Mérida, Junio Viernes 05, 2026, 11:56 pm
JESÚS BAYORT
Diario ABC de Sevilla
Si ayer decíamos que esta Feria
de San Miguel tenía halo abrileño, hoy podemos decir que éste era uno de
aquellos sábados de farolillos, con toreros mediáticos, público bullanguero y
presidentes generosos. Se unieron todos los astros para que el francés Sebastián
Castella lograra su primera Puerta del Príncipe: dos toros supremos (uno de
ellos como sobrero), hedonismo en los tendidos y un usía entregado a la causa,
como fiel reflejo de que esta plaza ha perdido el norte y la categoría. ¿Cómo
será de preocupante esta Puerta del Príncipe si lo más torero que se recuerda
de la tarde es un capotazo –extraordinario, por cierto– de José Chacón? Las
tres orejas de Sebastián Castella encierran un toreo tan eléctrico como vacuo,
sin haber logrado un sólo natural y pinchando su intermitente y poco rigurosa
primera faena. Pero la culpa no es de Castella, ni de los festivaleros
asistentes, sino del presidente, que confirmó lo que muchos llevan tiempo
apuntando: que su momento de estar en el palco ya tocó a su fin.
Gravitaba sobre el ambiente de la
previa el pesar por lo de Morante; las corridas que deja sin torear, el
sentimiento que deja de orfandad. Y no parecía esta terna –ni pareció unas
horas después– el mejor remedio contra la enfermedad. Un cartel del que, al
menos, se esperaba la supuesta batalla entre Alejandro Talavante y Roca Rey,
con más emoción en redes sociales que en el ruedo, cada uno a su aire, en el
aire de su temporada. Penoso por donde se mire. Y en mitad de esa cavilación, y
tras la penosa salida de ese Impuesto que apenas duró tres minutos sobre el
ruedo, saltó un tal Soleares, al que habían dejado como sobrero sin saber que
su verdadera reserva era de bravura, encelado desde su acto inaugural.
Ya la manera en que corearon el
recibo del francés anunciaba el sino de la tarde: «ole» y más «oles» entre
trallazos a la verónica y chicuelinas a la remanguillé. El cante grande debió
ser para el toro, con virtudes hasta en su tipo (largo de caja y cuello), al
que trató de quitar Talavante por verónicas, a la velocidad del toro, a la
velocidad del AVE en su serpentina. Y seguían las ovaciones, ahora para José
Chacón, que expuso en banderillas, aunque le quedaron algo regular. Apretaba el
de victoriano, como en ese arranque muletero que desbordó al francés, cuando
optó por meterse en la pala del pitón y recortar distancias para descargar todo
su agobio. Más pausado al natural, aunque no más acertado. Hubo una última
serie por el lado derecho más compacta, ya sin redondear y en la línea natural
del toro. Pero cuando más se gustó el francés fue en los remates finales, por
bajo tras unas manoletinas. Pese al pinchazo y lo (levemente) caída de la
estocada –fulminante, eso sí–, el gentío pidió la oreja. Y Fernández Rey se
sumó a la fiesta.
La emoción de Digno
Como nuevamente se sumó a la
fiesta en el quinto, cuando sacó los dos pañuelos con la misma velocidad que había
toreado Castella a Digno, un torrente de bravura y emoción al que toreó con
corrección por el lado derecho y sin acierto por el izquierdo. Para lograr las
dos orejas, además de conseguir momentos de importancia por ambas manos, qué
menos que llegar a reducirle la velocidad al animal o tener una mínima
propuesta artística. Este Castella, que anunciaba una fase más plástica en su
reaparición, terminó como siempre acostumbró: entre los pitones. Máximo
reconocimiento a su valor, máximo reconocimiento a Digno, que llevaba una
Puerta del Príncipe en su corazón. Gracias a él, al benévolo presidente y a los
animados 'aficionados', se abrió por quinta vez en la temporada el pórtico del
Paseo de Colón para que Castella descubriese la belleza del Guadalquivir desde
su altura.
La tarde fue el digno broche de
la temporada del peruano Roca Rey, falto de frescura e ideas. Se estrelló ante
un lote manso y venido a menos, aunque sus formas ya marcasen distancias de sus
alternantes, más sereno e íntegro en la ejecución de su tauromaquia. Una hora y
cuarto después del paseíllo se encontró con Maleado, el tercero de la tarde, un
punto bastito, con sus pitones renegridos, aunque bajo y sin mala expresión.
Que esperó junto a la meseta de toriles al peruano, que lo recogió con suavidad
mientras el de victoriano se entregaba por abajo. Una tanda le duró, entre
saltos, penurias y huidas. Lo mató igual que como quiso torearlo: por abajo.
De Talavante será mejor no hacer
demasiada referencia, siendo un espejismo casi caricaturesco del grandioso
torero que conocimos. Y éstas, queridos lectores, son las figuras que nos
quedan para el 2024.
FICHA DEL FESTEJO
Se lidiaron toros de Victoriano del Río. 1º, devuelto por
falta de fuerzas; 1º (bis), bravo y con transmisión; 2º, desfondado; 3º, manso;
4º, encastado, ovacionado en el arrastre; 5º, a contraestilo; 6º, desfondado.
Sebastián Castella, de rosa
mexicano y oro. Pinchazo y estocada caída (oreja); estocada caída (dos orejas).
Alejandro Talavante, de malva y
oro. Estocada casi entera (silencio); bajonazo (pitos).
Roca Rey, de caldera y oro.
Bajonazo (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).
Plaza de Toros de la Real Maestranza. Sábado, 30 de septiembre de
2023. Se colgó el cartel de ‘No hay billetes’. Presidió, generosamente, Gabriel
Fernández Rey.