Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:51 pm
Orlando Oberto
Urbina
bajarigua@gmail.com
Se llamaba Benedicto Belandria.

Se sabía que provenía de los montes, y de los olores de la montaña, de las mismas
aguas, del mismo lugar de Variná. Un
hombre que vivió en la intemperie. Era escultor, dibujante y poeta. Aladym fue
ese genio que escapó de su lámpara para vivir entre parques y bosques, porque
provenía de aquella vieja leyenda de la Bagdad que sepultaron los misiles. El
sueño de los desesperados en la postergación de la fortuna, o también el Aladym
de la película animada por la que
millones de niños han visto en el cine y han gritado “¡Basta Yafar!”. Hoy, sin
embargo, me refiero al otro, al de carne y hueso, al poeta rastafari que
escribía en cualquier papel, si encontraba alguno, vivió entre parques y
montañas; desandaba sus recuerdos y, en su soledad, reflexionaba en torno a la
vida.
Quizá ofrecía tres o más deseos que cualquiera que
fuese no pudiese elegir, porque siempre eran los mismos, era Aladym un ser
misterioso que desaparecía mientras la ciudad se apagaba en neblina y palabra: en
sombra borrosa de un ser espiritual y místico.
Algunas veces me llegué a tropezar con algunos
personajes de la ciudad, eran como esos compañeros de viaje. Entre ellos,
conocí al gran Aladym. Era agradable conversar con el poeta. Creo que me había
visto hacer entrevistas. A veces me ofrecía libros usados por los alrededores
de la biblioteca bolivariana, y cuando tenía algunos churupos se los compraba y
a veces me los daba a crédito.
El poeta, según dicen, que no cruzaba palabras con
cualquiera. Sin embargo, logramos entablar buenas conversaciones. Era un personaje
salido de otra dimensión: era un ser indefenso. Luego supe que era vegetariano
y que se alimentaba de semillas y frutas, por el cual le denominaban el hombre pájaro.
Así era
Benedicto Belandria, a quien tuve la oportunidad de conocer.
Aladym pertenecía a la compañía del poeta Alcides
Rivas, El Conde Azul, quien también
provenía de Barinas. Ambos ya han fallecido. Los textos de ambos fueron
publicados en la Gacela Polar. Según el dramaturgo y poeta fallecido Carlos
Danez, a él le molestaba que le dijeran poeta, más bien le gustaba que le
llamaran hombre, además así llamaba a su conocidos y amigos, era muy parco y de
poco humor, silencioso y observador, pero, refiere Carlos Danez, quien lo
conoció y vivió muchas anécdotas. No le gustaba que le llamaran poeta, pero
luego lo asumió cuando ya estaba cerca de su muerte.
En Aladym sobresalía el amor por la naturaleza. Era un
hombre de figura alta que se alimentaba de semillas y frutas de los bosques,
porque vivía ingiriendo el espíritu de la naturaleza. Cuando se molestaba con El Conde Azul o Alcides Rivas, era toda
una escena, ya que el Conde Azul comía chucherías delante “del hombre”, o sea,
de él.
En ese grupo de poetas a extramuros en la Facultad de
Humanidades, en la cual se menciona a Casasola y a Aladym su maestro, como denominaba Casasola al Conde Azul Gelindo, ese
joven poeta malogrado que murió a la edad de 24 años y dejó una obra poética
excepcional contenida en los poemarios Pasturas
y El Honguero Apasionado.
Volviendo al
poeta Aladym y Casasola, ellos eran grandes amigos, y junto al Conde Azul,
ellos formaban la pandilla de Lautreamont. Aladym era muy callado, de poco humor. En su
oficio de vivencias hay una ética planetaria: sus vivencias a la intemperie, su
vida de vegetariano, su condición como hombre de naturaleza para la que él
mismo se imponía una disciplina alimentaria, y la práctica del yoga para la
evolución espiritual.
Aladym era un aventajado estudiante de la escuela de
historia. Sus amigos confirmaban que era un brillante estudiante. Vivía en la
década de la rebeldía del poder joven (años
60 y 70), en una época pródiga en movimientos que hicieron estremecer el
“establishment” en diversas partes del planeta.
De ellos existen muestras como: el Mayo Francés, el
movimiento hippie, el poder negro, la Insurrección en Checoslovaquia, las
manifestaciones estudiantiles en Italia, Alemania y Estados Unidos. En
Venezuela su representación fue el Poder Joven. Seguramente Aladym, como Casasola y Alcides Rivas, El Conde Azul,
pertenecían a una generación azotada por las responsabilidades. Fue nuestro
país circundado de bayonetas que trazaron para muchos el choque con la vida
misma. En aquellos años de rebeldía, había una conciencia colectiva, y la
intuición de que aquel régimen significaba un estorbo para el desarrollo
nacional, e infería una humillación a su cultura. Lentamente, esa radiación del
descontento va produciendo reacciones diarias, la indiferencia se trocó en pasión
y el miedo cedió sus espacios a la audacia.
Ellos manifestaban a su manera y de una forma
distinta, quizás más creadora e imaginada a los sueños. Al poeta Aladym se le
publicó dos libros de poesía: Avesimia
(1997), y Tierra (2000). El poeta Arella
en la revista poesía publica un trabajo de ensayo que reivindica a los poetas
desde ese movimiento que integra a Aladym, Casasola y Alcides Rivas,. Daniel Arella
afirma que en la poética de Aladym sobre el hongo mágico, emblema y puerta, al
cual nos adentramos a una sintaxis que intenta ser imagen plena de la visión en
su torrente.
Se alimentaba
de semillas y de frutas para ser tan liviano como un pájaro, y era una especie
de mentor espiritual y rapsoda psicodélico de su generación, quien encontró en
el consumo de los hongos la libertad de la comprensión de sí mismo, más allá de
todo concepto cultural y social.
Aladym murió a causa de un parásito del hongo que se
le alojó en las paredes del estómago. Un amante de la naturaleza, se decía que
además de armonizar con ella, tenía un
pacto. Su vida era totalmente silenciosa y amada por la profunda densidad del
silencio. Siempre se negó a tomar medicamentos, menos calmantes, porque
consideró que el dolor preparaba el cuerpo para la muerte.
Sus textos originales fueron inspirados bajo la
premisa de la formalidad de la palabra hecha pureza, lo cual le da sonoridad
musical al poema en su tonalidad del verbo.
Estrella
espacio
universal
cosa máxima del
creador
luz ancestral
galaxia.
(16/01/2006).
Sol hoy el sol
ha entrado en mi alma
y siento que nazco como una pirámide
de luz hacia la
eternidad.
Ha comenzado la
resurrección esperada
he recibido el calor
de la mano de
Dios
Amén.
(28/01/2000).
(Este
poema fue escrito el día de su muerte).
Ser elemental
viviente
responde al
manantial beduino
señal de la
piedra americia.
De la sombra y
de la luz
volver a los
mares
a la tierra dorada que nos pertenece
su color a campo
Jardín de estancia
su lugar y origen de ascenso
al relámpago
(2005).