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Entre paradigmas por Ramón Sosa Pérez

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Entre paradigmas por Ramón Sosa Pérez


Pasan las primeras horas del nuevo año entre la resaca natural que deja el primer día. Ya hay que recomenzar la rutina y entonces surgen, intempestivos en cualquier lugar, los amigos y parientes que sencillamente, habíamos dejado de ver. En la renovación de la mutua promesa por un tiempo mejor, también afloran las experiencias recientes y otras no tan cercanas pero no por ello, exentas de vigencia. 

Un viaje de largo aliento trajo a la doctora Betty Osorio Torres de vuelta a su tierra merideña y la primera conversa informal nos permite la cercanía. Hemos admirado su capacidad de resiliencia y la consecuencia hacia su permanente formación humanística que la reconcilia con el afán de la educadora que cree a pie juntillas en la misión socializante del proceso educativo en la hechura de la sociedad. 

La plática, en suerte de catarsis familiar, restaura tiempos en un ritornelo incesante que abre espacios para la gestión pragmática en las tareas que a cada uno atañe. Nos queda sí, el emboque de los buenos vinos en la evidencia que urge zarandear con mayor fibra el espíritu de trabajo que define al venezolano y volcarlo a nuestro derredor en temas, más que recurrentes, inaplazables en su concreción. 

Su experiencia es palmaria en el contexto internacional. Qué hacer por nuestros jóvenes ausentes de la lectura y literalmente remachados a un móvil mientras otras sociedades están creando contenidos aplicados a la emergencia de grupos sociales hiperinformados, a tenor de la complejidad que entraña entre otros factores, la IA. Es un asunto de Estado, pero también de sociedad.

La temática es variopinta y la reflexión, apremiante. Con la Dra. Osorio, docente e investigadora de la ULA, emerge el tema universitario en una sociedad como la nuestra, que no puede soslayar su discusión porque todos somos universidad. Priorizar lo que debe hacerse para transformarla en útil desde la línea de mayor compromiso colateral y corresponsabilidad es una cara ambición plausible en su realización. 

La profesora Osorio nos trae a la memoria la frase providente del Rector Perucho Rincón, al topársela en uno de los pasillos del recinto ulandino: “qué pudiéramos hacer por la Universidad?”. Quizá redundada, se transformaba en la concluyente invitación al aporte en ideas para avanzar. Eso nos hace falta ahora: poder de convocatoria con menos retórica y mayor disposición hacia el trabajo concreto.    

Deslastrarla del pesado fardo de la burocracia para optimizar sus recursos y atender la prelación de formación, investigación y extensión, es, seguramente, un punto de apoyo cardinal. En todo caso, no se trata de una receta sino de la preocupación que el merideño de a pie se hace y que es válida también en otros espacios de la sociedad porque precisamos hoy de una interlocución real y no mera letra muerta. 

Escucharnos es importante y las instituciones en muchos casos pierden talentos y prudentes opiniones porque esquivan oír a quienes son parte esencial de su identidad colectiva y, por ende, defensores de su renta, ya sea histórica, social, empresarial, cultural o académica. En comienzo de año, transijo, fue oportuna ocasión para el reencuentro de las ideas por la sociedad que nos merecemos.





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