Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:39 am
La inteligencia artificial (IA) encuentra cada día más espacios en la dinámica de la sociedad mundial. A partir de esto, su uso generalizado está cambiando la manera como se lleva a cabo el almacenamiento de datos, la gestión de información, las comunicaciones, así como la producción de bienes y la prestación de servicios. Ante un cambio disruptivo de esta magnitud, no son rápidas ni fáciles las decisiones que deben tomar las autoridades para responder a los retos asociados con la concentración, localización y exclusión evidente en los sistemas de IA.
En este orden, surge la necesidad de construir una gobernanza coordinada en esta materia. Un orden capaz de crear incentivos para que los países respondan de manera activa a los desafíos de esta nueva tecnología y faciliten la transparencia en un entorno de elevados riesgos e intereses. Esto debido, entre otras cosas, a que los avances tecnológicos van a un ritmo más rápido de lo que los reguladores han podido seguir, incrementando la vulnerabilidad de la población y los rendimientos de los actores participantes de esta transformación digital; particularmente por la naturaleza sin fronteras de la mayoría de las transacciones digitales.
Para lograrlo, resulta fundamental ir más allá de solo considerar los potenciales impactos de la IA en temas económicos, políticos, comerciales, financieros, sociales, entre otros. Es imperiosa la construcción de un marco regulatorio efectivo, eficiente y reflexivo, a partir del cual se reduzcan las posibilidades de concentración en pocas manos de los beneficios de esta tecnología, así como los riesgos de control en pequeños territorios nacionales del potencial de la IA.
Una tarea nada fácil cuando se consideran dos problemas particulares del uso generalizado de la IA: la posibilidad de monopolios naturales y los riesgos a la seguridad nacional. En relación con el primer problema, existen importantes ventajas y economías de escala detrás de ser el primero en actuar en materia de IA, a partir de lo cual se tiene un terreno fértil para la conformación de monopolios. Un entorno incluso más atractivo para la concentración de negocios que el evidente durante la consolidación de los navegadores web, los motores de búsqueda, o el software. Esta realidad sin principios claros de comportamiento competitivo y reglas a la innovación exitosa lleva a pocas manos los beneficios de la transformación digital que vive el mundo.
Y el segundo problema resulta porque la IA tiene aplicaciones de seguridad nacional bastante obvias, con potencial para ser monopolizadas, que incentiva a cada gobierno a preferir a sus propias empresas en el reto de lograr una posición dominante en el mercado —tanto por motivos de seguridad como por razones económicas—. En este sentido, empresas de los Estados Unidos y China tienen ventaja, debido a los altos costos fijos de entrada, los rendimientos crecientes a escala, así como al ámbito de seguridad nacional.
Dada la volátil situación geopolítica y la fragmentación de la economía mundial, la nueva frontera digital se ha convertido en un campo de disputas entre las economías más grandes del mundo, y eso entraña grandes riesgos para las economías más pequeñas. Las nuevas tecnologías a menudo hacen obsoletas las reglas existentes, pero no los valores en los que se basan. La rápida expansión de la IA a todos los rincones de la economía global exige nuevas reglas económicas internacionales, pero deberían basarse en principios que han demostrado su eficientes para promover el bienestar de la sociedad mundial: la apertura y la transparencia.
@ajhurtadob