por nombre Seminario Metropolitano del Santísimo
Sacramento. También, ya como Arzobispo de Caracas desde 1904, le corresponderá
organizar en la sede el primer Congreso Eucarístico Nacional en América Latina.
Así estamos llegando a estos 125 fecundos años de
la Consagración de la República de Venezuela al Santísimo, tiempo de gracia y
renovación para los venezolanos, tiempo privilegiado por el Señor para levantar
el optimismo de nuestro pueblo, crear la unidad, reconciliar la familia y la
sociedad, mirarnos como hermanos, el respeto a la persona; tiempo para los
sacerdotes afianzar nuestro ministerio en la razón de ser, nuestra eucaristía.
Todos celebremos en nuestras parroquias esta
fecha tan importante para Venezuela, y en nuestra Arquidiócesis lo festejamos
con una sentida celebración el pasado martes 2 de julio en unión de todas las
cofradías, sacerdotes, religiosas y devotos, nuestro Arzobispo Metropolitano,
Monseñor Helizandro Terán, en solemne eucaristía en la parroquia de Belén,
luego de una alegre procesión desde la Capilla del Carmen, repitió la oración
de consagración: “En Tus Manos ponemos nuestra suerte y con ella los destinos de nuestra
Patria. Recíbenos, Salvador nuestro, y concédenos que venga a nosotros Tu
Reino Eucarístico. Levanta bien alto Tu Trono en nuestra República, a fin de
que en ella Te veas glorificado por singular manera y sea honra nuestra, de
distinción inapreciable, el llamarnos la República de Venezuela del Santísimo
Sacramento del Altar”.
¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento
del Altar!
Mérida,
7 de julio de 2024.