Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:38 am
ORLANDO
OBERTO URBINA
A Luís Abad, por sus enseñanzas, y por no
dejar en el olvido la décima.
La
décima se dice que llegó a nuestro país por allá por el siglo XVI con la
ventolina del mar Caribe. El poeta José Antequera en su libro “Palabra, canto y
poesía” (2008), nos dice que “ las
ancestrales relaciones entre la poesía, música y la oralidad, el resultado de
esa conjunción devino en un producto cultural universalizado a través de la
historia por aedos, juglares, trovadores, chamanes, sacerdotes de distintos cultos
y gente sencilla de los pueblos: la canción, ese artefacto tan universal como
cotidiano que contextualiza por entero la vida de hombres y mujeres, desde el
nacimiento (canciones de cuna) hasta la muerte (canciones fúnebres) “.
Don
Apolinar Cazorla Brito es considerado el embajador de la música folclórica en
la entidad falconiana. Según el cronista y periodista Arcadio González, señala
que Don Apolinar Cazorla Brito fue el primero en traer a Coro, desde la
población de la Chapa (sierra de Coro), la devoción del velorio del niño Jesús.
El pueblo afrodescendiente del estado Falcón, particularmente las poblaciones
de San Hilario, Macanillas y Macuquita, continúan con las tradiciones que van
desde la celebración de los locos de san Hilario, hasta el Pasacalle y la
Pavana.
Toda
la Sierra de Coro, así como Paraguaná, son de los mejores lugares donde se
compone y se canta con el sentimiento que la hace muy particular en la
sierra de Coro. Se dieron a conocer los
integrantes de “Los Cantores de la Sierra” en la década de los años 40 por el
legendario músico y compositor popular Apolinar Cazorla Brito.
Los Cantores de la Sierra
se han mantenido como agrupación de generación de generación, manteniendo
siempre la dinastía musical la familia Cazorla. Además de dedicarse a hacer
investigaciones, al rescate y la divulgación de la música tradicional y popular
de la sierra de Coro. En la décima falconiana, Apolinar Cazorla Brito es uno de
los cultores más importantes por su auténtico canto acentuado de un gran valor
popular y religioso, tal como ha sido su agrupación musical, de la cual es
fundador y director por su versátil manera de cantar las décimas, y por su
composición e interpretación de temas como “El Polo Coriano”, “la Cruz de Mayo”
o “la Santísima Cruz”.
Entre
los que acompañaron a Apolinar Cazorla Brito dentro de la agrupación se
encontraban Félix Lorbes –cantor, quien tocaba el cuatro y medio-, José Medina –quien
tocaba el violín-, Pastor Chirinos –el de las maracas-, Cecilio Hernández, -el
del tambor- y Apolinar Cazorla, quien tocaba la tambora y el pandero, además de
ser cantor. Después de la trágica muerte de Apolinar Cazorla, su hijo, el
profesor y músico Simón Cazorla junto al hermano de Apolinar Cazorla (ambos decimistas)
reiniciaron la labor de Apolinar Cazorla Brito padre junto a Arístides Acosta,
Rómulo Stekman. Ellos logran grabar tres LP que lo pusieron en los primeros
lugares.
La
primera historia fue en verso, nos dice don Andrés Bello. Claro, la métrica
permite memorizar los acontecimientos y despertar la atención de los oyentes.
Por lo que, sin lenguaje, no existirían historias, periodismo ni literatura.
Simón Cazorla García, hijo de Apolinar Cazorla Brito y uno de los herederos del
canto y la composición de la décima, nos refiere en unos de sus textos que la décima
es expresión literaria y/o vocal que recoge la suma de las manifestaciones del
alma del ser que la forja, por la animación de un espíritu vivo, sensible y
creador, por lo que este género deriva de la vivencia misma (100 Décimas a la
Falconía).
Esta
crónica es un homenaje a tantos hombres y mujeres de los cuatro puntos
cardinales de Falcón, que han impulsado y divulgado el canto más allá de sus
fronteras, pero particularmente en la Sierra de Coro, al igual que en Paraguaná
han cultivado la salve y los cantos de velorio para Angelitos. De esa manera,
aquel hombre que nació en la aldea de Arenales al pie de la sierra de San Luis
fue un hacedor de caminos de montañas adentro, de ríos y cascadas. Ese era
Apolinar Cazorla Brito: de estatura pequeña, sigiloso, todo un personaje por su
trayectoria popular, y por ser uno de los exponentes de la Salve y la décima.
Nos dio el privilegio de conocer y escuchar la buena música que nos
identificaba con nuestros antepasados, para tenerla siempre presente.
En cada
rincón de Falcón, la décima es muy escuchada. Gracias a estos grandes cultores
que viven en la memoria de su gente, se mantiene viva la esencia histórica y musical,
en la voz de decimistas como Primitivo Goitía Oberto, y a través de la familia
Cazorla dejo una escuela. La importancia de “Los Cantores de la Sierra”, como
excelentes exponentes de la salve y los cantos de velorio para angelitos
radicaba, no solo en el cultivo de la letra y el canto, sino también en la
fabricación de sus propios instrumentos. Tanto era así, según señala nuestro
desaparecido amigo el músico, poeta y artista plástico José Gotopo: “que
parecían recién llegados del África; la Tambora Serrana, el Pandero, el Cuatro
y Medio, el Maraquero y la Flauta de Matacán”. Alude José Gotopo al artista plástico
y escritor, Eudes Navas Soto sobre su obra magistral en la plasticidad de los
instrumentos, pues pintó una serie en el estilo Post-Cubista que expresó Eudes
en 1980, en el edificio Santa Rosa, o la casa de las cien ventanas.
Es
notable la autenticidad con la cual se hace una majestuosa canta de salve, como
lo hacen los salveros de San Hilario quienes, desde 1986, venían agrupados por
el decimista y tamborero Eleuterio Chirino; agrupación que tiene una larga trayectoria
dentro de la música tradicional serrana. Actualmente continúa su hija María de
los Santos Chirino, hija de Eleuterio y compositora de boleros, salves y
décimas. Cuenta Gotopo que un día bajaba Apolinar Cazorla Brito a Coro en
burro, y al pasar por una aldea se enamoró de una quinceañera. Cuando él le
hablo de amores y de matrimonio, la muchacha le respondió: “yo me caso contigo
si me sacas de este monte”. Apolinar no lo pensó mucho; y compró un nuevo
burro. Bajaron los dos a Coro, se casaron y se fueron a vivir en el populoso
barrio Chimpire de Coro.
Todos
los diciembres, los cantores salían vestidos de caqui con su africanidad y sus
instrumentos maravillosos que alegraban las fiestas del barrio, donde cada
familia ofrecía comida y licores. Entonces, esos cantores entonaban sus cantos
con tristeza ceremonial, donde la última silaba de la frase se extiende con un
dejo profundo y melancólico.
yo
salí un día a melear
por la orilla de la quebrá
me encontré con una arigua
de esas de boca ajumá
la
arigua estaba moliendo
en el tronco de un guatequiche
primero
molió la caña
y
después puso el trapiche.
Don
Apolinar Cazorla Brito y sus compañeros de la agrupación musical se hicieron
famosos sin que nadie los conociera, aunque nunca estuvieron en la televisión. Ismael
Querales, junto al cantor del pueblo Alí Primera, escuchó la canción “La
Arigua”, la que narra la historia de una abeja propia de la sierra. Ismael la
popularizó con el grupo “Un Solo Pueblo” en la voz de Francisco Pacheco.
También José Montecano llego a grabar “El celoso”; Cecilia Todd “La niña
Inocente”; y Gualberto Ibarreto “El Gallo Enano”.
Es de
interés que conozcamos las dimensiones de este cultor musical, que nos dio
enseñanza sobre la décima serrana, y al que hoy sus hijos y nietos le han dado
importancia y le han rendido homenaje. Un día. el animador más famoso de la
televisión para aquellos tiempos -Renny Ottolina- grabó un programa con los
cultores musicales de Falcón en su programa “El Show de Renny”. Se dice que,
luego de escuchar a don Apolinar Cazorla Brito y a los integrantes de la
agrupación “Cantores de la Sierra”, los invitó para que participaran en vivo en
su programa en Caracas. Apolinar agradeció la invitación, pero dijo que no,
sencillamente porque no se montaba en carros ni en aviones, a los cuales les tenía
terror. Por lo cual, Apolinar siempre usó burro o bicicleta. Apolinar además de
ser músico, era un excelente redactor de documentos a mano, por lo cual la
gente lo buscaba antes de ir a los tribunales, para que le hiciera o revisara
algún documento, lo que le permitía mantener la familia sin dejar la música;
cosa que era su pasión.
Con su
Rally, una de las mejores marcas de
bicicleta, se paseaba con su camisa blanca manga larga como todo un aristócrata
de la cultura afrocaribe. Después de que a Coro le tumbaran sus bellas casas de
bahareque y tejas para hacer la avenida Manaure, Apolinar decía que las
ciudades ahora estaban hechas para los automóviles y no para los ciudadanos. El
6 de octubre de 1975, los relojes de la ciudad colonial de Venezuela marcaban las
diez de la mañana; venía Apolinar Cazorla Brito por toda la calle Libertad, y
se disponía a atravesar la avenida Manaure; pero un carro a toda velocidad lo
embistió por los aires, y luego de impactar contra el asfalto y rodar unos
metros hasta detenerse frente a la comercial casa Néstor, la noticia corrió como
un rayo: Apolinar había muerto. El gran músico y compositor de décimas y cantos
de velorios, nuestro cultor don Apolinar Cazorla Brito.