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Aladym, el Rastafari de la poesía venezolana por Orlando Oberto Urbina

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Aladym, el Rastafari de la poesía venezolana por Orlando Oberto Urbina


Orlando Oberto Urbina

bajarigua@gmail.com

 

Se llamaba Benedicto Belandria.

 Opinión,

Se sabía que provenía de los montes, y  de los olores de la montaña, de las mismas aguas, del mismo lugar de Variná. Un hombre que vivió en la intemperie. Era escultor, dibujante y poeta. Aladym fue ese genio que escapó de su lámpara para vivir entre parques y bosques, porque provenía de aquella vieja leyenda de la Bagdad que sepultaron los misiles. El sueño de los desesperados en la postergación de la fortuna, o también el Aladym de la  película animada por la que millones de niños han visto en el cine y han gritado “¡Basta Yafar!”. Hoy, sin embargo, me refiero al otro, al de carne y hueso, al poeta rastafari que escribía en cualquier papel, si encontraba alguno, vivió entre parques y montañas; desandaba sus recuerdos y, en su soledad, reflexionaba en torno a la vida.

Quizá ofrecía tres o más deseos que cualquiera que fuese no pudiese elegir, porque siempre eran los mismos, era Aladym un ser misterioso que desaparecía mientras la ciudad se apagaba en neblina y palabra: en sombra borrosa de un ser espiritual y místico.

Algunas veces me llegué a tropezar con algunos personajes de la ciudad, eran como esos compañeros de viaje. Entre ellos, conocí al gran Aladym. Era agradable conversar con el poeta. Creo que me había visto hacer entrevistas. A veces me ofrecía libros usados por los alrededores de la biblioteca bolivariana, y cuando tenía algunos churupos se los compraba y a veces me los daba a crédito.

El poeta, según dicen, que no cruzaba palabras con cualquiera. Sin embargo, logramos entablar buenas conversaciones. Era un personaje salido de otra dimensión: era un ser indefenso. Luego supe que era vegetariano y que se alimentaba de semillas y frutas, por el cual le denominaban el hombre pájaro.

 Así era Benedicto Belandria, a quien tuve la oportunidad de conocer.

Aladym pertenecía a la compañía del poeta Alcides Rivas, El Conde Azul, quien también provenía de Barinas. Ambos ya han fallecido. Los textos de ambos fueron publicados en la Gacela Polar. Según el dramaturgo y poeta fallecido Carlos Danez, a él le molestaba que le dijeran poeta, más bien le gustaba que le llamaran hombre, además así llamaba a su conocidos y amigos, era muy parco y de poco humor, silencioso y observador, pero, refiere Carlos Danez, quien lo conoció y vivió muchas anécdotas. No le gustaba que le llamaran poeta, pero luego lo asumió cuando ya estaba cerca de su muerte.

En Aladym sobresalía el amor por la naturaleza. Era un hombre de figura alta que se alimentaba de semillas y frutas de los bosques, porque vivía ingiriendo el espíritu de la naturaleza. Cuando se molestaba con El Conde Azul o Alcides Rivas, era toda una escena, ya que el Conde Azul comía chucherías delante “del hombre”, o sea, de él.

En ese grupo de poetas a extramuros en la Facultad de Humanidades, en la cual se menciona a Casasola y a Aladym su maestro, como denominaba Casasola al Conde Azul Gelindo, ese joven poeta malogrado que murió a la edad de 24 años y dejó una obra poética excepcional contenida en los poemarios Pasturas y El Honguero Apasionado.

 Volviendo al poeta Aladym y Casasola, ellos eran grandes amigos, y junto al Conde Azul, ellos formaban la pandilla de Lautreamont.  Aladym era muy callado, de poco humor. En su oficio de vivencias hay una ética planetaria: sus vivencias a la intemperie, su vida de vegetariano, su condición como hombre de naturaleza para la que él mismo se imponía una disciplina alimentaria, y la práctica del yoga para la evolución espiritual.

Aladym era un aventajado estudiante de la escuela de historia. Sus amigos confirmaban que era un brillante estudiante. Vivía en la década de la rebeldía del poder joven (años  60 y 70), en una época pródiga en movimientos que hicieron estremecer el “establishment” en diversas partes del planeta.

De ellos existen muestras como: el Mayo Francés, el movimiento hippie, el poder negro, la Insurrección en Checoslovaquia, las manifestaciones estudiantiles en Italia, Alemania y Estados Unidos. En Venezuela su representación fue el Poder Joven. Seguramente Aladym,  como Casasola y Alcides Rivas, El Conde Azul, pertenecían a una generación azotada por las responsabilidades. Fue nuestro país circundado de bayonetas que trazaron para muchos el choque con la vida misma. En aquellos años de rebeldía, había una conciencia colectiva, y la intuición de que aquel régimen significaba un estorbo para el desarrollo nacional, e infería una humillación a su cultura. Lentamente, esa radiación del descontento va produciendo reacciones diarias, la indiferencia se trocó en pasión y el miedo cedió sus espacios a la audacia.

Ellos manifestaban a su manera y de una forma distinta, quizás más creadora e imaginada a los sueños. Al poeta Aladym se le publicó dos libros de poesía: Avesimia (1997), y Tierra (2000). El poeta Arella en la revista poesía publica un trabajo de ensayo que reivindica a los poetas desde ese movimiento que integra a Aladym, Casasola y Alcides Rivas,. Daniel Arella afirma que en la poética de Aladym sobre el hongo mágico, emblema y puerta, al cual nos adentramos a una sintaxis que intenta ser imagen plena de la visión en su torrente.

 Se alimentaba de semillas y de frutas para ser tan liviano como un pájaro, y era una especie de mentor espiritual y rapsoda psicodélico de su generación, quien encontró en el consumo de los hongos la libertad de la comprensión de sí mismo, más allá de todo concepto cultural y social.

Aladym murió a causa de un parásito del hongo que se le alojó en las paredes del estómago. Un amante de la naturaleza, se decía que además de armonizar con ella,  tenía un pacto. Su vida era totalmente silenciosa y amada por la profunda densidad del silencio. Siempre se negó a tomar medicamentos, menos calmantes, porque consideró que el dolor preparaba el cuerpo para la muerte.

Sus textos originales fueron inspirados bajo la premisa de la formalidad de la palabra hecha pureza, lo cual le da sonoridad musical al poema en su tonalidad del verbo.

Estrella

espacio universal

cosa máxima del creador

 luz ancestral

 galaxia.

 (16/01/2006).

 

Sol hoy el sol ha entrado en mi alma

 y siento que nazco como una pirámide

de luz hacia la eternidad.

Ha comenzado la resurrección esperada

 he recibido el calor

de la mano de Dios

 Amén.

(28/01/2000).

(Este poema fue escrito el día de su muerte).

 

 

Ser elemental viviente

responde al manantial beduino

señal de la piedra americia.

 

De la sombra y de la luz

volver a los mares

 a la tierra dorada que nos pertenece

 su color a campo

 Jardín de estancia

 su lugar y origen de ascenso

 al relámpago

(2005).





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