Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 03:56 am
ZABALA DE LA
SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL
MUNDO de Madrid
Es difícil, por no decir imposible, que bajo la tutela de una crónica del arribafirmante el titular de una crónica de una corrida mixta sea para el rejoneador. Ni para escribir que Diego Ventura perdió la Puerta Grande tras una faena apoteósica y otra no tanto. Bastante agravio comparativo supone ya lo que sucede en la plaza -por el toro más que despuntado, por la benevolencia, la diferente vara de exigir- respecto a los matadores de a pie como para ahondar en él. Para más inri el viento que soplaba en Las Ventas descompensaba más las cosas, y el trapío afilado de los torancanazos de Montalvo, y sus muchas aristas, y su poca armonía por fuera y por dentro: se movieron pero se movieron mal. A Ginés Marín lo midieron mucho este domingo en Madrid y volvió a respirar con importancia.
Diego Ventura, un rejoneador excepcional, figura del toreo a caballo, disfrutó de un toro de El Capea extraordinario. Por sus magníficas hechuras y su perfecta bravura. Apostó el jinete de La Puebla del Río por un sólo rejón de castigo. El toro sostuvo un ritmo soberbio, ese tranco exhibido a dos pistas en banderillas sobre Fabuloso en una vuelta larga al redondel, cosida la embestida con precisión. La maestría de Ventura en una faena muy viva, también en los medios de poder a poder, no llegó a asentarse y, por tanto, a cuajar al gran toro. Hubiera cortado una oreja, pues también a lomos de Bronce plasmó momentos de plasticidad. Y luego las cortas al violín y las rosas. Pero la colocación algo trasera del rejón de muerte demoró la muerte, DV echó pie a tierra con el descabello y se enfrió la gente. Sonaron las palmas para Bolillero en el arrastre.
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Ventura aprendió la lección y castigó con dos hierros al voluminoso y buen cuarto, que quedó a modo: la faena conquistó ahora la reunión precisa y, a través de ella, la emotividad que trepó por los tendidos. Todo, lo vistoso y lo puro, se fundió en el cénit sobre Bronce -otra vez a escena-, ahora con un par a dos manos sin cabezada. Explotó la plaza como un trueno. Que se perdió por el horizonte con los repetidos fallos con el arma toricida (Suárez-Guanes). Y la presentida Puerta Grande desapareció por completo.
Ginés Marín afrontó la tarde consciente de que no pasó nada en su primera comparecencia en San Isidro, de las sensaciones tristes pese a la suerte esquiva, del filo por el que camina su carrera. Así que tiró de fibra, inteligencia y apretó los dientes. Enfrente tenía a un cinqueño de Montalvo -tres de los cuatro con los cincos cumplidos, muy agresivos y destartalados todos- de despampanante cabeza. Parecía dos toros en uno: por la mano derecha se venía por dentro más cañero y por la izquierda se abría más suavón. Y con un poder medido. A Ginés le funcionó la cabeza de maravilla, no sólo la irreprochable actitud. Y, tras darse cuenta de que al natural decía poco y se quedaba descolocado, apostó por el pitón en teoría peor, pero que transmitía más. Valiente, comprometido y técnicamente exacto para tocar y corregir el viaje vencido del toro. Que se lo agradeció hasta que se paró en un arrimón tan meritorio como toda una faena que desprendió siempre su importancia. Media estocada y descabello antecedieron a la ovación.
Desgraciadamente, saltó el último como descoordinado y malandado, flojo además. Y propició la aparición de Florito por primera vez en corrida de toros en San Isidro. Lo peor es que provocó la salida de Jaulero, un sobrero de José Vázquez camino de los seis años que lleva toda la feria esperando su turno, corraleado. Y todo se notó en los tercios previos. Esa bestia embistiendo por las esclavinas. Ginés Marín, tan centrado, brindó al maestro Curro Vázquez y volvió a desprender una imagen bárbara y una lucidez mayúscula para interpretar al toro, su más abordable mano derecha y tragar por la izquierda. No se entregó nunca el cabrón pero lo mejoró. Le metió el brazo con la espada.
Cayetano dio la cara después de la paliza del otro
día, sin borrarse del cartel. Despachó un toro que siempre se quedó muy corto y
otro con temperamental disparo y no mayor viaje por el izquierdo. Sin crítica
ni acritud: se pasa mal rato viéndole, pues está siempre a merced. Es difícil
leer los toros en sus manos. No existe el mando, no gobierna su muleta. Y no se
trata del viento.
FICHA DEL FESTEJO
Toros para rejones de EL CAPEA (extraordinario 1º y bueno el 4º) y cuatro de Montalvo,
tres cinqueños (2º,3º y 5º); y un sobrero de JOSÉ VÁZQUEZ (6º bis); serios, feos, sin armonía, tampoco en su
movilidad.
DIEGO
VENTURA, rejonazo trasero y descabello
(silencio). En el cuarto, tres pinchazos y rejonazo (saludos).
CAYETANO, de turquesa y azabache. Pinchazo, estocada
tendida y descabello (silencio); estocada defectuosa y estocada. Dos avisos
(silencio).
GINÉS MARÍN, de verde esmeralda y oro. Media y descabello (saludos); estocada desprendida (saludos).
MONUMENTAL DE LAS VENTAS.
Decimoquinta de feria. Lleno de "no hay billetes".