Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 09:51 pm
ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid
A Borja Jiménez, la revelación de
2023 antes de aterrizar en Otoño, le hacía falta el golpe definitivo de Madrid.
Y así fue. A las 20.20 de la tarde de su vida, ya con la noche a cuestas, lo
mecían por la Puerta Grande con la luz del futuro y la fuerza de una justicia
atronadora. Tal fue la importancia de su deslumbrante renacimiento.
BJ condensó en algo más de dos
horas todas las virtudes que lo adornan, abriendo fuego frente a un victorino
que le exigió la mayor de todas ellas: el sitio que le hace dueño de una
capacidad extraordinaria. Y desde ese sitio y con esa capacidad afrontó su
debut con Victorino con un aplomo y una inteligencia superiores. Fue moldeando
en su forja a un toro con aire de vaca vieja, el poder quebradizo y un don
escondido: el agradecimiento. Y fue echando hacia delante las embestidas que se
le resistían y revolvían en su firme derecha, siempre por abajo. Por donde
también el toro lo hacía. Hasta que en la tercera tanda explotó la faena. Y
subió de fase y nivel en su izquierda, buscándole el pitón contrario y hallando
la profundidad. Bramó la plaza con su toreo al natural, apurado a pies juntos.
Cruzó, también, el temido Rubicón de la espada, con una estocada muy tendida pero
suficiente. Y cayó la oreja con sincera fuerza.
Suya sería la tarde de pitón a
rabo. No perdonó un quite. Volvió a demostrar su momento con el único cinqueño
de la tarde, el más pesado, alto y largo de la corrida. Un tío que no regaló
nada. Borja Jiménez lo entendió con una cabeza preclara, ganándole siempre la
acción, yéndose en el instante preciso en que rebañaba. La pronta apuesta por
el izquierdo fue de listo -era la mano- y no poco trabajosa -rebañaba lo suyo-.
Cuando atacó definitivamente por la mano derecha, el toro había mejorado sobre
su cortedad del principio. Le ganó otra vez el pitón y el corazón a la plaza.
Superó su talón de Aquiles por los pelos con la espada: media estocada tendida
que necesitó del descabello. Madrid entregó la oreja definitiva de la Puerta
Grande.
Y por si hubiera alguna duda con
este sevillano de Espartinas, se fue a porta gayola con todo ya ganado. Por la
boca de toriles apareció el último toro, tan cruzado que obligó a Jiménez al
cuerpo a tierra bajo la nube de distracción de la larga. No se reservó nada BJ
con una entrega absoluta y comprendió a la perfección la necesidad de la media
distancia para dotar a la embestida del paso que le faltaba. Hundido,
acinturado, ofreciendo el pecho y buscando, otra vez, la hondura más que la
línea, la curva sobre la rectitud. Faena fundamentalmente diestra,
soberbiamente inteligente. Se veía venir lo suyo, ¿pero tanto? Otra estocada
suficiente, otra oreja, la tercera. Una salida a hombros importante, vital,
para los descreídos y para los que lo olvidaron. Un torero que viene de lejos y
va para largo.
La cosa había arrancado con la
grave cornada de Román. Gazapeaba el victorino que abría la corrida pasando al
paso por la jurisdicción de Román. Se quedaba por debajo, sin terminar de pasar
ni de humillar. Siempre envuelto en las protestas por su poder contado de
quienes no medían nada más. Ni valoraban el sordo peligro, precisamente por su
falta de empuje para salirse de la suerte, del cárdeno tocado arriba con dos
dagas.
Cuando el valenciano se quiso
asentar con él, encajado de riñones, y tirar de la embestida remisa sobre la
mano derecha, se le paró a mitad de camino. Y el seco y certero derrote hizo
carne en el muslo. La sangre afloró en seguida por el boquete de la taleguilla.
El torniquete aguantó la hemorragia y Román se sostuvo en pie sobre su dignidad
herida. Hasta hundir la espada. Que por su travesía necesitó del descabello.
Tanto no le duró el aliento al torero, trasladado a la enfermería por la
cuadrilla. Ya no se oyeron más protestas. Y Borja Jiménez acabó con la labor
inacabada de un solo golpe de cruceta. Se escuchó el eco de la ovación en la
antesala del quirófano y la tarde quedó mano a mano. Pero Leo Valadez, aun
dándolo todo con el lote más desagradecido de la dispar y seria victorinada, no
contó. Agradecimiento fue exactamente lo que tuvieron los victorinos en la mano
de la deslumbrante revelación de 2023: Borja Jiménez.
PARTE FACULTATIVO: Román fue intervenido en la plaza de toros
de Las Ventas tras ser herido por el primer toro de Victorino Martín en la
sexta de la Feria de Otoño. El valenciano fue atendido, según reza el parte
médico, de una '"herida por asta de toro en la cara interna del tercio
superior del muslo derecho, con una trayectoria ascendente y hacia dentro de 20
centímetros, produciendo destrozos en músculos aductores y alcanzando el pubis.
Pronóstico grave. Trasladado a la Clínica de la Fraternidad.